jueves, 18 de marzo de 2010

Mapas hacia el despertar. La concentración.

"Cuando finalmente, observamos el horror y el gozo, el nacimiento y la muerte, el logro y la pérdida-las cosas- con un corazón y una apertura mental parejos, entonces surge una ecuanimidad maravillosa y profunda".

Cuando iniciemos nuestra práctica espiritual, será necesario observar los mapas con los que viajaremos a través de nosotros mismos. ¿Cuáles serán las tradiciones que nos guiarán hacia el despertar?. Y por supuesto quién será nuestro guía en este viaje interior, el viaje más fascinante y temible de todos.

En diversas tradiciones se habla de estados de absorción y visión interior que se van profundizando a medida que nos entregamos a la práctica. Los mapas budistas nos hablan de los estados místicos que se alcanzan a través de dos caminos:

a) expandiendo el sí mismo

b) disolviendo el sí mismo

La entrada en los ámbitos de la Absorción como en los ámbitos de la disolución, se logra con un equilibrio del corazón y de la mente denominado concentración inicial. La concentración inicial es el primer nivel intento de presencia y serenidad que surge tanto en la meditación como en la plegaria. Cuando alcanzamos la concentración inicial, nuestra práctica espiritual se vuelve por un tiempo inamovible y centrada, inalterada por las trabas internas o las vicisitudes de la vida. En la concentración inicial, en el seno de nuestra meditación, alcanzamos un estado de unidad y nos volvemos atentos, de modo que se produce un poderoso movimiento de conciencia produciéndose como resultado la claridad, la comodidad y la concentración.


El alcanzar la concentración inicial , exige una capacidad natural para concentrarse, combinada con la perseverancia y disciplina. Para algunos practicantes en la etapa de entrenamiento, el nivel de concentración inicial puede llevar semanas o meses de trabajo intensivo.

Los meditadores avezados nos confirman que las cualidades necesarias son siempre las mismas, repetición , concentración y entrega . Nos concentramos en una oración o mantra en una luz coloreada o visualización , en la respiración o en el cuerpo. También en un sentimiento como el amor o la compasión, concentrándonos en ello una y otra vez o repitiéndolo constantemente a través de lo todas las fases de resistencia y dificultad, hasta que el cuerpo y la mente empiezan a serenarse, unificarse y finalmente a absorverse en la experiencia.

Cuando empezamos a alcanzar la concentración inicial, podemos sentirnos inquietos. Podemos tener la sensación de estar profundamente concentrados, pero como alguien que aprende a ir en bicicleta, estamos alterado y distraidos todavía por un trasfondo de inseguridad o inquietud sin disfrutar de este viaje. Mediante la repetición continua y la paciencia, podemos equilibrarnos en dicho estado . Por medio de la entrega repetida a dicha experiencia podemos aprender a cómo alimentar y mantener un nivel de atención concentrada de forma tal de lograr un estado de conciencia que podríamos llamar la disolución del sí mismo. En este estado no expandimos ni refinamos el sí mismo, sino que por el contrario observamos profundamente la naturaleza del sí mismo y de la conciencia hasta que , incluso se disuelven las fronteras del sí mismo con lo más sutil y elevado.


Adriana Paoletta

Basado en las enseñanzas de Jack Kornfield

Dedicado a mis alumnos de Yoga y Meditación

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