viernes, 12 de marzo de 2010

Buscando a Dios en los confines del cerebro

Un estudio aporta nuevas pruebas de las bases neurobiológicas de la espiritualidad.
  • Algunas lesiones cerebrales conducen a un aumento de los sentimientos trascendentales
Un equipo de científicos italianos ha hallado una nueva evidencia de que la espiritualidad humana tiene una base neurobiológica y está ligada a la actividad de áreas concretas del cerebro. Para demostrarlo, estudiaron la religiosidad de distintas personas con tumores cerebrales antes y después de operarles.

Las lesiones que produjo la cirugía condujeron a un aumento del sentimiento de autotrascendencia -que reflejaría algo así como una menor conciencia de uno mismo unida a la mayor capacidad de sentirse parte integral del universo- sólo en algunos pacientes. Concretamente, en aquéllos cuyos tumores estaban localizados en determinada región cerebral (parietal posterior).

El estudio, publicado en la última edición de la revista 'Neuron', confirma que la inclinación natural de los seres humanos hacia lo espiritual puede ser localizada y analizada científicamente. Este floreciente campo de estudio despierta por igual pasiones y fobias.

Existe una corriente de pensamiento, la 'neurociencia no materialista', que percibe estas investigaciones como un intento de reducir las creencias religiosas a algo puramente biológico, desterrando para siempre la existencia del alma.

En términos filosóficos, los resultados del estudio podrían interpretarse de dos maneras distintas. Por un lado, si hay un 'lugar' dedicado a la espiritualidad en el cerebro, cabe pensar que la religión tiene una explicación biológica y, por lo tanto, se puede dudar de la existencia de Dios. No obstante, también puede argumentarse que el hecho de que nuestro organismo esté preparado de forma innata para albergar sentimientos trascendentales es una prueba de que éstos surgen por algún motivo y Dios está detrás de todo.

¿Qué piensan los autores de la nueva investigación sobre esta cuestión? Uno de ellos, Cosimo Urgesi, del Departamento de Filosofía de la Universidad de Udine (Italia), aclara a EL MUNDO.es las posibles implicaciones teológicas de su investigación: "El avance del conocimiento sobre cómo procesa nuestro cerebro los fenómenos espirituales no proporciona ninguna información sobre su existencia".

Urgesi explica que la constatación de que ciertas lesiones cerebrales modulan la autotrascendencia "podría sugerir interpretaciones metafísicas completamente divergentes". "Y esta es la mejor prueba de que nuestro estudio está relacionado con la neurociencia, y no con la teología", añade.

El autor señala el verdadero interés de su trabajo: "La espiritualidad es una función compleja intrínseca de la naturaleza humana y los avances en las técnicas de neuroimagen permiten explorar sus fundamentos neurales". Se trata, pues, de ampliar los horizontes del conocimiento en un área que hasta hace poco se consideraba totalmente vedada a la investigación empírica.

Pero aún se puede extraer otra finalidad de carácter más práctico: el tratamiento de algunas enfermedades mentales. Puesto que los sentimientos religiosos constituyen una parte fundamental de nuestra forma de ser y se acaba de comprobar que pueden ser modificados mediante lesiones cerebrales, se abre una vía para el tratamiento de los trastornos de la personalidad. Eso sí, con métodos menos agresivos que la cirugía; por ejemplo, mediante estimulación magnética.

MARÍA SÁNCHEZ-MONGE

1 comentario:

susana dijo...

Buen día! Siento natural que le espiritualidad tenga bases neurobiológicas. Somos albergados en un cuerpo físico para movernos en este mundo. Activamos lo que vivimos por nuestros sentimientos.En algún lugar del cerebro ha de estar alojado. Qué bueno es descubrirlo en la medidada que nos ayude a ser. Gregg Braden habla de una Red Tejida Estrechamente, que conecta totalmente todo. Lo publica Luz del Alma el 8 de marzo del 2009. El título es La vida.Nada está separado de nada. Cuando nos damos un abrazo,el ADN se modifica.Somos co-creadores. Lindísima tu publicación Adri!. Un abrazo grandote, Susana