La sombra de nuestra práctica espiritual

Muchas veces vale pena reflexionar no solo sobre las virtudes sino sobre las limitaciones de lo aprendido. Podemos considerar entonces hasta qué punto son asuntos de tu vida espiritual.La meditación y otras prácticas espirituales pueden conducirte a la quietud, a alejarte de los temores del mundo. El vacío que se enseña en el Zen y en el Vedanta no-dualista puede conducir a un problema , el verse desconectado y falto de raíces. Es que el considerar la vida en la tierra como un sueño puede conducirnos a vivir de un modo complaciente, amoral e indiferente. Las prácticas físicas como el Hatha Yoga pueden llevarnos simplemente a la perfección corporal en lugar del despertar del corazón. El Kundalini yoga pueden llevar a convertirse a los alumnos en adictos expertos en busca de sensaciones excitantes del cuerpo y de la mente en lugar de la liberación. Krishnamurti y otros filósofos que nos enseñan a no buscar disciplina o método práctico alguno pueden conducirnos a mantener una postura intelectual sobre la vida espiritual, sin proporcionarnos ninguna experiencia profunda. Las prácticas que incluyen mucho estudio pueden conducirnos a lo mismo. Las prácticas moralistas con fuertes normas sobre lo que y no es puro pueden reforzar la baja auto- estima generando rigideces.Las prácticas tántricas pueden convertirse en una excusa para expresar nuestros deseos como pseudo forma de práctica espiritual. Las prácticas devocionales pueden dejar sin desarrollar la claridad y la sabiduría discriminativa. Los gurús poderosos nos pueden hacer creer que no podemos hacer las cosas por nosotros mismos.Las prácticas de gozo y celebración como las danzas sufíes, pueden dejarnos sin la comprensión de las inevitables pérdidas y penas de la vida. Las prácticas que acentúan el sufrimiento pueden hacernos perder el gozo de la vida.

Comentarios
Gracias, ahora mis sombras están algo más iluminadas.
Un abrazo (te sigo con mucho interés, aunque no siempre comente).
Un abrazo de luz
Adriana
Gracias Adriana.
Abrazo de luz, Mirta