sábado, 22 de noviembre de 2014

Las neurociencias de la fe: en busca de respuestas


Desde niña la fe fue naciendo como un un río  de montaña caudaloso . Las experiencias místicas fueron mi relación con lo divino y mi religión. Hace varios años que hemos publicado en este blog de investigación ,artículos sobre Neuroteologia. Estoy muy feliz de que el Diario La Nación  haya publicado  ayer esta nota acerca de la fe  y su importancia en la vida de la humanidad.  

                                                                                            Adriana Paoletta


Por qué es el ser y no más bien la nada? La pregunta fundacional de la metafísica expresa una angustia existencial que precede a la civilización y es germen de mitos y religiones desde los albores de la humanidad.
Los antropólogos registran evidencias de que ya hace 160.000 años los Neandertales enterraban intencionalmente a sus muertos, lo que sugeriría que ya existía un pensamiento (¿o sentimiento?) religioso o mitológico de un "más allá". Desde el punto de vista evolutivo, Franz de Waal, el célebre primatólogo, afirma incluso que en nuestros ancestros evolutivos ya se advierten signos de empatía, colaboración y ciertas normas sociales que podrían considerarse precursores de la moral humana, que antecedió al surgimiento de la religión.
Desde entonces hasta hoy, el mito y la religión se encuentran en todas las culturas a partir de una noción de lo sobrenatural y lo ritual, un pensamiento moral y una serie de verdades sagradas. Semejante universalidad no podía dejar de atraer el interés de los científicos. Entre otras disciplinas, las neurociencias se sienten particularmente interpeladas por el desafío de comprenderla, ya que muchos de los indicios que logran reunir sobre el funcionamiento del cerebro aportan evidencias que orientan la interpretación de fenómenos vinculados con las creencias y las experiencias místicas.
Entre muchos otros, Michael Shermer en The Believing Brain ("El cerebro que cree", Robinson, 2011), Andrew Newberg y Eugene D'Aquili en Why God Won't Go Away. Brain science and the biology of belief ("Por qué Dios no se irá. La ciencia del cerebro y la biología de las creencias", Random House, 2001) o el científico holandés D. F. Swaab, en Somos nuestro cerebro: cómo pensamos, sufrimos y amamos (Plataforma, 2014) plantean hipótesis provocativas a partir de experimentos que alumbran los engranajes internos de la mente. Se podría decir que prospera un subgénero de obras de popularización de la ciencia dedicadas a explicar la fe.
Sin ánimo de confrontar, en su último libro, Las neuronas de Dios. Una neurociencia de la religión, la espiritualidad y la luz al final del túnel (Siglo XXI), que se presenta mañana a las 16.45 en el teatro Margarita Xirgu, el brillante Diego Golombek hace una revisión del estado de las investigaciones con la curiosidad de quien busca explicaciones racionales a fenómenos que desafían la razón y escribe:
A lo largo de la historia, la ciencia se metió con la religión y con Dios tantas veces como la religión lo hizo con la ciencia. La de ellas ha sido una relación cambiante, nunca sencilla: tu casa o la mía, cama afuera, convivencia pacífica, la guerra de los Roses. Y con tantas posiciones como participantes; desde aquellos que defendieron la creencia como base de todo conocimiento hasta los que negaron cualquier tipo de contubernio entre estos contrincantes, pasando por quienes aprobaron la posibilidad de una serena coexistencia. [.] En estos tiempos, está de moda hablar de ciencia versus religión como forma de proclamar una guerra ganada con argumentos irrebatibles. [...] ¿Por qué no referirse a una ciencia de la religión en lugar del consabido versus?
Golombek, que se considera ateo, cuenta que decidió escribir esta obra para "compartir explicaciones científicas de las experiencias cotidianas [y] mostrar cómo la neurociencia nos ayuda a entendernos".
Para Swaab, la pregunta más interesante acerca de la religión no es si Dios existe, sino por qué tantas personas son religiosas:
Hay alrededor de 10.000 diferentes religiones, cada una de las cuales está convencida de que la suya es la única Verdad y que sólo ellos la poseen. [.] Alrededor del 64% de la población mundial pertenece al catolicismo, protestantismo, islamismo o hinduismo. Durante muchos años, el comunismo era la única creencia permitida en China [.]. Pero en 2007, un tercio de los chinos de más de 16 años dijeron que eran religiosos. Dado que esa cifra viene de un diario controlado por el Estado, el China Daily, el número verdadero de creyentes es probablemente más alto. Alrededor del 95% de los norteamericanos creen en Dios, el 90% reza, el 82% cree en los milagros, más del 70%, en la vida después de la muerte.
En la Argentina, el doctor Fortunato Mallimacci, ex decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, investigador del Conicet y docente del seminario Sociedad y Religión, hizo un atlas de religiones en el país, el primero desde 1960, cuando el Censo Nacional de Población preguntó sobre esta temática. Hace medio siglo, más del 90% se identificaban con el catolicismo. Hoy, este culto sigue siendo mayoría: es la religión que profesa el 76% de las población; un 11% dice ser agnóstico o ateo, y el 11,3%, evangélico. En el estudio de Mallimacci, el 61% dijo que se relacionaba con Dios por su propia cuenta, sin mediación institucional. A este grupo, el científico lo cataloga como "cuentapropistas religiosos".
Según un estudio de Marita Carballo de 2005, hoy son casi 3000 los grupos religiosos inscriptos en la Secretaría de Culto de la Nación. Y a pesar de que hay quienes suponen que el avance de la ciencia y la tecnología destierran la religiosidad, las estadísticas sobre este punto son controvertidas. El estudio de Carballo sugiere que, por el contrario, ésta iría en aumento: en 1984 el 62 % de los argentinos se consideraban personas religiosas; en 1991, el 70%; seis años después, el 79% y, en 1999, el 81%. La misma tendencia mostraban quienes opinaban que la religión era muy importante en su vida: pasaron del 40 al 55% entre 1991 y 1999.
Sin embargo, un estudio del Centro de Investigaciones Pew dado a conocer la semana última por el Buenos Aires Herald describe un panorama algo diferente: el número de argentinos que se reconocen como católicos, según este trabajo realizado en toda América Latina entre 2013 y 2014, habría caído un 20% desde 1970, mientras aumentaba el protestantismo evangélico y la población no afiliada a ninguna religión organizada. Los argentinos se encontrarían en el extremo inferior de las estadísticas en términos de cuán importante es la religión en sus vidas, con sólo un 43% que la consideran "muy importante".
Pero más allá de los números, lo cierto es que una gran mayoría comparte la creencia en lo sobrenatural, las preocupaciones por la vida después de la muerte y diversos ritos religiosos. Para la mentalidad científica, debe haber una explicación detrás de semejante coincidencia. "Los códigos morales, las creencias en lo sobrenatural, las preocupaciones por la muerte y el más allá, o los ritos religiosos son globales, geográfica e históricamente hablando", dice Golombek.
La universalidad de las creencias religiosas es llamativa. Tanto, que una corriente de las neurociencias considera que éstas podrían tomar forma a partir de fenómenos emergentes de la mente, como la atribución de intencionalidad al mundo inanimado, que está presente incluso en bebés, y la tendencia a encontrar patrones en acontecimientos que se producen por azar. La religión también podría generarse a partir de necesidades sociales y morales que, al favorecer la cohesión, habrían otorgado ventajas evolutivas a los grupos humanos.
Incluso hay hipótesis que se basan en argumentos estrictamente bioquímicos. Andrés Canales-Johnson, investigador argentino que trabaja en la Universidad de Cambridge, en Gran Bretaña, dice: "Independientemente de si el contenido de una religión en particular es cierto o no (por ejemplo, si existe o no Alá, Thor o Yahvé), el hecho es que el fenómeno religioso (la descripción de experiencias místicas o trascendentes) ha sido parte de nuestra especie desde sus inicios. Por ejemplo, aunque nadie tiene evidencia acerca de las historias que sustentan sus respectivas religiones, cerca del 85% de los seres humanos se describen a sí mismos como religiosos. Por lo tanto, no estamos lidiando con un fenómeno aislado o casual. Es por esto que muchos investigadores se han interesado por esta tremenda irrealidad que, fenomenológicamente hablando, representa más bien una realidad para muchas personas (en el mundo, por caso, la gente dona más dinero a sus instituciones religiosas que a cualquier otra institución de la comunidad). El fenómeno religioso es, entonces, un fenómeno que amerita explicación científica".
¿Cuál sería esta explicación para Canales-Johnson? "Bueno, se ha sugerido que [la religión es un hecho] causado por el cerebro. Es, por así decirlo, una secreción del cerebro. El cerebro es el órgano que lo recibe, lo integra en las redes asociadas con la personalidad y luego con aquellas vinculadas con la estructura social. El argumento neurobiológico es que el cerebro genera la experiencia religiosa, y a su vez la consume, mediante la secreción de neuroquímicos. Por ejemplo, el antropólogo Lionel Tiger, de la Universidad Rutgers, y el psiquiatra Michael McGuire, de la Universidad de California en Los Ángeles, han sugerido que la serotonina, un neurotransmisor químico, estaría implicada en un circuito cuyo resultado final es el hacernos sentir bien y cuyo mediador sería precisamente la práctica activa de alguna religión. La secreción de serotonina en primates se asocia con el alto estatus, que a su vez está asociado con sentirse bien. En cambio, cuando los niveles de serotonina disminuyen, el cerebro comienza a secretar hormonas tales como la cortisona, que se asocia con bajo estatus y con el sentimiento general de 'bajón'."
Y más adelante agrega: "El argumento de Tiger y McGuire se resume en que la práctica constante de una religión, cumplir con una ceremonia religiosa durante los fines de semana (por ejemplo, ir a misa los domingos por la mañana) representaría una forma simple de hacer que nuestro cerebro secrete niveles de serotonina suficientes para hacernos sentir bien y reconfortados por un tiempo determinado. Sin embargo, este efecto de 'alto estatus' y de bienestar no es permanente y tiende a disminuir, ya sea por el estrés de la vida diaria o por acciones que, dentro del marco de una determinada religión, son concebidas como malas o negativas (haber pecado durante la noche del viernes). Esta 'baja de estatus' con la consecuente disminución de la serotonina sería la que hace que el cerebro quiera seguir consumiendo religión para volver a sentirse bien. En resumen, la religión, concebida desde la neuroquímica del cerebro, verdaderamente representa el 'opio de los pueblos'."
Otros investigadores atribuyen su masividad a los genes. El controvertido Dean Hamer, que estuvo en la Argentina en 1998 (LA NACION publicó una entrevista que recogía en el título la muy discutible aseveración de que "todo es genético"), afirma que venimos "programados" para crear mitos fundacionales y religiones. Hamer, ex director de la Unidad de Estructura y Regulación Genéticas del Instituto del Cáncer de Estados Unidos, creyó haber identificado uno de esos genes que nos predisponen a cierto nivel de espiritualidad. En su libro El gen de Dios (La Esfera de los Libros, 2006), que Golombek comenta en la obra de reciente aparición, afirma que éste codifica para una proteína, la VMAT2 (vesicular monoamine transporter 2), crucial para muchas funciones cerebrales.
Basándose en estudios de genética del comportamiento, neurobiológicos y psicológicos, Hamer argumenta que la espiritualidad puede ser cuantificada, que la tendencia a ser más o menos religioso es parcialmente heredable, que parte de esa heredabilidad puede ser atribuida a dicho gen y que la selección natural favorece a los individuos más espirituales porque les otorga un sentido del optimismo que los afecta positivamente, tanto en el nivel físico como psicológico. Más allá de las exageraciones de Hamer, estudios en gemelos parecen indicar que la espiritualidad que predispone a los sentimientos religiosos está genéticamente determinada en un 50%. Swaab, por su parte, afirma:
La religión es la forma local que se da a nuestros sentimientos espirituales . El ambiente en el que crecemos hace que la religión de nuestros padres se imprima en nuestros circuitos cerebrales durante el desarrollo temprano, de forma similar a como lo hace el lenguaje. Mensajeros químicos, como la serotonina, afectan hasta qué grado somos espirituales: el número de receptores a este neurotransmisor en el cerebro se correlacionan con grados de espiritualidad. Y sustancias que afectan a esta hormona, como el LSD, la mescalina (obtenida del peyote) y la psicolicibina (de los hongos mágicos) pueden generar experiencias místicas y espirituales.




 
Foto: Corbis

Precisamente, el físico y neurocientífico argentino Enzo Tagliazucchi, que trabaja en la Universidad Goethe, de Fráncfort, acaba de publicar un trabajo en Human Brain Mapping en el que explica el efecto de los "hongos mágicos" y su sustancia activa, la psilocibina. Usando datos de resonancias magnéticas de voluntarios que habían recibido una dosis de la droga, Tagliazucchi y colegas comprobaron que su actividad cerebral muestra similitudes con una etapa del sueño llamada REM (siglas en inglés de "movimiento ocular rápido").
"La activación de regiones del lóbulo temporal y en particular del sistema límbico se asocian fuertemente con un estado seudoonírico y de disociación con la realidad -explica Tagliazucchi-. El sistema límbico se encarga, entre varias cosas, de procesar emociones, consolidar recuerdos y poner nuestro contexto en un marco autobiográfico. Cuando se hacen experimentos de neuroimágenes en sujetos durante el sueño REM, se observa más actividad cerebral en el sistema límbico, que es lo mismo que nosotros vimos en los sujetos que habían tomado psilocibina. La relación es aparentemente causal: pacientes con epilepsia en los cuales se ve actividad cerebral anormal en el sistema límbico también refieren un 'estado de ensueño' (tienen algo así como una especie de 'doble conciencia', porque no dejan de percibir su realidad actual, pero adicionalmente, se sienten envueltos en una realidad onírica). Si en una cirugía para remover un foco epiléptico el cirujano estimula eléctricamente áreas del lóbulo temporal y el sistema límbico, el paciente puede referir sensaciones oníricas y de disociación con la realidad. Todo esto es evidencia de que la actividad cerebral en estas zonas se correlaciona en un sentido amplio con la 'sensación de soñar'."




 
Foto: AFP 

Según el científico, esto no quiere decir que los sujetos estén soñando activamente. Más bien tienen la sensación de que lo que están viviendo pertenece a un sueño, pero sin perder completamente el contacto con la realidad. Una situación que favorece mucho las experiencias de tipo religioso porque es un estado en el cual se suprime relativamente la búsqueda de explicaciones racionales a lo que uno percibe.
"Los correlatos neuronales de las experiencias religiosas -afirma Tagliazucchi- abarcan áreas cerebrales del sistema límbico que se solapan con las involucradas en el sueño, el estado psicódelico y la epilepsia, entre otras." Estado de ensueño quiere decir que tienen la fuerte sensación de vivir en un sueño, pero el contenido que la persona atribuye a sus visiones surge de una interpretación de lo que vive. "Si le das hongos a alguien en el contexto correcto, se facilita la generación de experiencias religiosas -explica el científico-, como en el experimento clásico de Marsh Chapel, realizado en la capilla de la Universidad de Boston."
Allí, un estudiante graduado en teología, Walter Pahnke, bajo la supervisión de Timothy Leary y en el marco del Proyecto Psilocibina de Harvard, administró la droga antes del Viernes Santo a estudiantes voluntarios de la Divinity School, mientras un grupo control recibía como placebo una gran dosis de niacina, que produce cambios fisiológicos. Casi todos los del grupo que había consumido psilocibina informaron luego haber experimentado profundas experiencias religiosas.
En The Believing Brain, Shermer es incluso más categórico. Argumenta que "el cerebro es una máquina de creer". Y no sólo en la existencia de un Dios, sino también en alienígenas, en conspiraciones, en ideas políticas, en la vida después de la muerte, en visiones. Shermer menciona una encuesta norteamericana de 2009 según la cual el 60% cree en demonios, el 42% en fantasmas, el 32% en ovnis, el 26% en la astrología, el 23% en las brujas y el 20% en la reencarnación. En otra de 2006, realizada por el Reader's Digest, el 43% de los encuestados afirmaron que podían leer los pensamientos de otras personas, más de la mitad dijeron haber tenido una premonición de algo que luego ocurrió, más de dos tercios aseguraron que podían "sentir" cuando alguien los estaba mirando y el 62%, que podía saber quién llamaba antes de atender el teléfono. Shermer escribe:
A partir de datos de los sentidos, el cerebro naturalmente comienza a buscar y encontrar patrones, y luego los llena de contenido. Al primer proceso lo llamo 'patronicidad' [patternicity]: la tendencia a encontrar patrones significativos en datos con y sin sentido. Al segundo proceso lo llamo 'agencialidad' [agenticity]: la tendencia a atribuir sentido, intención y agencia a los patrones. No podemos evitarlo. Nuestros cerebros evolucionaron para conectar los puntos de nuestro mundo en patrones con significado que explican por qué suceden las cosas. Estos patrones de significado se transforman en creencias y estas creencias dan forma a nuestra interpretación de la realidad. [...] Una vez que las creencias están establecidas, el cerebro empieza a buscar evidencia que las respalde.
A propósito, un experimento realizado por Olaf Blanke y colegas en la Escuela Politécnica de Lausana, en Suiza, que se dio a conocer hace unos días, ofrece un ejemplo palpable de cómo nuestro cerebro puede engañarnos. Un grupo pequeño de voluntarios con los ojos tapados realizó movimientos con sus manos enfrente de su cuerpo mientras un brazo robótico hacía los mismos movimientos y los tocaba en la espalda. Cuando se retrasaban los movimientos del robot en unos 500 milisegundos, los participantes aseguraban ver fantasmas a su alrededor y sentir que el dedo robótico que los tocaba pertenecía a una presencia invisible.
Para algunos participantes la experiencia fue tan inquietante que incluso pidieron que se detuviera el experimento. Los investigadores sugirieron que esto ilustra cómo los "fantasmas" están en nuestra propia mente y pueden surgir de señales confusas o disonantes para el cerebro, algo que ocurre cuando éste pierde el sentido de la posición del propio cuerpo por causas físicas, psíquicas o de estrés extremo.




 
Foto: Corbis

Entre otras múltiples hipótesis, "una de las más rumiadas en los pasillos de la ciencia de la religión es la tendencia innata a ver patrones regulares o intencionales aun allí donde no los hay -coincide Golombek-. La naturaleza no tiene intenciones, ni moral ni propósitos: somos nosotros quienes vemos espejos humanizantes por todos lados". Y agrega: "Hay una famosa película animada con figuras geométricas que se mueven e inmediatamente generan en el público la idea de intencionalidad: el cuadrado es malo porque quiere empujar al círculo, que trata de tener un affaire con el triángulo. ¡y no son más que figuras sobre un plano! Esto incluso funciona con puntos que se mueven: por motivos que no resultan del todo evidentes, algunos nos resultarán más simpáticos que otros".
Otro enfoque explica la persistencia de las creencias religiosas por una necesidad natural de identificación con el grupo de pertenencia. Se atribuye un protagonismo especial en esta propensión a un sistema del cerebro conformado por las "neuronas espejo", que se activan tanto cuando un individuo actúa como cuando la misma acción es realizada por otro. Muchos investigadores creen que estas neuronas son importantes para entender las acciones e intenciones de los demás, y que son la base de la empatía. Sin embargo, el mecanismo de las neuronas espejo está comenzando a recibir críticas importantes.




 Foto: Reuters 

Agustín Ibáñez, investigador del Conicet, del Instituto de Neurociencias Cognitivas (Ineco) y de la Fundación Favaloro, comenta: "La crítica más reciente es la de Gregory Hickok, en The Myth of the Mirror Neurons ("El mito de las neuronas espejo", W.W. Norton & Company, 2014). Para mí, el principal problema que tiene es que las neuronas espejo sólo responden a la observación y la ejecución; es decir, sólo se activan ante procesos cognitivos, pero no hay nada que haga suponer un mecanismo causal. Toda la evidencia apunta a que son más bien un efecto de la imitación, la intersubjetividad, el lenguaje, la empatía, y no la causa de todos ellos. En mi opinión, los atributos de la empatía, la imitación (¿la conducta afiliativa de la religión, tal vez?) ocurre en la mente de quien lo piensa, no en los datos: éstos sólo muestran coactivación de esas neuronas ante la ejecución o la observación".
Ibáñez también advierte que hay que tomar con cautela las conclusiones obtenidas a partir de las neuroimágenes: "Sólo estamos empezando a entender cómo trabaja orquestadamente el cerebro. Que un área se prenda o se active no nos dice mucho en sí mismo acerca de los procesos que ocurren en dicha activación. Y algo más técnico: aunque todavía no está claro, la activación [que registra] la resonancia magnética funcional al parecer implica la actividad excitatoria e inhibitoria del cerebro sumadas. Por ende, tal vez tendemos a pensar que cuando un área se activa es un proceso unitario, mientras que podría tratarse de procesos diferentes, e incluso, en ciertas condiciones, opuestos".
Las neuronas de Dios analiza exhaustivamente éstas y otras explicaciones sobre la religión y la espiritualidad, pero no da respuestas sobre la existencia de Dios. "Seguramente todos somos creyentes al menos en una etapa de la vida, y esto es parte de lo que se trata en el libro -confiesa Golombek-. Si bien mi familia cercana no era muy practicante, sí observábamos las festividades religiosas, sobre todo como una excusa para los encuentros familiares. Tuve una educación religiosa 'de fin de semana', pero con un objetivo más social que religioso. Mis abuelos sí eran observantes; de hecho, mi abuelo paterno fue maestro de religión cuando emigró a Entre Ríos."
El autor e investigador, que como parte de la experiencia de escribir sobre este tema probó la ayahuasca (aunque aclara que no logró una comunicación con Dios), afirma que más allá de los argumentos científicos considera muy respetable la posición del creyente. Pero, advierte, "cuando se quiere mezclar [la fe] con ideas científicas, la cosa no puede terminar bien, ya que las bases íntimas de la religión y las de la ciencia son diametralmente opuestas; una se mueve por la fe y la otra por la evidencia. Además, está claro que en una eventual confrontación no podría haber un ganador: la religión ofrece certezas; la ciencia, dudas; la religión propone explicaciones sobrenaturales; la ciencia se contenta con lo fantástica que es la naturaleza".
Entonces, ¿para qué este libro? "No pretendo evangelizar, pero sí promover preguntas sobre por qué hacemos lo que hacemos, o creemos lo que creemos -contesta-. Aunque después sigamos creyendo, siempre es bueno poder analizar racionalmente nuestro comportamiento. Por otro lado, es deseable ejercitar el pensamiento racional como alternativa a las supersticiones y las seudociencias."
El desafío del cerebro de comprenderse a sí mismo es, fuera de toda duda, una de las aventuras más formidables que se haya planteado la humanidad. Pero a pesar de notables avances, sólo está en sus inicios. Como dice el propio Golombek: "La ciencia no puede dar cabida a la totalidad de la experiencia humana". Al menos por ahora..
Por Nora Bär | LA NACION

viernes, 21 de noviembre de 2014

La espirirtualidad no es un hobby


La espiritualidad no es un hobby, es una forma integrada en la que la vida transcurre por lo carriles de los valores morales y éticos. Una de las antorchas de la búsqueda espiritualidad ,es el encuentro con la Verdad.

Cuántas veces por miedo, por seguir a la manada, por no luchar, has agachado tu cabeza y nos has sido fiel a la verdad? Quiero contarte que esconder la verdad tiene un precio muy caro. Es como esconder un tesoro debajo de tu jardín sabiendo que siempre está allí y no puedes apreciarlo ni compartirlo con los demás.


Vivimos en silencio muchas veces bajo la extorsión de los demonios de la mentira, las falsas apariencias, la pereza que implica vivir VERAZMENTE.






La espiritualidad, nos demanda un contrato sagrado con la verdad de nuestra historia ,pues esa historia es tuya, de tus padres, de tus ancestros . El legado mas importante que darás a tus hijos . El regalo de haber vivido de verdad.



Al esconder el tesoro verdadero, nos volvemos marionetas de aquellos que quieren falsear nuestra identidad ,saboteando nuestros genuinos sentimientos. Cuantas veces las familias han escondido secretos, que tarde o temprano salen a la luz de la manera mas dolorosa o absurda.

Tejemos los secretos en una trama energética que crea entre los vínculos, niveles de angustia indecibles. Y como el cuerpo nada pasa por alto,el secreto cobra forma en síntoma, en enfermedad. Un símbolo, un acto de violencia o de rebelión.










La verdad es una tierra sin caminos, y no es posible acercarse a ella por ningún sendero, decía Krishamurti. 



Yo soy el camino , la verdad y la vida, recitaba Jesús. Convertir a nuestros actos , en pasos hacia la verdad ,hará que todo lo que esté  en la oscuridad se ilumine y veremos todos, la presencia infinita del Dios humano , esperando ser encontrado detrás del árbol de la Verdad.


Adriana Paoletta


consultas@taitoku.com.ar, Escuela Taitoku, San Blas 3060 1 piso A. Presencial y Cursos a distancia en vivo.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

¿Podemos hallar esa extraña flor llamada amor?


 ¿Forma parte el miedo de la estructura misma de la mente o es el pensamiento que ha puesto el miedo ahí? ¿Puede el pensamiento, el cual transforma la sensación en placer, no regsistrar nada? ¿Terminará el sufrimiento a través de un acto de voluntad? La sociedad se ha vuelto compleja y destructiva. Para cambiarla, ¿no tenemos que cambiar nosotros? La mutación tiene lugar en la psique cuando observamos lo que somos, y no lo que hemos sido o lo que deberíamos ser. Al terminar con la creencia, el placer, el deseo, sin esfuerzo, ¿podemos hallar esa extraña flor llamada amor?

J. KRISHNAMURTI
J. Krishnamurti Ojai 5th Public Talk 17th May 1980

martes, 11 de noviembre de 2014

OM MANI PADME HUM - El Mantra de la Compasión





El Mantra de la Compasión, OM MANI PADME HUM -los tibetanos lo pronuncian ¨OM MANI PEME HUNG¨ॐ मणि पद्मे हूँ, es uno de los mantras más conocidos del budismo.
Este mantra de 6 sílabas encarna la compasión y la bendición de todos los Budas y Bodhisattvas, e invoca en especial la bendición de Avalokiteshvara, el buda de la  compasión. El mantra se asocia en particular con la representación de cuatro brazos Shadakshari de Avalokiteshvara.

Avalokiteshvara es una manifestación especial del buda Sambogakaya, y su mantra se considera la esencia de la compasión de Buda hacia todos los seres.
Así como Padmasambhava es el maestro más importante para el pueblo tibetano, Avalokiteshvara es el buda más importante, y la deidad karmita del Tíbet.
Se dice que el Dalai Lama es una reencarnación de Avalokiteshvara, razón por la cual el mantra es particularmente venerado por sus seguidores.

 Dice un poema:
"Avalokiteshvara es como la luna 
Cuya fresca luz extingue los fuegos ardientes del sámsara; 
Bajo sus rayos, el loto de la compasión de la floración nocturna 
Abre por completo sus pétalos. "


En budismo tibetano se piensa que recitando el mantra de Chenrezig,Om Mani Padme Hum, ya sea a viva voz o mentalmente para uno mismo, invoca la poderosa y benevolente atención de Chenrezig, la expresión de la compasión de Buda. Se dice que ver el mantra escrito tiene el mismo efecto, por lo que puede encontrarse en lugares donde sea bien visible, incluso grabado en piedras. Lo mismo ocurre haciendo girar la forma escrita del mantra en una rueda de oración, así que existen muchos de estos cilindros con "om mani padme hum" escrito muchísimas veces en su interior, incluso millones. Hay ruedas pequeñas que puedes llevar encima y girar con una mano, y otras tan grandes que necesitan el impulso de varias personas.Según los maestros del budismo tibetano, todo el conjunto de las enseñanzas del Buda está contenido en el mantra Om Mani Padme Hum.

Las enseñanzas explican que cada una  de las seis sílabas que componen el mantra, OM MA NI PAD ME HUM, tiene una virtud especifica y poderosa para provocar la trasformación en distintos aspectos de nuestro ser. Las seis sílabas purifican completamente las seis emociones negativas, que son manifestación de la ignorancia y que nos hacen obrar de un modo negativo con el cuerpo, el habla y la mente, creando así el sámsara y el sufrimiento que en él experimentamos.
Por mediación del mantra, el orgullo, los celos, el deseo, la ignorancia, la codicia y la ira se trasforman en su verdadera naturaleza, la sabiduría de las seis familias de budas que se manifiestan en la mente iluminada.

Así pues. cuando pronunciamos el mantra OM MANI PADME HUM, se purifican las emociones negativas que son la causa de los seis reinos del sámsara.
Es así como la recitación de las seis sílabas evita el renacimiento en los seis reinos y disipa además el sufrimiento inherente a cada uno de ellos. Al mismo tiempo, recitar OM MANI PADME HUM purifica por completo los agregados del yo y perfecciona las seis clases de acción trascendental del corazón de la mente iluminada, las paramitas de generosidad, la conducta armoniosa, la paciencia, el entusiasmo, la concentración y la sabiduría.

Se dice también que OM MANI PADME HUM confiere una poderosa protección contra toda clase de influencias negativas y contra las distintas formas de enfermedad.

Simplificándolo, esa frase en Sánscrito quiere decir:

 “Dios, que los pétalos de esta flor se abran para que aparezca la joya de mi yo interior”

via. https://www.facebook.com/notes/%C3%A1ngeles/om-mani-padme-hum-el-mantra-de-la-compasi%C3%B3n/10150369352754622

viernes, 7 de noviembre de 2014

"El viaje interior". Claudio Naranjo



Al inicio de la charla, Naranjo recordó los primeros versos de La Divina Comedia: “A la mitad del camino de la vida me encontré en una selva oscura”, y el deseo de Dante, en medio de la oscuridad, es escalar un monte para encontrar la luz; “quiere subir, pero una bestia se lo impide; es una pantera que representa la sensualidad, el pecado original, la concupiscencia; después un león que es la bestialidad, la violencia; la tercera bestia es una loba que significa la malicia” 
Para Naranjo, las bestias con las que Dante se enfrenta antes de iniciar su viaje son “un simbolismo visual de lo que será el infierno y de la visión Aristotélica del pecado, entendido como el desorden de los apetitos; después de este encuentro aparece Virgilio, que en el simbolismo de Dante es la luz de la inteligencia”. 
La indicación de Virgilio es que para llegar arriba “hay que dar un rodeo, un rodeo que lo lleva al centro de sí mismo”, esto es una metáfora de la necesidad de “entrar en la conciencia del pecado”, interpretado desde la psicología de la Gestalt, como el enfrentamiento directo con los propios medios. 
Sobre las palabras que de acuerdo a la obra de Alighieri están inscritas en la entrada del infierno, “abandona toda esperanza tú que entras”, el autor deAutoconocimiento transformador, dijo que “el infierno consiste en la desesperanza” y este viaje por el infierno “se puede entender como el recorrido del mundo interior de cada uno”. 
“Descendiendo por este cono, (Dante) se encuentra con Lucifer, que está atrapado en el infierno más profundo; y el infierno más profundo es de hielo; es el desamor.” 
Tal como en la psicología de la Gestalt, aunque no lo dijo de forma directa, Naranjo encuentra en la geografía de Dante “que se sale de las cosas entrando en ellas”, puesto que para llegar al purgatorio y después al cielo fue necesario pasar por el fondo del infierno y seguir por ahí sin desviarse “de la misma forma que adentrándose en un bosque oscuro termina por encontrarse la luz del otro lado”. 
El psicoterapeuta, también reconocido como uno de los pioneros de la psicología transpersonal, señaló que no se detendría en el análisis del infierno porque “cada uno lo reconoce dentro de sí en esta época Freudiana” aunque “el pecado se llame ahora enfermedad”, eliminando la responsabilidad del individuo porque “del pecado somos responsables y de la enfermedad son culpables los otros, las circunstancias, la suerte”. 
La diferencia de los círculos del infierno y los purgatorios es que estos últimos “no son círculos cerrados, tienen un sentido del progreso”; y aunque se trata de los mismos pecados estos tienen un menor arraigo en el alma y el sufrimiento por las faltas “es una expiación y eso lo hace purificador”. 
El también autor del libro Entre meditación y psicoterapia, aseguró que en Dante “había una noción de que la perfección del amor humano podría llevar a lo divino” al colocar a Beatriz como guía en el paraíso y señalo que al llegar al cielo el viajero “ve cosas poco felices como la corrupción de la iglesia”, eso simboliza “cómo la persona que llega a una armonía interior empieza a ver cómo están las cosas en el mundo, empieza a ver las cosas de una manera mas trágica”. 
En el cielo cada uno de los pecados capitales tiene un paralelo con una virtud, “es una transmutación de energías”, aseguró Naranjo, en la que el hombre domina sus apetitos, simbolizados por las bestias encontradas por Dante al principio del camino. 
Después del cielo hay una nueva etapa, el Empiro, el mundo de fuego, donde encuentra al final tres círculos de colores como alusión al misterio de la trinidad “y en el tercero Dante reconoce nuestra efigie; si no hubiera sido una época hubiera dicho que se vio a sí mismo”, asegura Naranjo 
Este tema forma parte del libro Cantos del despertar, donde Naranjo estudia el mito del héroe en los grandes poemas de occidente, como la Iliada y la Odisea de Homero, además de La Divina Comedia de Dante Alighieri. 
Cuestionado al finalizar la conferencia sobre la importancia de esta lectura de Dante en la época actual dijo que “todo el mundo tiene su infierno y su purgatorio, todo el mundo tiene el potencial de una transformación. Como la metamorfosis de los insectos, como las mariposas que tienen la posibilidad de pasar de la larva a una existencia que parece muerta para el mundo pero de allí sale una nueva vida con posibilidades de volar, de más colores, tenemos la posibilidad de una existencia más alta después de un infierno”. 
Y retomando la idea de la psicología de la Gestalt sobre el enfrentamiento de los miedo para la toma de consciencia aseguro que el ser humano está preparado “para encontrar a Dios dentro de nosotros mismos, para encontrar lo divino, para encontrar que el fondo de la consciencia es más que humano, que lo que estamos buscando lo tenemos dentro”. 
* Nota aparecida en el periódico La Jornada de Oriente el 8 de abril de 2005 y escrita por Oros García Cuevas

jueves, 6 de noviembre de 2014

Podemos realmente ser heridos?





La relación es un espejo Por cierto, sólo en la relación se revela el proceso de lo que uno es, ¿verdad? La relación es un espejo en el que me veo tal como soy; pero como a muy pocos nos gusta ver lo que somos, comenzamos a disciplinar, positiva o negativamente, lo que percibimos en el espejo de la relación. O sea, descubro algo en la relación, en las acciones de la relación, y eso no me gusta. Empiezo, pues, a modificar lo que no me gusta, lo que percibo como desagradable.
Deseo cambiarlo, lo cual significa que ya tengo un modelo de lo que yo debería ser. Tan pronto hay un modelo de lo que uno debería ser, no hay comprensión de lo que uno es. En el momento en que tengo una imagen de lo que deseo ser, o de lo que debo ser, o de lo que no debo ser -un patrón conforme al cual deseo cambiarme a mí mismo- es obvio que no comprendo lo que soy en el instante de la relación.
Pienso que es de veras importante comprender esto, porque entiendo que es aquí donde casi todos nos extraviamos. No queremos saber lo que realmente somos en un momento dado de la relación. Si sólo nos interesa nuestro propio mejoramiento, no hay comprensión de nosotros mismos de lo que es.

Krishamurti 15 DE MARZO OCK - Vol. V

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Mantra para tu corazón, Ramadasa.



Cúrate a ti mismo, sana a otras personas y  sana al mundo.

Mudra:
Siéntate en postura comoda (o loto completo) con los brazos descansando sobre las costillas, un poco por los costados.
Los codos están doblados y los antebrazos en posición hacia arriba y ligeramente inclinados hacia fuera.
Las palmas de las manos están planas, mirando hacia arriba.
Los dedos están juntos con los pulgares extendidos hacia el lado opuesto a los dedos.
Enfoque:
Los ojos se cierran y se centran en el punto del tercer ojo.
Mantra:
Ra Ma Da Sa, Sa Se So Ham.

El mantra debe ser cantado en una exhalación completa.
Esfuézate por mantener un canto fuerte, pero no estridente, a través de la meditación.

 Significado del Mantra:
Ra = la energía del sol
Ma = la energía de la luna
Da = la energía de la tierra
Sa = infinito y energía universal
Sa (repite)
Se = la forma de realización personal de Sa
So = el sentido personal de la fusión con Sa
Ham = colgado en el infinito, vibrando y real

Este mantra significa literalmente: "Sol, Luna, Tierra, Infinito" "La esperanza de esa realidad eres tú, yo soy tú"

martes, 4 de noviembre de 2014

De la paciencia a la fortaleza

Crianza y Yoga Terapéutico en Pequeños Pasos , Centro para la estimulación temprana y desnutrición infantil. CONIN 

¿Has empezado una buena obra? No la abandones por los impedimentos del enemigo. Tu paciencia aniquilará al enemigo. Porque los que empiezan a navegar, despliegan las velas, y al principio encuentran viento favorable. Pero luego sopla un viento contrario. Pero no por ello los marineros arrojan su cargamento al mar, ni abandonan la nave. Aguantan un poco o luchan contra la tempestad y de nuevo encuentran el rumbo exacto. También nosotros, cuando nos sintamos llevados por el espíritu contrario, despleguemos como vela la cruz y realizaremos sin peligro la travesía de esta vida».

De los Padres del Desierto

Cocina Terapéutica padres e hijos.

Para poder formar parte de nuestro equipo Nutrir el cuerpo, nutrir el alma. consultas@taitoku.com.ar 

lunes, 3 de noviembre de 2014

Conocer afectivamente


No se puede abarcar a Dios directamente con el pensamiento. El escapa a nuestra comprensión intelectual. Quien intenta estudiar a Dios de modo que pueda comprenderlo intelectualmente pierde el tiempo. Dios es un misterio impenetrable. Y un misterio no se discute. Simplemente se acepta. Se admira. Se contempla...

El saber puramente intelectual no es virtud que mejora la calidad del ser. Los cambios en la persona, en sus actos y en sus comportamientos tienen su proceso en aquello que siente, en lo que el sujeto experimenta a nivel de sus sentimientos y de sus emociones.

Alegría, paz, odio, envidia, amor, celos, tristeza... son sentimientos que cualifican las actitudes internas y externas, el comportamiento y la conducta. El comportamiento y la relación de una persona que ama a sus semejantes son muy diferentes de aquellos de las personas que odian a sus prójimos. El individuo deprimido comunica algo de su tristeza y de su pesimismo a las personas y a las cosas con las que se relaciona.

Nuestra relación con Dios no es comprender todo aquello que se refiere a dichas cualidades, sino más bien centrar todo nuestro interés en amar a Dios con todo nuestro corazón.

Pero no se puede amar lo que no se conoce. Dos personas que se aman no se aman porque lo saben todo la una de la otra. Mi madre ama, ciertamente, el fruto de sus entrañas, pero está muy lejos de saber todo aquello que se refiere al hijo que engendró.

De semejante manera, para poder amar a Dios es necesario un mínimo conocimiento suyo: que él es nuestro Padre; que él nos ama más que nuestra propia madre; que él nos perdona siempre, si estamos arrepentidos de las ofensas que le hacemos; que él hace cuanto está en su mano para vernos eternamente felices...

Contemplar es amar. Para amar no es necesario conocer exhaustivamente. En base a lo que todos sabemos respecto de Dios, podemos llegar muy lejos del simple saber. Podemos, ciertamente, penetrar en la oscuridad del misterio, pero no para comprenderlo, sino únicamente para maravillarnos, para satisfacer el inmenso deseo de amarle, de amarle por encima de todas las cosas.
Es imposible mantener la mente en blanco: sin imágenes, sin pensamientos, sin recuerdos, sin reacciones a nuestra natural curiosidad de saber.

Las distracciones son un estorbo para la oración y para la contemplación. Tienden a desviarnos de nuestro objetivo: Dios. Para evitar que nos estorben en la oración, es preciso no pactar con ellas. Es necesario estar atento a esa interferencia que puede desviar nuestra atención. Esta debe ser reconducida constantemente al objeto que intencionadamente buscamos. Lo ideal sería que no tuviésemos que luchar constantemente para mantener nuestra mirada interior en Dios.

¡Qué fácil sería orar y contemplar a Dios directa y palpablemente como a un objeto extremadamente seductor para nuestros sentidos externos!

Sin embargo, la realidad espiritual -Dios- no es menos real de lo que la más seductora obra de arte es capaz de ser percibida por nuestros sentidos externos.

Si supiésemos emplear mejor nuestros sentidos internos de la fe, de la imaginación, de la fantasía, de la intuición, de la impresión, del amor..., la diferencia entre la consideración espontánea de un objeto material extremadamente atrayente y la consideración de un objeto espiritual cautivador está en la dificultad de sobrepasar nuestra habitual actitud de sentirnos en un mundo material.

La fuerza de relacionarnos ordinariamente con cosas y con hechos que podemos conocer directamente por los sentidos externos, acaba por embotar nuestros sentidos internos.
Orar y contemplar es, al mismo tiempo, un don y un arte. Si se hace en las condiciones debidas, el diario ejercicio de la oración contemplativa acaba por revitalizar los sentidos internos. Sin su funcionamiento adecuado es inútil el esfuerzo por penetrar en los secretos y en los portentos espirituales de la contemplación.

Por eso el ejercicio diario de la oración en las mejores condiciones subjetivas posibles es un camino natural para descubrir la oración contemplativa. Y esto es más fácil de lo que pudiera parecer.
Son relativamente numerosas las personas seglares que profesan conscientemente un cristianismo de alto nivel. Entre ellas están las que, por el esfuerzo constante e insistente en la oración, llegan a alcanzar un elevado grado de oración auténticamente contemplativa. Este fenómeno tiene lugar incluso en aquellas personas que no han podido nunca disfrutar de una buena instrucción religiosa o de contar con un buen director espiritual.

Por ahí se ve que el Espíritu Santo sopla realmente donde quiere y como quiere. Allí donde existe un corazón sediento de amor, dispuesto a escuchar y a corresponder, allí está él con sus siete dones. Inspira y sopla sobre la débil llama que parpadea, para revigorizarla hasta convertirla en un gran fuego de amor de Dios.

Pero ¿quién es ese Dios al que todos tan ambiciosamente buscan? Es aquel a quien debemos nuestra existencia. Aquel que nos salvó, aquel que es la causa de que ahora mismo tengas este libro en tus manos y lo leas con especial interés.

Dios no puede ser captado ni puede ser comprendido de la manera que captamos y comprendemos una realidad material, científica. Él es directamente intuido y deseado por todos los corazones humanos. Para encontrarlo basta dejarse arrastrar por el secreto deseo amoroso que él mismo pone en nuestro corazón de hombre mortal.

Dios no se esconde por detrás de nuestros pensamientos, por más santos que sean. Pero los santos pensamientos pueden tener, y tienen de hecho, su utilidad. Pueden incluso ayudar a rezar mejor. Pensar en los maravillosos atributos de Dios y en las ricas cualidades humanas de Jesucristo es algo muy bueno. Es bueno recordar la manera suave y amiga con que Jesús se relacionaba con las personas. Es bueno apreciar sus manifestaciones de amor y de compasión por los que sufren, contemplar su graciosa apariencia física.

Pensar en esas cosas bonitas y reales puede llevarnos incluso a reflexionar sobre la pasión de Cristo, sus causas y sus efectos. Es extremadamente útil tomar conciencia clara de que somos realmente pecadores.

El aspecto negativo de esos piadosos pensamientos es que generalmente no producen efectos de mudanza profunda en la vida de la persona. Pasan y desaparecen sin dejar rastro de conversión en la conducta de la persona. 

Al contrario, el camino natural en busca de la oración contemplativa pasa necesariamente por tales reflexiones y meditaciones. La reflexión y la meditación sobre la vida y la obra de Jesucristo es el primer paso para iniciarnos en la vida espiritual. Mas para progresar en ese camino de santificación es indispensable superar esta etapa.

"Dios es amor", afirma san Juan. Si el hombre es un ser que, por naturaleza, trata de establecer lazos afectivos con sus semejantes, ciertamente Dios también quiere ser amado del mismo modo que nos amamos unos a otros. De ahí el deseo natural de cualquier persona acostumbrada a la oración, de profundizar cada vez más en el amor que ya la une a Dios.

El medio adecuado para llevar a la práctica ese deseo es el de profundizar en su vida de oración por el método contemplativo. Este método sigue un camino distinto del que se toma en la investigación científica, donde el estudio es de pura reflexión sobre datos de conocimiento intelectual. Por eso, para tener éxito en el conocimiento y descubrimiento de la oración contemplativa, es preciso abandonar un poco los datos que nos ofrece la teología científica y tratar de abordar a Dios de otro modo.

La oración contemplativa se va descubriendo poco a poco, al modo como un niño va conociendo a su propia madre como la persona más importante y maravillosa del mundo. Se trata de la persona en que él confía plenamente, porque se sabe extremadamente amado por esa mujer que él llama mamá, madre. La madre lo es todo para el hijo y éste no puede imaginarse nada sin la presencia de aquella mujer que le asegura la propia existencia.

La relación entre madre e hijo sólo se entiende por los lazos afectivos entre ambos. Por eso, el que busca una relación más íntima con Dios comienza por desarrollar sutiles sentimientos de amor para con él. Pero éste es un proceso que brota únicamente en un corazón limpio, capaz de asumir una actitud interna de gran sencillez. El amor más puro es siempre el más simple, sin complicaciones de raciocinio. Es directo y procede siempre con suavidad. No tiene nada de agresivo. El que ama no tiene miedo; simplemente confía.

El pensamiento racional y científico es enemigo de la contemplación. No se puede a un mismo tiempo meditar o amar, por un lado, y racionalizar y desarrollar pensamientos lógicos, por otro.

El pensamiento lógico y el raciocinio son necesarios para realizar cosas útiles, como construir una casa, organizar una industria, desarrollar un proyecto agrícola, fabricar un motor, un automóvil, construir carreteras... Todo aquello que se refiere a la tecnología o a la realización de obras humanas precisa de la inteligencia y de la capacidad de raciocinio del hombre.

Existe, sin embargo, otra categoría de valores; son esas otras cosas inútiles, es decir, aquellas de las cuales el hombre no necesita para vivir, tales como el arte, la música, la pintura, la escultura, el amor, la oración, la poesía, la literatura, el canto... Cosas éstas totalmente innecesarias para vivir. Inútiles, por tanto. Mas, comparadas con esas otras cosas consideradas útiles y necesarias, la última categoría de las cosas inútiles son, con todo, las más sublimes.

Lo que eleva la vida del hombre muy por encima de un simple animal racional y la aproxima a la vida del mismo Dios son precisamente esas cosas sublimes consideradas inútiles. Ellas no precisan tanto de la inteligencia, sino que brotan más bien del corazón humano. Constituyen, eso sí, lo que eleva la dignidad del hombre. Le ayudan a levantarse por encima de la existencia puramente material.
Para profundizar en el amor a Dios, ciertos autores espirituales aconsejan concentrar todo el deseo de amor en una sencilla palabra, fácil de recordar.

Palabras y expresiones que reúnen estas condiciones son, entre otras: Dios, amor, mi bien, etc. Es importante que la palabra o la expresión elegida tenga un significado especial para quien la elige. Para que ayude a profundizar en la oración es necesario que se trate de un vocablo internalizado. Internalizar esa palabra o frase a que nos venimos refiriendo quiere decir que, poco a poco, debe formar parte de la personalidad global del sujeto, ser parte de su propia identidad. Mi identidad personal es aquella que me hace inconfundible con los demás. Todas las personas son semejantes, pero no hay dos que sean absolutamente iguales. Cada persona es un ejemplar original e irrepetible de la especie humana.

Para obtener ese efecto dinámico de la palabra o frase adoptada es necesario fijarla firmemente en la propia mente. Pasar frecuentemente períodos de tiempo, más o menos largos, con la mente o el intelecto fijos en ella, limitándonos a observar lo que acontece. La mente, ocupada únicamente con la idea que simboliza esa palabra, con el tiempo acaba por absorberla hasta incorporarla a si, como si fuese una parte más de su propia personalidad.

Pero se llega más rápidamente a este resultado cuando la palabra o frase en cuestión se repite, aunque sólo sea con el pensamiento, no digo ya cientos, sino millares de veces durante el día y durante la noche.

Se trata del modo oriental para imbuirse de una idea determinada. En esto consiste el método de El peregrino ruso para aprender a rezar y a contemplar.

Con ese ejercicio, fielmente observado durante algún tiempo, la idea contenida en el lema elegido comienza a resonar continuamente en la conciencia del sujeto en cuestión. Ello equivale a una permanente vivencia de la presencia de Dios.

¿Y qué otra cosa seria la oración profunda y continua de lo que es constante vivencia, consciente o subconsciente, la presencia viva de Dios en nuestra existencia? Para que esto acontezca es necesario evitar a todo trance intelectualizar las connotaciones racionales que el lema escogido pueda sugerir. Es preciso practicarse con sencillez infantil y la frase misma acabará por despertar sentimientos de amorosa relación con Dios. No olvidemos que la oración profunda y contemplativa es semejante a la amorosa relación que se establece entre un niño y su madre.

Pedro Finkler - La oración contemplativa  

domingo, 2 de noviembre de 2014

La caña de bambú.Cuentos espirituales.




Había un precioso jardín que, nada más verlo, hacía soñar. Estaba allí, junto a la casa del Señor. La puerta, siempre abierta, era invitación silenciosa para todo aquel que deseara encontrar un momento de paz y de sosiego. El mismo Señor acudía todas las tardes a pasear por su jardín.

Siempre se fijaba, era inevitable, en un cañaveral en el que destacaba una preciosa caña de bambú plantada, con sus hermanas, en el centro de un rico conjunto de flores y plantas. Ella y sus compañeras ofrecían, en grupo, un espectáculo peculiar: daban sombra, eran la imagen de la fortaleza y de la grandiosidad de la creación. Ciertamente, entre todas las cañas hermanas, ella la hermosa caña, llamaba la atención por su esbeltez, altura y elegancia. Toda la gente pensaba que era la preferida del Señor. Le encantaba verla así: más alta, robusta y bella que las demás plantas. Era la más fuerte y recia ante los vientos invernales, e imperturbable ante los calores del verano. Pronto se dio cuenta de que, ella, la más destacada caña de bambú, era "especial" para el Señor.

Un día se acercó el Señor al jardín y, como siempre, fue a contemplar el hermoso conjunto que formaban las cañas hermanas. Con mucho amor, serenidad y firmeza le dijo a la más esbelta:
- Mi querida caña de bambú, te necesito
Ella no entendía que el Señor se hubiera dignado a dirigirse personalmente a ella. Tampoco comprendía por qué el Señor le había concedido el privilegio de decirle: "Te necesito". Veía claramente que el Señor le hablaba con un amor especial. Por ello no le costó nada responder:
- Estoy en tu jardín, Señor, soy toda tuya..., cuenta conmigo para lo que quieras.
El Señor escuchaba atentamente la respuesta disponible de la vigorosa caña de bambú. No esperaba otra cosa de su planta predilecta. Pero no quería precipitarse en su propuesta, no quería herirla, ni lastimarla. Deseaba proponerle su proyecto de amor, de tal manera, que ella lo pudiera aceptar con la misma ternura que él ponía en sus palabras. Lentamente, como si comunicara un misterio prosiguió:
- Es que, mi querida caña de bambú, para contar contigo tengo que arrancarte.
- ¿Arrancarme? ¿Hablas en serio? ¿Por qué me hiciste entonces la planta más bella de tu jardín? ¿Por qué me hiciste crecer junto a unas cañas hermanas?. Por favor, Señor, cualquier cosa menos esto .
El Señor, poniendo más ternura aún en sus palabras, con la serenidad que sólo viene del amor, no retiró la propuesta:
- Mi querida caña de bambú, si no te arranco no me servirás.
Quedaron un largo rato los dos en silencio. Parecía que no sabían qué decir. Hasta el viento detuvo su ímpetu respetando el misterio. Los pajarillos del jardín olvidaron su vuelo y su canto. Lentamente..., muy lentamente..., la caña de bambú inclinó sus preciosas ramas y hojas, y dijo con voz muy queda:
- Señor, si no puedes servirte de mí sin arrancarme, arráncame.
- Mi querida caña de bambú -añadió el Señor-, aún no te lo he dicho todo. Es necesario que te corte las hojas y las ramas.
- Señor, no me hagas eso. ¿Qué haré yo entonces en el jardín? Seré un ser ridículo.
Y otra vez le dijo el Señor:
- Si no te corto las hojas y las ramas no me servirás.
Entonces el sol, estremecido, se ocultó. Los pájaros huyeron del jardín pues temían el desenlace. Temblando..., temblando..., la caña de bambú decidida y abandonada sólo pudo decir estas palabras:
- Pues..., córtamelas.
Continuó el Señor:
- Mi querida caña de bambú, todavía me queda algo que me cuesta mucho pedirte: tendré que partirte en dos y extraerte toda la savia. Sin eso no me servirás.
La caña de bambú ya no pudo articular palabra. Silenciosa y amorosamente abandonada, se echó en tierra, ofreciéndose totalmente a su Señor.

Así el Señor del jardín arrancó la caña de bambú, le cortó las hojas y las ramas, la partió en dos y le extrajo la savia.

Después la llevó junto a una fuente de agua fresca y cristalina, muy cercana a sus campos. Las plantas de aquellas tierras del Señor hacía tiempo se morían de sed, estando tan cerca del agua. Un pequeño roquedal impedía que el agua llegara a los campos. Con mucho cariño el Señor ató una punta de la caña de bambú a la fuente, y la otra la colocó en el campo. El agua que manaba de la fuente comenzó, poco a poco, a desplazarse hacia las tierras cercanas, también propiedad del Señor, a través de la caña de bambú.

El campo comenzó a humedecerse y reverdecer. Cuando llegó la primavera el Señor sembró arroz. Fueron pasando los días hasta que la semilla creció, y llegó el tiempo de la cosecha.

Y fue tan abundante que, con ella el Señor pudo alimentar a su pueblo.

Cuando la caña de bambú era alta y esbelta, la más bella de sus hermanas, vivía y crecía sólo para sí misma..., hasta se autocomplacía en su elegancia y esbeltez.

Ahora, humilde y echada en el duro suelo del roquedal, se había convertido en prolongación de la fuente de vida que el Señor utilizaba para alimentar su casa y hacer fecundo su Reino.

¿Qué quieres que haga por ti?...

Y tú, ¿qué estás dispuesto a hacer por mí?


Del libro "Fijos los ojos en Jesús. La parábola del agua"
Narcea S.A. de ediciones. Madrid 2002, 2ª edición. Págs. 166-169