viernes, 24 de octubre de 2014

Nadar en contra de la corriente de nuestra mente mecánica.

Nadar en contra de la corriente es muy difícil. A cada instante ,debes preguntarte, si tu mente y tu corazón están creando un espacio hostil o amoroso ,para que tu ser se abra en la vida. 
Ser ,es nadar en contra, de la corriente de los pensamientos automáticos. 

Todo camino interior, plantea la observación atenta, del flujo de pensamientos automáticos, que tienen origen en nuestro inconmensurable inconsciente. La vigilancia de dichas turbulencias, que Patanjali, denomino ¨chitta vrittis¨, los torbellinos de la mente, deberán ser puestos a permanente resguardo y observación, dando paso a una mente más pura, ecuánime y cristalina, menos contaminada con respuestas emocionales reactivas, racionales en exceso y desprovistas de frescura y creatividad .  

Un trabajo que nunca acaba y que por el contrario, se anquilosa , como el cuerpo que envejece  volviéndose duro y acorazado. Así la mente sin Testigo, se convierte en un mensajero despiadado, de un inconsciente irascible y vengador, abúlico, crítico en exceso y desconfiado. Una mente que no responde a mi libertad individual, sino a las respuestas envejecidas de lo que he sido, y ya no volverá.

Adriana Paoletta 

jueves, 23 de octubre de 2014

Como prepararse para la muerte y ayudar a otros para hacerlo.



Qué hacer en el momento de la muerte

Cuando llegue nuestro último día, necesitamos aceptarlo y no verlo como algo extraño; no hay otra manera. En ese momento, alguien que tenga fe en una religión teísta debe pensar: “esta vida fue creada por Dios, por lo que el final también está de acuerdo con el plan de Dios; aunque no me guste la muerte, Dios la creó y debe significar algo”. Las personas que realmente crean en un Dios creador deben pensar de esa manera.
Aquellos que siguen las tradiciones indias y creen en la reencarnación deben pensar en su vida futura y hacer algún esfuerzo por crear las causas correctas para una buena vida futura, en lugar de preocuparse, preocuparse y preocuparse. Por ejemplo, en el momento de morir pueden dedicar todas sus virtudes para que su próxima vida sea una buena vida. Y luego, en el momento de la muerte [sin importar cuáles sean nuestras creencias], el estado mental debe ser calmado; la ira y el miedo excesivos no son buenos.
Si es posible, los practicantes budistas deben usar su tiempo para irse preparando para sus próximas vidas; las prácticas de la bodichita y ciertas prácticas tántricas son útiles para ello. De acuerdo con las enseñanzas tántricas, al momento de la muerte ocurre la disolución de los elementos en ocho etapas (se disuelven los elementos más burdos del cuerpo y luego también se disuelven los niveles más sutiles). Los practicantes tántricos deben incluir esto en su meditación diaria; todos los días yo medito al menos cinco veces en la muerte (en diferentes prácticas del mándala) y ¡aún estoy vivo! Justo esta mañana he pasado por tres muertes.
Así, estos son los métodos para crear una garantía para una próxima buena vida y, como lo mencioné antes, para los no creyentes es importante ser realistas acerca del hecho de la impermanencia.

Cómo ayudar a los que están muriendo

Con respecto a las personas que están muriendo, es bueno que la gente que las rodea tenga algún conocimiento [de cómo ayudar]. Como lo mencioné anteriormente, si la persona que está muriendo cree en un Dios creador, podemos recordarle a Dios. Una fe unipuntual en Dios al menos tiene algún beneficio, también desde la perspectiva budista. Con aquellas personas que no tienen ninguna creencia ni religión, entonces, como mencioné anteriormente, hay que ser realista y es importante tratar de mantener su mente en calma.
Tener a los parientes llorando alrededor puede ser perjudicial para que una persona moribunda mantenga la mente en calma (demasiado apego); y por este apego hacia sus parientes también existe la posibilidad de que desarrolle ira y vea a la muerte como un enemigo; así que es muy importante tratar de mantener su estado mental en calma. Eso es importante.
En muchas ocasiones [se me ha solicitado que acuda a hospicios budistas]. En Australia, por ejemplo, hay un convento en el que las monjas están totalmente dedicadas al cuidado de los moribundos y de los que tienen enfermedades graves. Esta es una muy buena manera de poner en acción nuestra práctica diaria de compasión; eso es muy importante.

Reflexiones de su Santidad el Dalai Lama sobre un enfoque realista del budismo: conferencias para los antiguos residentes occidentales de Dharamsala

miércoles, 22 de octubre de 2014

Por qué sentimos que nuestra vida carece de sentido?.


Vivir una vida significativa

En primer lugar quiero saludarlos; muchos de ustedes son viejos amigos, amigos desde hace mucho tiempo, amigos que no han cambiado. Esto es muy bueno.
Han pasado treinta o cuarenta años desde que ustedes vivieron y estudiaron aquí. Nuestros cuerpos han cambiado; en términos generales, ni la espiritualidad ni la meditación pueden evitar que eso suceda. Somos impermanentes, siempre cambiamos, cambiamos momento a momento y eso es parte de la naturaleza. El tiempo está siempre transcurriendo, nada puede detenerlo. Así que la verdadera pregunta es si estamos utilizando el tiempo correctamente o no. ¿Utilizamos el tiempo para crearles más problemas a los demás, lo cual en última instancia también nos hace sentirnos infelices en lo profundo de nosotros mismos? Creo que esa es una manera incorrecta de utilizar el tiempo.
Una mejor manera es tratar de moldear nuestra mente cada día con una motivación adecuada y después vivir el resto del día con esa motivación. Y eso significa, si es posible, servir a los demás, y si no lo es, por lo menos abstenerse de dañarlos. En este sentido no hay diferencia entre las profesiones; cualquiera que sea la profesión se puede tener una motivación positiva. Si utilizamos nuestro tiempo de esta manera durante días, semana, meses, años, décadas (no sólo por cinco años), entonces nuestras vidas se vuelven significativas. Por lo menos estamos haciendo alguna contribución para la felicidad de nuestro propio estado mental. Tarde o temprano llegará nuestro fin y ese día no vamos a sentir remordimientos, sabremos que utilizamos nuestro tiempo de una manera constructiva.
Creo que muchos de ustedes utilizan el tiempo de forma adecuada y significativa. Eso es importante.

Tener una actitud realista acerca de la muerte



Sin embargo, nuestra vida actual no es eterna. Pero pensar: “la muerte es el enemigo” es totalmente errado. La muerte es parte de nuestras vidas. Por supuesto, desde el punto de vista budista, este cuerpo es en cierto sentido un enemigo; para desarrollar un deseo genuino de alcanzarmoksha, la liberación, sí necesitamos este tipo de actitud: que la verdadera naturaleza de este nacimiento y de este cuerpo es el sufrimiento y, por lo tanto, queremos que cese. Pero esta actitud puede crear una gran cantidad de problemas. Si consideran que la muerte es el enemigo, entonces el cuerpo también es el enemigo y la vida como un todo es el enemigo; esto es ir demasiado lejos.
Por supuesto que la muerte significa ya no existir, al menos para este cuerpo; tendremos que separarnos de todas las cosas con las que desarrollamos algún tipo de conexión estrecha en esta vida. A los animales no les gusta la muerte, así que naturalmente ocurre lo mismo con los seres humanos, pero somos parte de la naturaleza, por lo que la muerte es parte de nuestras vidas. Lógicamente, la vida tiene un principio y un final, hay nacimiento y muerte, así que no es inusual. Pero me parece que nuestros enfoques no realistas y nuestros puntos de vista sobre la muerte nos causan ansiedad y preocupaciones adicionales.
Como practicantes budistas es útil recordarnos diariamente la muerte y la impermanencia. Existen dos niveles de impermanencia: un nivel burdo (que todo fenómeno producido termina) y un nivel sutil (que todos los fenómenos afectados por causas y condiciones cambian momento a momento). En realidad, el nivel sutil de la impermanencia es la verdadera enseñanza del budismo, pero generalmente el nivel burdo es una parte importante de la práctica porque reduce algunas de nuestras emociones destructivas que están basadas en la creencia de que permaneceremos para siempre.
Miren a esos grandes reyes o rajás, y en el oeste también, con sus grandes castillos y fortalezas se consideraban inmortales; pero ahora, cuando vemos esas estructuras resulta bastante tonto. Miren la Gran Muralla China, creó un inmenso sufrimiento a los individuos que la construyeron. Pero esos trabajos se hicieron con la sensación: “mi poder y el imperio permanecerán por siempre” y “mi emperador permanecerá para siempre”; al igual que con el Muro de Berlín, algún líder comunista de Alemania Oriental dijo que duraría mil años. Todas estas sensaciones provienen del aferramiento a sí mismos, a su partido o a sus creencias y al hecho de pensar que permanecerían para siempre.
También es cierto que necesitamos deseo positivo como parte de nuestra motivación; sin deseo no hay movimiento, pero el deseo combinado con ignorancia es peligroso. Por ejemplo, está la sensación de permanencia que con frecuencia crea la noción de “permaneceré para siempre”; eso no es realista, eso es ignorancia, y cuando se combina con el deseo -querer algo más, algo más y algo más- se crean aún más problemas y dificultades. Pero el deseo con sabiduría es muy positivo y eso es lo que necesitamos.
También vemos [recordatorios de la impermanencia] en la práctica tántrica, con cráneos y ese tipo de cosas, y en algunos mándalas visualizamos cementerios (vertederos de cadáveres); todos estos son símbolos para recordarnos la impermanencia. Un día el automóvil en el que viajaba pasó a través de un cementerio, de tal forma que lo tenía fresco en mi mente cuando más tarde mencioné en una charla pública: “Acabo de pasar por el cementerio, ese es nuestro destino final, tenemos que ir allí”. Jesucristo lo demostró a sus seguidores en la cruz, que la muerte finalmente llega; el Buda lo hizo también. Alá no lo sé, Alá no tiene forma, pero Mahoma por supuesto que lo demostró.
Así que tenemos que ser realistas acerca de que la muerte vendrá tarde o temprano; si desde el principio desarrollan cierto tipo de actitud con respecto a que la muerte llegará, entonces cuando realmente llegue se sentirán menos ansiosos. Para un practicante budista es muy importante recordar esto diariamente.

Reflexiones de su Santidad el Dalai Lama sobre un enfoque realista del budismo: conferencias para los antiguos residentes occidentales de Dharamsala

martes, 21 de octubre de 2014

Música Medicina.




Que mi medicina me cure 

Es la medicina de todo 
Que mi medicina me cure 
Es la medicina de todo 

Dios Somos Todos 
Dios Somos Todos


disfruta del canto sanador

adriana

lunes, 20 de octubre de 2014

Mantra para la fuerza interior. Del guerrero reactivo ,al guerrero sabio y compasivo.




En el yoga que practicamos las asanas que inician las vinyasas son los guerreros. Esto es así dado que debemos templar nuestra fuerza interior. A veces esta fuerza está  debilitada por nuestras inseguridades, por nuestro entorno tóxico, o por no saber como regular dependiendo de las circunstancias los matices de la energía interior .

Virabhadranasa 4 en equilibrio grupal
 En Ashtanga Yoga Terapéutico aprendemos a tratar a la realidad misma con aceptación y ecuanimidad. El verdadero guerrero no trabaja para cambiar a los otros sino para desarrollar virtudes internas, poder interior y sabio manejo de su poder. 
Virabhadrasana 1 en duplas
La confianza se va aprendiendo desde el cuerpo, que tus piernas te sostengan, que tus brazos sientan la fuerza y la determinación para actuar , que tu corazón madure desde el trabajo interior con tus emociones, hacia la conquista de la ecuanimidad compasiva. 
Virabhadrasana 3
 Sobrevolar los obstáculos siendo testigos de nuestras fuerzas y debilidades no es fácil. Para ello los equilibrios nos enseñan la concentración, dharana, un tipo dinámico de meditación, mientras tu mente se va aquietando de sus torbellinos, vrittis, según Patanjali, recobrando el eje sagrado en  la médula espinal ,sushumna Nadi. 
  
Virabhadrasana 2
 Por ello aprendemos a observar las vasanas , las reacciones y condicionamientos internos que nos conducen a las acciones erróneas de la mente y a generar un ciclo de sufrimiento que no cesa jamas. 
Virabhadrasana 4

Aprender desde el cuerpo es el primer paso para domar la mente, observar nuestra respiración es contemplar la agitación de tus emociones y vasanas, mediante los pranayamas y los estados de equilibrio físico, para que el prana se dirija hacia el centro de la voluntad. Tener a prana dentro de tu cuerpo, es empezar a conquistar tu energía interior. 

Observar la realidad no es fácil, esto se logra con la meditación, incrementando al purusha, al testigo amable y sabio que todos tenemos en el centro del corazón y abrirnos camino desde esa visión transpersonal, para actuar en el mundo desde la presencia y acción conscientes y no desde la reactividad de una mente, turbia, llena de ira, vergüenza, culpa, remordimiento, deseo desmedido, avaricia,  falsas creencias que generaran, más y más sufrimiento.

El guerrero detiene el sufrimiento cuando se conoce a si mismo y comienza el camino de la compasión. 

Adriana Paoletta

Clases grupales martes 15,45 a 17 15, Miercoles 20 a 21. 20 hs, Jueves 19 a 21 hs.
Sesiones terapeuticas, masoterapia, alineacion chakras, sanacion pranica, acupuntura y fitoterapia.  1558002600.
Cursos de Formacion adultos y niños http://www.taitoku.com.ar/campus.htm



En todas las cuatro direcciones, Tú eres dominante.
En todas las cuatro direcciones, Tú eres el gozador.
Tú eres auto-iluminado y está unido con todos.
Destructor de malos tiempos, incorporación de la piedad.
Tú estás siempre dentro de nosotros.
Tú eres el eterno dador de poder indestructible.
Chatra chakra varti, chatra chakra bhugte
Suyanbhang subhang sarb da sarb llugt
Dukalang pranaasi dialaang sarupe
Sadaa ang sangue abhangang bibhute

 Jaap Saahib de Guru Gobind Singh. Este mantra elimina el miedo, la ansiedad, la depresión, fobias, y da victoria. Infunde coraje e intrepidez a la fibra de cada persona. Da saahib ( control sobre el domino de uno, auto comando y gracia ) . Puedes recitarlo esto cuando tu posición está en peligro y cuando tu poder interior sea débil.

sábado, 18 de octubre de 2014

Ángeles de la naturaleza cantan para ti.



Volvamos a la tierra.

Renacer de los duelos bautizados por las flores y el agua sagrada
nos  dará el nuevo cuerpo de luz que necesitamos para construir una nueva tierra. 
 Hermanos en la alegría, cercanos en los silencios, livianos en los miedos,
tengo tu mano muy tibia entre mis dedos y es casi imposible que tema, porque estas a mi lado.

 El amor es una apertura hacia la oportunidad de expresarte tal cual eres.
No intentes ser otro, pues no lo seras nunca.
El sufrimiento que te atormenta esta listo para saltar si tu lo haces
y le dices no a tu falso yo. 

Tu madre , el hogar puro que florece ahora bajo tus pies, te da la mano 
para que camines junto a nosotros.
Sueltos, simples, amables y dispuestos a protegerla y a  respetarla en  tu día
madre nutricia...

me arrodillo a tus pies.

Adriana



Visitanos en Terra Lodge Iguazu  https://www.facebook.com/pages/Terra-Lodge-Caba%C3%B1as-en-Iguaz%C3%BA/691685080895631?fref=ts

martes, 14 de octubre de 2014

Prana es la energía potencial oculta en toda la vida.



Explicar lo que es prana resulta tan difícil como explicar lo que es Dios.Según el maestro Iyengar se trata de una energía física,mental, intelectual,sexual, espiritual y cósmica. Todas las energías vibrantes son prana.Todas las energías físicas como el calor, la luz, la gravedad, el magnetismo y la electricidad, son también prana. Prana es la energía oculta potencial que se halla en todos los seres y que se ve liberada en grado sumo en momentos de peligro. Es el motor primario de toda actividad.Es la energía que crea, protege y destruye. El vigor, la potencia, la vitalidad, la vida y el espíritu son todas formas de prana.

Este video nos propone un ejercicio muy simple para conducir el prana hacia aquellas zonas de nuestro cuerpo que necesitan ser sanadas. Si respiras volviéndote conciente del prana sentirás como tu mente se aclara y tu cuerpo se relaja, sintiéndote cada día más fuerte, más sano y centrado en tu SER.

Namasté!

El prana y la lluvia

“Dicen algunos yoguis que antes de la lluvia
podemos absorber muchísimo prana”

Adriana Paoletta
La lluvia es parte de la Vida.
La Tierra y el ser humano estamos compuestos principalmente de agua y la lluvia es un elemento que nos ayuda a regenerarnos.
Pretender vivir en un mundo de Sol exclusivamente es como querer vivir sólo la infancia, perdiéndonos el resto de la Vida.
Aunque la actitud ante los elementos cambian según el país y el hemisferio donde vivamos, parece que la cultura moderna globalizada ha creado un imaginario colectivo de éxito asociándolo a días soleados, poca ropa y mucho optimismo y compañía, y uniendo la lluvia a soledad, tristeza, frío y desorientación.
España es conocido por un sector del turismo como el país de las “3 S”: Sun, Sea and Sex y la actitud general, también entre los autóctonos, suele ser de rechazo de las inclemencias climáticas, a pesar de la sequía y de todas las evidencias racionales de necesidad de todos los fenómenos meteorológicos. Eso se nota en las reacciones de la gente cuando llueve.
Para desmentir la mala fama de la lluvia traemos hoy un ejercicio llamado “Prana y lluvia” de Adriana Paoletta en su fantástico blog de yoga.
En este vídeo de 3′ Adriana nos explica que, según los yoguis, antes de la lluvia es el momento en que podemos absorber más prana o energía vital y esto lo podemos utilizar para recargar nuestras pilas internas y para ayudar a alguna zona de nuestro cuerpo a sanar o a destensarse.
Estos son los pasos:
  1. Absorber el aire nasalmente y despacio
  2. Permitir que los aromas de la Naturaleza entren en nuestro cuerpo
  3. Dirigir este aire mentalmente a todas las células de nuestro cuerpo y si existe dolor en alguna zona, dirigimos el prana conscientemente allí porque “donde va el prana, va tu energía vital”
Ella da estos útiles consejos para aprovechar el prana en un momento de esplendor y limpieza de la atmósfera, pero podríamos añadir el dejar que las primeras gotas de lluvia caigan sobre nuestro rostro para reconciliarnos con los ciclos de la Naturaleza y agradecerle este regalo energético.
Y recuerdo que si llevamos a cabo regularmente la limpieza nasal con la lota, nuestra capacidad de absorber prana será mucho mayor y nuestra conexión con el Todo, también.
¡Feliz y amigable próxima lluvia¡

lunes, 13 de octubre de 2014

Elisabeth Kubler-Ross. Acompañar a Morir, Una mirada de Amor .


 


 Un estudiante de psicología que estaba terminando la carrera se debatía interiormente debido a la pérdida que supondría la muerte de su abuelo, el cuál había contribuido a su educación y estaba gravemente enfermo. Según dijo, parte de su conflicto residía en la decisión de aplazar su último año de estudios para pasar más tiempo con él. Pero también se sentía impelido a terminar la carrera en aquel momento porque estaba aprendiendo mucho sobre la vida. -“Lo que estoy aprendiendo ahora en la facultad- explicó-, me está ayudando de verdad a crecer como persona.” -“Si quieres crecer como persona y aprender, debes darte cuenta que el universo te ha matriculado en un curso de postgrado de la vida llamado “pérdida”, le respondí”.  
Al final perdemos todo lo que tenemos, sin embargo, lo que de verdad importa no se pierde nunca. Nuestras casas, coches, empleo y dinero, nuestra juventud, e incluso nuestros seres queridos son sólo un préstamo. Como todo lo demás, nuestros seres queridos no nos pertenecen. Pero esta realidad no tiene que entristecernos, sino todo lo contrario, pues nos permite valorar las múltiples y maravillosas experiencias y cosas de las que disfrutamos durante nuestra vida en este mundo. Si la vida es una escuela, la pérdida es, en muchos aspectos, la asignatura más importante del programa de estudio. Cuando sufrimos una pérdida, experimentamos también el cariño de nuestros seres queridos ( y a veces inclusos los desconocidos) sienten por nosotros en nuestros momentos de necesidad. Una pérdida es un vacío en nuestro corazón, pero es un vacío que reclama más amor y que nos permite albergar el de los demás.

Llegamos a este mundo sintiendo la pérdida del útero de nuestra madre, aquel mundo perfecto que nos había creado. Somos arrojados a un lugar en el que no siempre nos alimentan cuando tenemos hambre y en el que no sabemos si nuestra madre volverá a nuestro lado cuando se aleja; un lugar en el que nos gusta que nos sostengan en brazos, pero donde, de repente, nos dejan sin más. Donde a medida que crecemos perdemos nuestros amigos cuando ellos o nosotros nos mudamos, y a nuestros juguetes, cuando se rompen o los extraviamos y donde también perdemos el campeonato de béisbol. Donde tenemos nuestros primeros amores, pero los perdemos. Y la lista de pérdidas no ha hecho más que empezar. Durante los años siguientes perdemos profesores, amigos y los sueños de la infancia. Todas las cosas intangibles, como los sueños, la juventud y la independencia, al final se desvanecen o terminan. Todas nuestras pertenencias son solo un préstamo. ¿Acaso fueron alguna vez verdaderamente nuestras?. Nuestra realidad en esta tierra no es permanente, tampoco lo son nuestras propiedades. Todo es temporal. 
La permanencia es imposible y al final aprendemos que no hallaremos la seguridad en el intento de conservarlo todo ni rehuyendo la experiencia de la pérdida. La verdad es que, no nos gusta ver la vida desde esta perspectiva. Nos gusta fingir que siempre gozaremos de la vida y de las cosas que hay en ella, y no queremos enfrentarnos a la última pérdida que viviremos: la muerte misma. Es curioso ver cómo fingen muchos familiares de enfermos terminales cuando llega el final. No queremos hablar de la pérdida que están sufriendo y mucho menos comentarlo con los seres queridos que van a morir. El personal de los hospitales tampoco quiere explicar nada a los pacientes; qué iluso por nuestra parte creer que las personas que se acercan al final de su vida no son concientes de la situación y qué absurdo creer que eso los ayude. Más de un paciente terminal ha mirado a sus familiares y les ha dicho con severidad :”No intentéis ocultarme que me estoy muriendo. ¿Cómo podéis no hablar de este hecho? ¿No os dais cuenta de que todo ser viviente me recuerda que estoy muriendo?”.



 La mayoría de nosotros nos resistimos y luchamos contra las pérdidas que experimentamos a lo largo de nuestras vidas, y la vida es pérdida. La vida no puede cambiar y nosotros no podemos crecer si no existe la pérdida. Un antiguo dicho judío dice que si bailas en muchas bodas, llorarás en muchos funerales. Eso significa que si estamos en muchos comienzos también estaremos en muchos finales. Si tenemos muchos amigos sentiremos muchas pérdidas. Si creemos que hemos sufrido grandes pérdidas es sólo porque hemos recibido muchas bendiciones durante la vida. Las pérdidas que experimentamos pueden ser grandes o pequeñas, desde la muerte de nuestros padres a no encontrar un número de teléfono. Y también pueden ser permanentes, como ocurre con la muerte, o temporales, como cuando añoramos a nuestros hijos mientras estamos de viaje. Hay cinco etapas que describen la forma en que reaccionamos frente a cualquier pérdida, no sólo ante la muerte. 
Estas etapas pueden aplicarse a todas nuestras pérdidas, ya sean grandes o pequeñas, permanentes o temporales. Supongamos que un hijo nuestro nace ciego. Experimentaremos una sensación de pérdida profunda y reaccionaremos de una de las siguientes maneras:   
 Negación: “Los médicos dicen que no puede seguir los objetos con la mirada, pero dadle tiempo y cuando crezca lo hará”.  
–         Rabia: “¡Los médicos tendrían que haberlo sabido! ¡Nos lo tendrían que haber dicho! ¿Porqué Dios nos ha hecho esto?.”   
 –         Negociación: “Podré soportarlo siempre que pueda aprender a cuidar de sí mismo cuando sea mayor”.  
–         Depresión: “Es terrible. Su vida estará tan limitada”. 
–         Aceptación: “Nos enfrentaremos a los problemas conformen surjan. Y a pesar de todo, podrá disfrutar de una vida llena de amor”. 
  Supongamos por otro lado y desde el punto de vista más superficial, que se nos cae una lente de contacto. Respondemos de la misma manera. No todo el mundo pasa por todas estas etapas cuando experimenta una pérdida. Las reacciones no siempre ocurren en el mismo orden. Sin embargo, sufrimos muchas pérdidas y de muchas maneras, y siempre respondemos de una u otra forma ante ella. Gracias a las pérdidas, adquirimos experiencia en este tipo de situaciones, tras lo cual estamos más preparados para enfrentarnos a la vida. Sintamos lo que sintamos cuando perdemos algo o a alguien, será exactamente lo que tenemos que sentir. Nunca debemos decirle a alguien: “Ya has experimentado la negación durante bastante tiempo, ahora debes sentir rabia”, ni nada parecido, porque no sabemos cómo ha de ser el proceso de sanación de las otras personas. Las pérdidas se sienten como se sienten. Nos hacen sentir vacíos, desvalidos, paralizados, inútiles, rabiosos, tristes y temerosos. No queremos dormir o bien queremos dormir continuamente; no tenemos apetito o queremos comer todo lo que encontramos. Podemos ir de un extremo a otro o pasar por todas las etapas intermedias. 
Experimentar cualquiera de estas sensaciones o todas, forma parte del proceso de sanación. Quizás lo único cierto respecto a la sensación de pérdida es que el tiempo lo cura todo. Por desgracia, la sanación no siempre es un proceso directo, no es como la línea ascendente de un gráfico que nos transporta de forma rápida y suave a la integridad, sino como una montaña rusa: subimos hacia la integridad y de repente nos hundimos en la desesperación; parece que vamos hacia atrás y entonces avanzamos, y después nos parece que retrocedemos al principio. Eso es la sanación. Es seguro que sanaremos y que volveremos a sentirnos completos. Quizás no recuperemos lo que hemos perdido, pero sanaremos. Y en un momento de nuestro viaje por la vida, descubriremos que nunca tuvimos realmente, del modo que creíamos, a la persona o la cosa por cuya pérdida nos lamentamos. Y también comprobaremos que siempre la tendremos, aunque de un modo distinto. Aspiramos a sentirnos completos. Esperamos poder conservar a las personas y las cosas exactamente como son, pero en el fondo sabemos que no es posible.
 La pérdida es una de las lecciones más difíciles de la vida. Intentamos que nos resulte más fácil revistiéndola de un aire romántico, pero el dolor de la separación de algo o de alguien a quien queremos es una de las experiencias más duras que podamos vivir. A veces nos hace sentir más tristes, solitarios y vacíos. Del mismo modo que no hay bien sin mal, ni luz sin oscuridad no hay crecimiento sin pérdida. Y aunque pueda parecer extraño, tampoco hay pérdida sin crecimiento. Esta es una idea difícil de comprender y quizás por eso siempre nos sorprende. Algunos de los mejores maestros en esta materia son padres que han perdido a sus hijos debido al cáncer. Al principio dicen que esta experiencia es el fin de su mundo, lo cual es comprensible. Años más tarde, algunos dicen que han crecido gracias a aquella tragedia. Como es lógico, habrían preferido no perder a sus hijos, pero su pérdida les ha ayudado de una forma que no esperaban. Aprendieron que “es mejor amar y haber perdido que no haber amado nunca”. Lo cierto es que, en general, no cambiaríamos la experiencia de amar y perder a nuestros seres amados por la de no haberlos tenido nunca. Si sólo miramos por encima nuestra vida y las pérdidas que hemos experimentado, puede resultar difícil comprobar que hemos crecido, pero crecemos. Las personas que han experimentado pérdidas a la larga se hacen más fuertes y más completas. 
-Cuando alcanzamos cierta edad solemos perder pelo, pero nos damos cuenta de que lo que hay en nuestro interior es cuando menos, tan importante como nuestro interior. -Cuando nos jubilamos ganamos menos, pero gozamos de mayor libertad. -Cuando nos hacemos viejos perdemos independencia, pero recibimos parte del amor que dimos a los demás. -A menudo, cuando sufrimos la pérdida de lo que poseemos en esta vida, nos lamentamos, pero después descubrimos que somos más libres y que nuestro destino era viajar por este mundo ligero de equipaje. -A veces, cuando las relaciones se terminan, descubrimos quienes somos, no en relación con las otras personas, sino con respecto a nosotros mismos. -Debemos perder algunas cosas o capacidades para que nos demos cuenta de cuanto valoramos lo que nos queda. La pérdida de nuestros seres queridos debido a la muerte es sin duda una de las experiencias más desgarradoras que podemos vivir. Sin embargo, algunas personas que han perdido a alguien por un divorcio o una separación, dicen con todos los respetos, que la muerte no es la pérdida máxima. Según ellos, la separación de aquellos a quienes amamos por una razón distinta a la muerte, es una de las separaciones más difíciles. Saber que la otra persona sigue con su vida y no poder compartirla con ella causa mayor dolor y hace que la decisión de continuar sea mucho más difícil que en el caso de la separación permanente debida a la muerte. Al fin y al cabo, encontramos nuevas maneras de compartir la existencia de aquellos que han fallecido, puesto que viven en nuestro corazón y en nuestra memoria. De los moribundos hemos aprendido cosas interesantes sobre las pérdidas, y los que han estado clínicamente muertos y que han regresado a la vida nos han enseñado lecciones claras y comunes a todos ellos. La 1º es que ya no tienen miedo a la muerte. La 2º, que ahora saben que la muerte sólo consiste en despojarse del cuerpo físico, igual que nos deshacemos de un traje cuando ya no lo necesitamos. La 3º, que recuerdan haber experimentado, al morir, un sentimiento profundo de plenitud y de unión con todo y con todos y ningún sentimiento de pérdida. Por último, dicen que no estaban solos, que siempre había alguien con ellos. 
 Un hombre de unos 30 años me contó que su mujer lo había abandonado de forma inesperada. Se sentía totalmente desolado. Mientras me hablaba de la angustia que experimentaba, levantó la vista y me dijo: -¿El sentimiento de pérdida es esto? Muchos amigos míos han perdido a seres queridos debido a separaciones, divorcios, e incluso la muerte. Estaban tristes y me decían que lo pasaban mal, pero yo no tenía ni idea de cómo se sentían. Ahora que lo sé, querría dirigirme a ellos y decirles que lo siento, que no sabía por lo que estaban pasando. Ahora he crecido y soy mucho más compasivo. En el futuro cuando un amigo sufra una pérdida, me comportaré de un modo totalmente distinto y le daré todo mi apoyo. Estaré disponible para él de manera en la que nunca había pensado y comprenderé el dolor por el que él estará pasando como nunca antes imaginé”. Este es uno de los objetivos por los que experimentamos pérdidas en nuestra vida. Las pérdidas nos unen, nos ayudan en profundizar en la compresión mutua, nos permiten relacionarnos de un modo que ninguna otra lección de la vida nos ofrece. Cuando estamos unidos en una experiencia de pérdida, nos preocupamos los unos de los otros y nos relacionamos de un modo nuevo y más profundo. La única cosa que resulta tan difícil como sufrir una pérdida es vivir en la incertidumbre de si va a suceder o no. Los enfermos dicen a menudo: “¡Desearía mejorar o morir!” o “Los días de espera para saber los resultados de las pruebas son insoportables”. Una pareja que intentaba recomponer su relación se quejaba: “La separación nos está matando, ojala podamos hacer funcionar nuestra relación o darla por terminada definitivamente.” 
En ocasiones la vida nos obliga a vivir en la incertidumbre sin saber si experimentaremos o no el sentimiento de pérdida. A veces tenemos que esperar durante horas para saber si la operación ha ido bien, unos días para conocer los resultados de la prueba o un período indeterminado de tiempo mientras algún ser querido se enfrenta a su enfermedad. Otras veces, cuando un niño se pierde, nos vemos obligados a experimentar la incertidumbre durante horas, días, semanas o períodos más largos. Las familias de los soldados que han desaparecido en combate viven con la angustia la situación. Muchas de ellas siguen sin hacerlo hasta que sepan, de forma definitiva, si han muerto o han sido rescatados. Pero también es posible que esa información no les llegue nunca. Norteamérica sufrió el dolor de la incertidumbre cuando la avioneta de John F. Kennedy hijo se dio por desaparecida durante unos días. El gobierno local, el estatal y el federal utilizaron todos los recursos de los que disponían para averiguar lo que había ocurrido porque el país necesitaba un final. Experimentar la incertidumbre de una pérdida es, en sí misma, una pérdida. No importa cuál sea el resultado de la situación porque constituye igualmente una pérdida a la que debemos sobreponernos. 

Las pérdidas son complicadas y rara vez nos dejan indiferentes. Además nadie puede predecir cual va ha ser su reacción ante una pérdida. El dolor es algo personal. Los sentimientos pueden ser contradictorios o abrumadores, y también podemos experimentarlos con retraso. Una pérdida, o incluso una posible pérdida, afecta a muchas vidas: la de la familia, los amigos, los compañeros de trabajo y también de los profesionales de la medicina que se ocupan del paciente. Todo el mundo se siente herido, incluso las mascotas de esa persona. Todo el mundo experimenta la sensación de pérdida y esto puede unirnos o separarnos. Durante un seminario, una mujer se lamentó de la pérdida de su esposo, no debido a la muerte sino al divorcio. Nos pareció interesante porque dijo que sus problemas empezaron mientras él luchaba contra el cáncer. “Durante el tratamiento yo me quedaba despierta por la noche y lo observaba respirar. Me consumía la idea de perderlo. Permanecía despierta y me preguntaba que haría el día que dejara de respirar. No podía soportar pensar en lo que pudiera pasar, en perderlo. Al final, sufrí una depresión nerviosa y me separé de él a causa de la culpa que sentía. Ahora, después de unos años, él disfruta de muy buena salud. 

De aquella situación aprendí que cuando alguien se enfrenta a una enfermedad que puede suponerle la muerte, toda la atención se centra en esa persona. Todo gira en torno a cómo evoluciona la enfermedad, cómo responde al tratamiento, etc. En aquellos momentos me sentí muy egoísta por experimentar mis propios sentimientos, mis propios miedos. En ningún momento se me ocurrió exclamar: “¡Eh, y yo qué!”. No me parecía bien. Yo no era el paciente, así que ¿Quién era yo para necesitar ayuda cuando era él el que se estaba muriendo? Por lo tanto no dije nada y al final estallé”. Nuestro dolor se complica cuando la pérdida está acompañada de circunstancias como defunciones múltiples, un asesinato, una epidemia, o cuando la muerte es repentina. Como efecto secundario, quizás sintamos rabia por las circunstancias de la muerte, un choque emocional por su rapidez, etc. De hacho creo que todo el dolor que sentimos es complicad; raras veces es simple. 
Sentimos la pérdida en nuestro momento y a nuestra manera y, de hecho, la negación es un favor que se nos concede: experimentamos nuestros sentimientos cuando nos llega el momento; permanecen a salvo hasta que estamos preparados. Esto les ocurre con frecuencia a los niños y los adolescentes que pierden a sus padres. Quizás no sientan mucho dolor hasta que sean adultos y puedan soportarlo. No podemos escapar de nuestro pasado. Muchas veces, la tristeza del pasado se mantiene latente hasta que estamos preparados para experimentarla. A veces, las pérdidas nuevas desencadenan la antigua y no sentimos y no sentimos una pérdida hasta más tarde, cuando sufrimos otra. Muchas personas experimentan sentimientos contradictorios ante la pérdida de algunos seres queridos, sobre todo cuando se trata de padres que le inspiraban emociones encontradas. El principal obstáculo para enfrentarse y superar ese sentimiento de pérdida es que no comprenden cómo pueden sentir lo que sienten por alguien con quien realmente no se entendían. “Mi madre era tan mezquina conmigo- explicó una mujer-. Era literalmente una tirana. ¿Por qué me duele que haya muerto?”. Lloramos por la pérdida de los que cuidaron de nosotros como correspondía y también por la de aquellos que no nos dieron el amor que merecíamos. 
Podemos sentirnos verdaderamente afligidos por la pérdida de personas que se portaron de un modo terrible con nosotros. Pero si sentimos aflicción por su pérdida, debemos experimentarla. Tenemos que darnos tiempo para llorar y sentir nuestras pérdidas y aceptar que no podemos negar esos sentimientos incluso si creemos que esa persona no merecía nuestro amor. Tanto si el sentimiento de pérdida es complicado como si no, todos sanaremos a nuestro debido tiempo y a nuestra manera. Nadie puede decirnos que ya deberíamos haberlo superado o que el proceso va demasiado rápido. 
El dolor es siempre individual. Siempre que avancemos en la vida y no nos quedemos estancados, estaremos sanando nuestro dolor. Muchas veces sin saberlo, recreamos pérdidas para enfrentarnos a ellas, aceptarlas y finalmente, superarlas. Otras veces, si hemos resultado heridos por una pérdida, desarrollamos maneras de protegernos: nos distanciamos de nuestros sentimientos, los negamos, ayudamos a otros a superar sus heridas para no sentir las nuestras o nos volvemos auto suficiente para no necesitar a nadie nunca más. Si nos preguntamos porque no dejamos de encontrarnos con personas que nos abandonan, quizás sea porque el universo nos envía a esas personas y situaciones para ayudarnos a sanar nuestro sentimiento de pérdida. Al final, sanaremos. De hecho, el proceso de sanación ya está en marcha. No obstante, hay veces que la lección de sanar una vieja pérdida consiste en darnos cuenta de que no podemos evitar sufrir otras nuevas. Cuando nos protegemos frente a las pérdidas, recaemos en ellas. Quizás nos mantengamos alejados de otras personas para asegurarnos de que no las perderemos, pero eso es ya una pérdida en sí. Las pérdidas suponen, a menudo, una iniciación a la etapa adulta. 

Las pérdidas nos convierten en hombres y mujeres auténticos, en amigos y esposos verdaderos. La pérdida es un derecho de paso; es cruzar el fuego para pasar al otro lado de la vida. “Cuando era niño, vi caer a mi madre al suelo justo cuando acababan de darle el alta en el hospital. Aquella caída me asustó y le dije que debería volver a ingresar. Ella observó mi cara asustada y me dijo:-Las personas se caen, y en el mejor de los casos vuelven a levantarse. Esto es la vida”. Las pérdidas son, en muchos aspectos, como las caídas. Hay algo arquetípico, ya sea de algo, de alguien, del equilibrio o la armonía. Atravesamos el fuego y cambiamos. Algo nuevo surge de nuestro paso por el fuego; ya no somos un diamante en bruto. La sociedad y también las familias y los individuos, experimentan pérdidas. Al principio, algunas familias viven en el caos que sigue a una pérdida y se desestructuran pero después sus sentimientos cambian y la familia vuelve a unirse. Para sanar una pérdida hay que pasar por varias etapas. 
Sentimos y reconocemos las pérdidas cuando estamos preparados. Debemos permitir que la clemencia de la negación actúe y recordar que sentiremos lo que tenemos que sentir cuando llegue el momento. Descubriremos entonces que la única manera de superar el dolor es experimentarlo. Lo comprenderemos cuando estemos preparados. Muchas veces, asimilamos una pérdida no pasados unos días o unos meses, sino al cabo de unos años. Con el tiempo descubrimos que podemos aceptar un mundo en el que hemos sufrido una pérdida. En la observación de cómo se enfrentan las personas a la muerte percibimos mucho simbolismo. Al principio quieren hacerse muchas fotografías, como si quisieran dejar constancia de que estuvieron aquí. Conforme su enfermedad avanza, pasan a menudo por una nueva etapa y ya no quieren salir tanto en las fotografías. Se dan cuenta de que estas tampoco son duraderas: en el mejor de los casos pasaría a manos de otra generación que ni siquiera los conocerán. Entonces descubren que lo que importa de verdad es su propio corazón y el de sus seres queridos y descubren esa parte del sentimiento de pérdida que podemos trascender. Todos podemos encontrar esas partes genuinas nuestras y de nuestros seres queridos que no se pierden. Y también podemos aprender que lo que realmente importa es eterno y nuestro para siempre. El amor que hemos sentido y que hemos dado no puede perderse. Incluso cuando experimentamos nuestro sentimiento de pérdida más profundo, sabemos que la vida continúa. Por muchas pérdidas y finales que se produzcan en nuestra vida, siempre hay nuevos comienzos a nuestro alrededor. En medio del dolor , la pérdida puede parecer eterna, pero el ciclo de la vida no deja de manifestarse.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Hipocondría. El miedo a la vida y a la muerte puesto en el cuerpo.


relajacion audio_hipocondriacos por AdriPaoletta

 Este audio de relajación está dedicado a todos aquellos que deseen reencontrar la sabiduria puesta en el cuerpo...



Entrevista con la psicóloga valenciana Amparo Belloch Fuster
Los misterios de la hipocondría, la enfermedad del miedo a morir.

Ocurre cuando una persona, con o sin síntomas, teme en forma obsesiva todo mal.

* Es más frecuente entre los hombres

* A veces no consultan por temor a que les confirmen un diagnóstico grave

* Las ideas sobre posibles enfermedades son continuas

Hay personas -aunque no se sabe cuántas- que conviven con un pensamiento permanente: el temor a estar enfermas y a morir inevitablemente por esa causa. Aunque en su cuerpo no haya indicios claros de alguna dolencia, y sean sanos y rozagantes, cada paso dado (o que tal vez no se animan a dar) está atrapado en ese pánico.

El trastorno, cuyo nombre deriva del supuesto órgano del cuerpo donde creían en una época que se originaba -el hipocondrio, que es la zona situada en la región superior y lateral del abdomen-, es por cierto muy antiguo pero aún despierta misterios.

La doctora Amparo Belloch Fuster, catedrática de la Facultad de Psicología de la Universidad de Valencia, España, hizo de la hipocondría tema central de sus últimas clases en nuestro país, que visitó una vez más invitada por la Fundación Aiglé.

-¿El hipocondríaco es un enfermo imaginario?

-No exactamente. Es alguien que le tiene pánico a la muerte. Una de las situaciones del entorno cotidiano que nos recuerdan que nos vamos a morir son las señales que nos envía nuestro cuerpo y eso, en el hipocondríaco, implica interpretar una manchita o un picor como un indicio inevitable de su finitud. Está todo el tiempo alerta a lo que sufre en su cuerpo.

-¿Es del tipo de persona que siempre va al médico?

-Depende, cuando está muy angustiado puede ir y pedir pruebas y por más que los resultados den bien sigue sintiéndose mal... No suele ser del tipo que consume muchos medicamentos: tiene miedo a los efectos adversos, entonces no se automedica.

-Tiene miedo a todo síntoma...

-En realidad más que miedo a los síntomas tiene miedo a que "eso" que siente realmente sean síntomas. Y a veces no va al médico por miedo a que le confirme que realmente tiene algo.

-¿Y entonces qué siente?

-No siempre síntomas físicos. Hay una confusión entre la hipocondría y el trastorno por somatización. El somatizador es aquella persona que convierte sus miedos y preocupaciones en síntomas físicos: jaquecas, dolores musculares, de espalda o gástricos que como son reales para él los interpreta como enfermedades y recorre consultorios buscando el origen de su mal.

-¿Todos somos somatizadores?

-En algún momento de la vida... Pero no hay ningún síntoma que por sí solo indique enfermedad. También todos podemos tener una hipocondría transitoria, como luego de la muerte de un familiar o un conocido, y pasar un período durante el cual podamos sentir temor a sufrir un problema similar. La hipocondría como trastorno crónico, en cambio, es estar preocupado todo el tiempo por estar enfermo y que eso cause una muerte inevitable.

-¿Expresan ese temor obsesivo?

-Generalmente lo que expresan es que no pueden dejar de pensar en la posibilidad de estar enfermos. Lo fundamental no radica en qué síntomas tiene -puede tenerlos o no-, sino en la rumiación continua, en la cabeza que no para de dar vueltas: y entonces si hago esto a lo mejor me pongo enfermo... mejor que no lo haga ¿y si muero?...

-¿Entre quiénes sucede más?

-En los hombres. Clásicamente se dice que la hipocondría es al hombre lo que la histeria a la mujer. La histeria es un trastorno disociativo: la persona convierte sus conflictos, en este caso en síntomas físicos tremendamente llamativos, y se desmaya de golpe, deja de hablar o se queda ciega, sin una causa orgánica que lo justifique. Hace una conversión a un síntoma físico de un problema psíquico y es más frecuente entre las mujeres. En la hipocondría tampoco hay un problema físico. En cuanto la mayor frecuencia, estamos obteniendo los primeros datos de una investigación que encaramos el doctor Héctor Fernández Alvarez de la Fundación Aiglé, sobre un estudio aplicado en poco más de 200 sujetos y corroboramos la tendencia: los hombres puntúan mucho más.

-¿Qué pasa cuando realmente tiene un problema físico?

-Generalmente, la hipocondría cede. Y como enfermos son muy obedientes. Con una adherencia extrema al tratamiento, no se saltan un régimen ni una pastilla, ni toman nada por iniciativa propia.

-¿Esta enfermedad se hereda?

-No hay datos. Pero la clínica dice que los hipocondríacos tuvieron padres que se preocupaban mucho, que por un resfriadillo no los mandaban al colegio. Y luego, en su vida juvenil, el hipocondríaco es ya aquel que no tomará conductas de riesgo, que será prudente al conducir y no cometerá excesos, entonces la familia suele apoyar sus actitudes, no lo ven mal.

-¿Y cómo son los tratamientos?

-Nosotros trabajamos con terapias cognitivas. Tenemos un programa de 15 sesiones, una vez por semana, de una hora de duración, con el objetivo de que la persona pueda organizar su mundo de manera diferente. Intentamos confrontarlo con sus creencias disfuncionales básicas. Y utilizando distintas técnicas. Por ejemplo, se usa un cuaderno donde la persona va anotando las ideas que lo asaltan, la acción automática que eso suscita, la emoción que genera y el pensamiento. Y luego se trabaja con esos elementos. También proponemos la hora de la preocupación : se le pide que no piense en su temor durante todo el día, pero que sí reserve algunas horas para hacerlo, y hasta cansarse. Y pasa tanto tiempo pensando en su miedo básico que llega a aburrirse. Pero, sin embargo, nada ocurre después, entonces el temor obsesivo va cediendo.

-¿Hay curación?

-No. Este un problema crónico, de larga data, y esto significa que no tiene curación. Buscamos mejorar el componente de la ansiedad por la salud. El objetivo no es que deje de ser hipocondríaco, pero que conviva razonablemente con su problema. Y, en etapas posteriores, animarlo a cosas más riesgosas, pero cuando le haya perdido el miedo a los pensamientos.

Por Gabriela Navarra
De la Redacción de LA NACION