Dar nombre a nuestros demonios. ( Parte I )

Cada senda espiritual tiene un lenguaje para enfrentar las dificultades comunes que afrontamos. Los sufíes las denominan Nafs. Los padres cristianos del desierto, que practicaron hace unos mil años en el desierto de Egipto y Siria, las llamaron demonios. Uno de ellos, Evagrius, dejó un texto con instrucciones en latín para aquellos que meditaban en la naturaleza: " Estad atentos a la gula y al deseo", advertía y también a los demonios de la irritación y el miedo."El demonio de la pereza y sueño del mediodía aparecerá cada día tras la comida y el demonio del orgullo sólo sacará su cabeza cundo hayamos vencido al resto de los demonios".

Sean cuales fueren las dificultades o placeres, nombrar nuestra experiencia es el primer paso para llevarlos a una atención conciente y despierta. El nombrar atento y el reconocer nuestra experiencia nos permite investigar nuestra vida y examinar cualquier aspecto o problema que se nos presente; dar a cada problema o experiencia un sencillo nombre como hizo el Buda cuando se le presentaron las dificultades. Buda afirmó : "Te conozco, Mara". En sus instrucciones sobre sobre la atención, dirigía a los meditadores a que se dieran cuenta : "Se trata de una mente llena de gozo", o "esta es una mente llena de ira", reconociendo como surgía y como desaparecía ese estado.

La conciencia acerca del pecado , como estado de separación, como estado de dualidad, nos permite mirar a cara a cara a nuestros estados negativos, para poder trabajar con ellos. El estado no- Dual en el que volvemos a participar de la Unidad con lo divino, reafirma en nosotros la Esperanza de haber degustado lo inefable, para participar de la Gracia Plena de sabernos amados con infinita compasión a pesar de nuestros demonios.
Adriana Paoletta
Comentarios
Un besillo.
Un abrazo
Adriana