domingo, 14 de diciembre de 2014

Anselm Grün, hacia una nueva imagen de Dios

Si mago es aquel que logra transformar las cosas, este hombre encarna claramente este arquetipo.

"¡Mami, mirá! ¡Un mago de verdad!", señaló un chico de 6 años, alumno del colegio alemán donde Anselm Grün desarrolló parte de sus actividades durante su reciente visita a la Argentina. Al verlo en su escuela, el pequeño quedó cándidamente sorprendido por ese personaje, cuyo aspecto sin duda permite confundirlo con el mítico Merlín o el más reciente Gandalf.
Si mago es aquel que logra transformar las cosas, este hombre encarna claramente este arquetipo. Anselm Grün, sin embargo, prefiere definirse como un simple monje benedictino misionero, que pregona la bondad de Dios. Sin embargo, es mucho más que eso, ya que su mensaje espiritual es profundamente renovador, simple en su lenguaje, pero nada simplista en su contenido; cargado de una sólida esperanza, que se basa en su extensa experiencia como psicólogo y terapeuta, además de religioso.
Estudió y recibió títulos en teología, psicología y administración de empresas; una formación que le permitió desplegar una perspectiva múltiple, donde lo espiritual y lo terrenal están claramente articulados.
Parece haber encontrado la fórmula para transformar tanta riqueza espiritual en abundancia material
Actualmente administra la Abadía de Münsterschwarzach, en el sur de Alemania, y varias empresas ligadas al convento, aunque la mayor parte de su tiempo lo dedica a atender consultas, a escribir y a viajar por el mundo como conferencista. Se nota que ha logrado un equilibrio interior importante, porque a sus 69 años irradia una serena alegría. Pese a su nutrida agenda, no se lo ve nervioso ni ajetreado.
También parece haber encontrado la fórmula para transformar tanta riqueza espiritual en abundancia material, ya que como autor es un verdadero bestseller, con una larga lista de títulos, entre ellos El libro de los valores El espacio interior, y más de veinte millones de ejemplares vendidos en treinta idiomas.
Después de seguirlo durante cuatro días y de entrevistarlo, creo que es realmente un mago, como bien vio el niño del colegio alemán. Pero no sólo por su aspecto, ni por su capacidad como administrador o autor exitoso; ni siquiera por su inefable condición para llegar al corazón de las personas y sanar las heridas del alma. Más allá de todo esto, que constituye en cierta forma su misión pastoral, Anselm Grün encarna una transformación en el paradigma de la imagen de Dios que se corresponde no sólo con la apertura de la Iglesia Católica que ahora lidera nuestro Papa Francisco, sino con una necesidad de la consciencia colectiva.
Después de muchos siglos de una idea patriarcal, autoritaria y rígida de Dios, donde el amor estaba condicionado a la buena conducta y la culpa invadía casi todas nuestras acciones, parece que el cambio de paradigmas también está llegando hasta allí, dando lugar a una vivencia espiritual mucho más interesante, bondadosa y positiva.
"La Iglesia Católica colaboró en forjar una imagen muy negativa de Dios, basada en la idea del pecado, el castigo, el control -dice Grün-. Debemos abandonar la idea de Dios como un juez arbitrario. La psicología nos ha enseñado que la imagen que tenemos de Dios es una proyección de la imagen que nos hacemos de nosotros mismos. Quiere decir que si veo a Dios como un padre que me juzga y me castiga es porque yo mismo soy un juez castigador e implacable de mi mismo y de los demás. Esto no sólo causa daños psicológicos, sino que ha generado una imagen muy infantil de Dios."
Una de las ideas más provocadoras del padre Grün es la de "abuso espiritual", que él equipara al abuso sexual. Cuando en nombre de ese Dios vigilante y castigador se amenaza a las personas para manipularlas con el temor, "se abusa de lo santo para ejercer el poder, y de esta manera, a través de la culpa, se quita la dignidad del ser humano". Pero el aspecto más peligroso de aceptar esta imagen de Dios es que nos convierte en víctimas y esto puede alimentar el "narcisismo espiritual", algo así como creerse especial y superior porque suponemos que hemos sufrido más que otros. "Aunque la herida espiritual es la más profunda de todas las heridas, no debemos permanecer en el rol de víctimas -sostiene-, porque entonces nos transformamos en victimarios y terminaremos tiranizando a los demás. El narcisismo espiritual refuerza mis heridas en lugar de sanarlas. Sólo podemos cortar ese círculo abandonando el papel de víctimas, adoptando una actitud activa frente al dolor. Imaginando, por ejemplo, que al levantar las palmas de mis manos sale a través de ellas la bendición hacia aquel que ha sido o es mi victimario. Esto requiere mucho valor, casi como el que tuvo Jesús crucificado al perdonar a sus asesinos. Pero este cambio de actitud me saca de la pasividad de la víctima y me permite transformar lo negativo en algo positivo. Al hacer esto me he levantado, me he erigido y lo puedo mirar con otros ojos."
El cristianismo, en esta dimensión profundamente paradójica que encierra el perdón, sigue siendo una invitación a seguir creciendo psicológica y espiritualmente
El cristianismo, en esta dimensión profundamente paradójica que encierra el perdón, sigue siendo una invitación a seguir creciendo psicológica y espiritualmente, y también plantea un desafío social y moral muy vigente, ya que éste no es un tema exclusivamente religioso, sino de una enorme trascendencia para abrir la posibilidad de superar las heridas que sobrellevamos a nivel individual y como sociedad.
Allí donde nuestra mente racional no comprende, donde algo se resiste a entender, es porque se ha planteado una paradoja, una oposición que sólo se supera al ver las cosas desde una perspectiva más amplia. Tal vez por la temprana influencia del budismo y la meditación zen, como por su compenetración con la psicología profunda de Carl Gustav Jung, varios son los aspectos de los que habla Grün que sugieren la necesidad de una verdadera expansión de la consciencia. Y uno fundamental es la necesidad de preservar la apertura hacia el misterio, para evitar caer en el fundamentalismo y, como diría Humberto Maturana, en la "tentación de la certidumbre".
Grün, que hizo su tesis sobre el dogmatismo, insiste: "El dogma es el arte de mantener el secreto abierto para mantener el misterio. Cuando digo que Cristo es hijo de Dios, no sé realmente lo que significa esto, pero mantengo el misterio abierto, no lo anclo, no achico o envaso el concepto. Y de esta manera permanezco abierto a otras visiones".
En mi afán por encontrar correlaciones entre la espiritualidad y la nueva visión de la ciencia sugiero alguna semejanza con el concepto de incertidumbre y vacío pleno que desarrollaron la física y la cosmología cuánticas. "La nueva física plantea muchas paradojas y quedan muchas cosas abiertas, pero no por eso podemos identificar la ciencia cuántica con la teología. Sin embargo, la física cuántica nos permite entender muchos conceptos nuevos de la teología. Por ejemplo, demuestra que no hay un contraste entre materia y espíritu, que en la materia hay espíritu, o que con nuestra consciencia podemos influir sobre la materia, pues todo está interrelacionado y, por tanto, también está abierta para el misterio. Nos permite dar una explicación no mística para hechos bíblicos o espirituales, como la irradiación que tuvo Jesús en la cruz, o el misterio de la muerte y la resurrección, o el poder de la oración. Pero lo importante es seguir abiertos al misterio, no definir demasiado los conceptos porque pierden la riqueza del sentido. Podemos ver la resurrección como una transmutación del cuerpo físico, pero también como una forma de resucitar de la tumba de nuestra resignación y así festejar la resurrección en vida. O en otro sentido, comprender que con la muerte del cuerpo no morimos a la nada, sino que en realidad nacemos a la totalidad, a la plenitud de nuestro ser."
Escuchar al padre Anselm Grün hablar de la muerte y la resurrección es conmovedor. Pero lo más importante es que estas imágenes van ayudando a disolver uno de nuestros mayores enemigos: el miedo.
Estas imágenes van ayudando a disolver uno de nuestros mayores enemigos: el miedo
Así como la imagen de la muerte que sugiere es sumamente tranquilizadora y, como él mismo dice "materna, como María que recibe a Jesús en su regazo...", la imagen de Dios que transmite es sorprendentemente amorosa y compasiva. Acorde con el resurgimiento del principio femenino y el lento ocaso del patriarcado que estamos transitando, el Dios que nos muestra Grün resulta más bondadoso y maternal que aquel que sirvió para controlarnos a través del temor. Pero por supuesto, él vuelve a reanimar el espíritu paradojal de la naturaleza de Dios, uno de los misterios más profundos del mensaje cristiano. "Dios es paternal y maternal, pero no es ni padre ni madre, porque prescinde de toda estructura. Por las dificultades personales que tuve con mi padre, me cuesta mucho vincularme a un dios paterno y me siento más a gusto con un dios materno. Pero creo que comprender ambos aspectos de Dios -masculino y femenino- es muy importante, porque nos permite sostener su carácter de persona y por tanto, entablar un diálogo con él o con ella, que es clave para poder establecer buenos vínculos con otras personas. Al mismo tiempo, no debemos perder de vista el carácter suprapersonal o transpersonal de Dios, que sería el que nos hace sentirnos uno con la Naturaleza, y por tanto, nos llevaría a cuidarla y respetarla como a nosotros mismos."
El mensaje de Grün es una invitación al encuentro y la reconciliación con una dimensión de lo divino que, sin duda, aún nos falta explorar en Occidente. Pero su persona y sus palabras son una inspiración para que cada uno pueda encontrar esa misma magia en su interior..

lunes, 1 de diciembre de 2014

Regula tu ansiedad para dormir mejor con Chandra bedhana pranayama


Este post está dedicado a Silvia que me ha escrito desde Barcelona consultándome por el tema del insomnio.

El sábado en la clase de Yoga para niÑos, después de una práctica vigorosa , les enseñamos a calmar su ansiedad mediante técnicas de pranayama. El chandra bedhana, es una respiración para realizar cuando tienes ansiedad, no puedes conciliar el sueño o sientes algún tipo de desorden en tus emociones.

Debes crear una pinza con tus dedos llevando los dedos índice y anular hacia dentro de la palma de tu mano quedando libres el anular , el meñique y el pulgar que harán una suave presión en las aletas de las nariz. Comienzas exhalando el aire.
  • obturas la fosa derecha
  • inhalas por izquierda, obturas izquierda
  • exhalas por derecha, obturas derecha
  • inhalas por izquierda
  • aquí se concluye un ciclo. Persiste realizando 10 ciclos.


  • Para los yoguis la fuerza lunar incide en el flujo respiratorio de la fosa izquierda, que es anabólico, eferente e inhibitorio de los órganos y está directamente relacionado con la función de un nadi o ruta de la energía llamado nadi Ida .


Este nadi gobierna el funcionamiento del sistema nervioso parasimpático, que tiene la misión de relajar las funciones corporales y conservar la energía. Las funciones del sistema nervioso parasimpático nos ayudan a relajar los músculos superficiales, a enviar pequeñas señales a las vísceras para que activen la digestión y la asimilación de nutrientes.
En pleno verano respirar por la fosa izquierda refresca el organismo, baja el ritmo sanguíneo, contrae las vías respiratorias y disminuye la tensión arterial.
La fosa nasal izquierda y el nadi ida están así mismo vinculados con el hemisferio cerebral derecho, que gobierna el lado izquierdo del cuerpo y está asociado al gobierno de los sentidos en el mundo (gñanendriyas).

De él dependen entre otras funciones:
* la sensibilidad artística.
* la orientación en el espacio.
* el conocimiento intuitivo.
* el conocimiento holístico.
* las percepciones extrasensoriales etc.


Estos ciclos de alternanacia entre el swara lunar y solar se corresponden con el día y la noche , los ciclos circadianos, que se ven afectados con la ruptura de los ritmos naturales. La inclusión de la luz eléctrica con toda la tecnología de ordenadores , televisores, radio etc, ha hecho que los ciclos lunares, de oscuridad, introspección, creatividad, metabolismo, sueño plácido, se desordenen por la violencia de estímulos lumínicos que recibimos en horarios en que sube una hormona que regula el crecimiento y el sueño, la melatonina ,que se activa cuando se pone el sol y llega la oscuridad.
Cuando el universo duerme y sueña deberás también serenarte, medita o realiza esta respiración, apagando los estímulos lumínicos.No deberás acostarte después delas 11 ya que se quiebra el ciclo natural del sueÑo regulado por la hormona melatonina. Verás que amanecerás radiante al otro día.
Namasté!
Dulces SueÑos, querida Silvia!

martes, 25 de noviembre de 2014

Es necesario recorrer el desierto para encontrar la lluvia fresca


Realmente no sabemos hacia donde vamos. Podemos controlar la vida?
Es tan simple lo vital y tan difícil de establecer un orden . Ese orden es algo que nos trasciende como humanos y debemos imitar. El orden divino nos invita a seguirlo, inspirándonos en el.

Amar, soltar, dejar vivir, aprender, no dañar, enfrentar la verdad, crecer respetando a  los que saben , cuidar de los enfermos, los ancianos y los niños...

En quién confiar? En aquellos que veas desprendidos de sus actos y no te pidan ser sus esclavos. Que puedas reconocer en ellos el  sabor del servicio, la escucha, la amabilidad y el respeto.

Es necesario recorrer los desiertos humanos, para encontrar agua fresca en tu camino interior.
Pero cuando llegues a encontrar tu verdadera familia de sangre y de espíritu , tendrás la gracia de haber llegado al corazón  de tu comunidad , que te recibirá con los brazos abiertos, danzando en la lluvia.

Adriana  Paoletta

lunes, 24 de noviembre de 2014

Cuidar siempre es posible. Cuando los médicos no curan siempre pueden curar.


En mi familia y en mi profesión, fuimos siempre cuidadores. Todos los integrantes, mi marido, un gran ejemplo de ello y mis hijos, tuvimos desde una temprana edad, ese rol familiar. Ese don ,que tienen los que no temen a la muerte y acompañan al enfermo desde los primeros síntomas de su enfermedad hasta su partida. Cuidar es dar amor y cuando sabemos darlo ,nuestro corazón queda en paz después de la partida. Dedicado a mi alumna y querida amiga  Vanesa , una gran cuidadora, que acompaña de la mano a su mamá, hasta las puertas del Paraíso. Te quiero Vane!
Adriana Paoletta


Julio Gómez, médico del equipo de Cuidados Paliativos a Domicilio del Hospital de San Juan de Dios, de Santurce (Bizkaia)

"En cuidados paliativos no se ayuda a morir, sino a vivir hasta el final"

  • Por CLARA BASSI
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Julio Gómez es médico del equipo de Cuidados Paliativos a Domicilio del Hospital de San Juan de Dios, de Santurce.
Julio Gómez sabe en primera persona lo que es perder a un ser querido: su hija falleció cuando tan solo tenía tres años y medio. De su dolorosa experiencia vital y de su labor profesional, su trabajo como médico del equipo de Cuidados Paliativos a Domicilio del Hospital de San Juan de Dios, de Santurce, nace el libro "Cuidar siempre es posible" (Plataforma Editorial). En él explica, en un tono óptimo para el gran público, en qué consiste la medicina paliativa, cuál es su función y cómo puede ayudar a los enfermos en fase terminal, a sus familiares y cuidadores a soportar el dolor total al final de la vida, que es la suma de todos los que puede padecer un ser humano: dolor físico, psicológico, social y espiritual. Paliarlo es posible. Es más, cuando muchos profesionales de la medicina pronuncian la temida frase "ya no hay nada que hacer", Gómez afirma que "aún queda mucho por hacer, solo que otras cosas": cuidar al máximo a la persona, hasta el final.
¿Qué son los cuidados paliativos?
La Medicina Paliativa se centra en procurar una atención integral y activa a personas que padecen enfermedades avanzadas y no responden a un tratamiento curativo, para las grandes necesidades y síntomas que presentan en el aspecto físico, psíquico, social y espiritual, sin dejar de atender a sus individuos o familias afectados también en esta situación. Y así se hace hasta el final de la vida y en el duelo de sus seres queridos.
¿Qué equipo de profesionales se encarga de aplicar estos cuidados?
En el caso de la atención a domicilio: médicos, enfermeras, trabajadores sociales y psicólogos. En el ámbito hospitalario, se complementa con personal que realiza la labor de auxiliar de enfermería, de pastoral y de capellanía, pero en general, en toda la planta de paliativos, hasta nuestro personal de limpieza tiene una actitud de acompañar o de pensar en ayudar.
¿Qué pacientes, además de los oncológicos, suelen beneficiarse de este tipo de cuidados?
"A pesar de lo difícil del momento y de la tensión que supone, el paciente aún puede disfrutar de la visita de sus hijos y el cariño de su pareja"
Creo que este es uno de los grandes retos. De forma tradicional se han aplicado a los enfermos de cáncer, pero no son los únicos. Hay otras muchas patologías: la insuficiencia cardiaca avanzada, respiratorias (como la fibrosis pulmonar y otros problemas crónicos), la insuficiencia renal o hepática (cirrosis hepática), el sida en su etapa más avanzada, las demencias, como el Alzheimer, en su fase más avanzada y final. Hay grupos no oncológicos que se pueden beneficiar de los cuidados paliativos, que no tienen por qué empezar en la agonía o preagonía. Se pueden aplicar tempranamente para controlar los síntomas, para dar la máxima calidad de vida posible y complementar la labor curativa, garantizando el confort del enfermo y su familia. Pero, a medida que la enfermedad progresa y la intención curativa se pierde, cobran un papel más importante los cuidados paliativos.
¿Quiénes deciden que se deben aplicar los cuidados paliativos: los familiares, los enfermos o es decisión de los médicos?
Lo lógico es que, por una parte, sea el profesional (el médico, oncólogo, neurólogo, etcétera) que está en contacto constante con el enfermo y sus síntomas quien decida derivarlo para controlarlo. Otras veces, los familiares, que ven a su ser querido sufriendo, con dolor, sin dormir y que no responde bien al tratamiento, son quienes buscan aliviar sus síntomas. Es importante que se tome conciencia de que los cuidados paliativos están ahí y que son un derecho que tiene toda la población; de la misma forma que la mujer embarazada le pide al obstetra la anestesia epidural. Ante una situación avanzada, el enfermo y su familia pueden pedir ser atendidos por especialistas de cuidados paliativos.
¿Hay miedo a los cuidados paliativos a raíz de algunas noticias que puede confundirlos con la sedación y la eutanasia? ¿En qué se diferencian?
"El mejor lugar para morir es donde el enfermo quiera y el cuidador pueda asumir"
Quiero dejar bien claro que no son dos caras de una misma moneda: la eutanasia y los cuidados paliativos no tienen nada que ver. Podríamos resumirlo con la frase de un compañero: "La eutanasia elimina a la persona que sufre, mientras que los cuidados paliativos eliminan el sufrimiento de la persona". Por lo tanto, los cuidados paliativos no eliminan a nadie y sí su sufrimiento. Y la sedación es el último recurso que tenemos para aliviarlo. Una persona no fallece porque se la sede, sino que la sedación se aplica en el proceso de morir, cuando su enfermedad ya está avanzada, en su fase terminal, para paliar sus molestias. La sedación no es una forma de eliminar a la persona, sino una indicación médica, cuando la morfina y los ansiolíticos para aliviar el dolor han fracasado y sus síntomas se han vuelto refractarios. En este caso, el siguiente escalón es dormir a la persona, siempre con su consentimiento. Esto no significa que haya tenido que firmar un papel, pero sí que en la relación clínica o en el diálogo con el equipo haya manifestado su voluntad.
¿Cree que nos falta impregnarnos de la cultura de los cuidados paliativos?
Creo que se ha avanzado, pero que aún tenemos una visión medicalizada de la asistencia y de que un tratamiento debe ser curativo y que, cuando falla, es un fracaso. Todavía no se deriva lo suficiente a los especialistas en paliativos y aún se dice "ya no hay nada que hacer", cuando hay que hacer cosas distintas y más importantes para afrontar el final de la vida: tratar el dolor, el insomnio, la angustia, las molestias, el sufrimiento físico y psíquico, y otras necesidades relativas al sentido de la vida. Según como haya sido el final para el propio enfermo y sus seres queridos, será su recuerdo del final.
En su libro se refiere a "atender el dolor total", ¿en qué consiste?
"La sedación es una indicación médica, cuando la morfina y los ansiolíticos para aliviar el dolor han fracasado y sus síntomas se han vuelto refractarios"
El concepto de dolor total fue acuñado por Cecile Saunders, que es la madre de los cuidados paliativos modernos. Cuando una persona tiene una enfermedad que amenaza su vida y se encuentra en fase terminal, experimenta malestar a diferentes niveles: físico (en el cuerpo, dificultad al respirar, insomnio, estreñimiento, etcétera);emocional, ya que se muestra triste, ansiosa o con miedo a dormir y queda afectada desde el punto de vista psicológico; social, porque la enfermedad recoloca al individuo en el conjunto de la sociedad, al no poder trabajar como antes y pasar de estar en el mundo laboral a su domicilio o el hospital, pierde su capacidad económica, se preocupa por su familia cuando no esté, y no ve a sus conocidos; y espiritual, ya que el enfermo se formula preguntas como "por qué a mí", "qué he hecho yo", "cuál es el sentido de la vida". Este sufrimiento global configura el concepto de dolor total. Por eso, nuestro equipo atiende a las personas en esta situación: no solo al individuo que sufre malestar físico, sino que trata de dar respuesta a ese dolor total. En eso nos diferenciamos de lasunidades del dolor, que atienden a la vertiente física.
Los cuidados paliativos, ¿se demandan más en casa que en el hospital?
A la mayoría de las personas, si pueden elegir, les gusta estar en casa, siempre que se garantice un adecuado control de los síntomas. Solo el 20% prefiere el hospital. En mi experiencia de nueve años con un equipo de cuidados paliativos a domicilio he atendido a más de 1.000 pacientes y siete de cada diez han fallecido en su domicilio. El mejor lugar para morir es donde el enfermo quiera y el cuidador pueda asumir.
Otro de los retos es la mayor presencia en nuestro país de personas de otras culturas. ¿Hay mediadores culturales en los equipos de cuidados paliativos?
"Los cuidados paliativos son un derecho de toda la población"
Todavía no, pero sin duda alguna, serán necesarios. No obstante, en el ámbito religioso se han elaborado guías y materiales sobre cómo las diferentes religiones afrontan el hecho de morir, que son herramientas para prestar mejores cuidados paliativos. En nuestro servicio, hemos atendido a personas budistas y musulmanas. En estos casos, contactamos con el imán de la mezquita para que nos asesore sobre los cuidados, ritos y formas con las que afrontan el final de la vida.
Dice usted en su libro que "ayudar a vivir es ayudar a morir". ¿Por qué?
En los cuidados paliativos no ayudamos a morir, sino a vivir hasta el final, con los elementos que configuran la vida del sujeto que aún está en proceso de tomar decisiones. A pesar de lo difícil del momento y de la tensión que supone, este aún puede disfrutar de la visita de sus hijos, el cariño de su pareja. Es posible disfrutar en este momento. Cuando oigo hablar de la ley de Muerte Digna, me rebelo. Primero se debería hacer una ley de la vida digna hasta el final y ayudar a un mejor control y apoyo a los síntomas dolorosos y al dolor total.

EL CUIDADOR, INSEPARABLE DEL ENFERMO TERMINAL

El cuidador del enfermo terminal, así como sus familiares más próximos, también forman parte de la atención del equipo de cuidados paliativos. "Para el equipo de paliativos, esta figura es inseparable del enfermo. Si el paciente está bien, el cuidador está bien y, viceversa", explica Julio Gómez. El cuidador principal, a su vez, pasa por las distintas etapas emocionales que atraviesa el enfermo en el momento en que es conocedor de la grave enfermedad que amenaza su vida: la ira, el enfado, la tristeza y aceptación. Uno de los objetivos del equipo de cuidados paliativos es "acompasar los ritmos", pues si uno está enfadado por la enfermedad que tiene y su cuidador niega la realidad, o uno está en la fase de aceptación y el otro está triste, la comunicación no es buena, informa Gómez.
Otra tarea del equipo de cuidados paliativos es prestar soporte al cuidador en una multitud de pequeñas decisiones que debe tomar, de modo que se sienta de forma permanente "contestado y apoyado". Entre estas decisiones figuran movilizar recursos sociales, para procurarle el descanso y buscarle la ayuda domiciliarianecesaria para darle un respiro y que pueda salir a distraerse con algún amigo o acudir a una sesión de soporte, pone como ejemplos Gómez.
Hay que tener en cuenta que cuando el equipo de cuidados paliativos entra en acción para atender a un enfermo terminal y a su familia, se pueden producir dos tipos de situaciones. En ocasiones, puede que algunos procesos de estos enfermos hayan sido rápidos, lo que supone un duro golpe para el afectado y sus seres queridos, pero otras veces puede que hayan llegado a esta situación tras varios años de un lento e inexorable deterioro, lo que entraña un gran desgaste para el cuidador.
Una buena atención paliativa también es crucial para prevenir el duelo complicado y ayudarlos a superar la pérdida. Para ello, el cuidador debe quedarse con la sensación de que su ser querido, lejos de haber sido abandonado en sus últimos días, ha estado bien atendido hasta el final, según información de Gómez

sábado, 22 de noviembre de 2014

Las neurociencias de la fe: en busca de respuestas


Desde niña la fe fue naciendo como un un río  de montaña caudaloso . Las experiencias místicas fueron mi relación con lo divino y mi religión. Hace varios años que hemos publicado en este blog de investigación ,artículos sobre Neuroteologia. Estoy muy feliz de que el Diario La Nación  haya publicado  ayer esta nota acerca de la fe  y su importancia en la vida de la humanidad.  

                                                                                            Adriana Paoletta


Por qué es el ser y no más bien la nada? La pregunta fundacional de la metafísica expresa una angustia existencial que precede a la civilización y es germen de mitos y religiones desde los albores de la humanidad.
Los antropólogos registran evidencias de que ya hace 160.000 años los Neandertales enterraban intencionalmente a sus muertos, lo que sugeriría que ya existía un pensamiento (¿o sentimiento?) religioso o mitológico de un "más allá". Desde el punto de vista evolutivo, Franz de Waal, el célebre primatólogo, afirma incluso que en nuestros ancestros evolutivos ya se advierten signos de empatía, colaboración y ciertas normas sociales que podrían considerarse precursores de la moral humana, que antecedió al surgimiento de la religión.
Desde entonces hasta hoy, el mito y la religión se encuentran en todas las culturas a partir de una noción de lo sobrenatural y lo ritual, un pensamiento moral y una serie de verdades sagradas. Semejante universalidad no podía dejar de atraer el interés de los científicos. Entre otras disciplinas, las neurociencias se sienten particularmente interpeladas por el desafío de comprenderla, ya que muchos de los indicios que logran reunir sobre el funcionamiento del cerebro aportan evidencias que orientan la interpretación de fenómenos vinculados con las creencias y las experiencias místicas.
Entre muchos otros, Michael Shermer en The Believing Brain ("El cerebro que cree", Robinson, 2011), Andrew Newberg y Eugene D'Aquili en Why God Won't Go Away. Brain science and the biology of belief ("Por qué Dios no se irá. La ciencia del cerebro y la biología de las creencias", Random House, 2001) o el científico holandés D. F. Swaab, en Somos nuestro cerebro: cómo pensamos, sufrimos y amamos (Plataforma, 2014) plantean hipótesis provocativas a partir de experimentos que alumbran los engranajes internos de la mente. Se podría decir que prospera un subgénero de obras de popularización de la ciencia dedicadas a explicar la fe.
Sin ánimo de confrontar, en su último libro, Las neuronas de Dios. Una neurociencia de la religión, la espiritualidad y la luz al final del túnel (Siglo XXI), que se presenta mañana a las 16.45 en el teatro Margarita Xirgu, el brillante Diego Golombek hace una revisión del estado de las investigaciones con la curiosidad de quien busca explicaciones racionales a fenómenos que desafían la razón y escribe:
A lo largo de la historia, la ciencia se metió con la religión y con Dios tantas veces como la religión lo hizo con la ciencia. La de ellas ha sido una relación cambiante, nunca sencilla: tu casa o la mía, cama afuera, convivencia pacífica, la guerra de los Roses. Y con tantas posiciones como participantes; desde aquellos que defendieron la creencia como base de todo conocimiento hasta los que negaron cualquier tipo de contubernio entre estos contrincantes, pasando por quienes aprobaron la posibilidad de una serena coexistencia. [.] En estos tiempos, está de moda hablar de ciencia versus religión como forma de proclamar una guerra ganada con argumentos irrebatibles. [...] ¿Por qué no referirse a una ciencia de la religión en lugar del consabido versus?
Golombek, que se considera ateo, cuenta que decidió escribir esta obra para "compartir explicaciones científicas de las experiencias cotidianas [y] mostrar cómo la neurociencia nos ayuda a entendernos".
Para Swaab, la pregunta más interesante acerca de la religión no es si Dios existe, sino por qué tantas personas son religiosas:
Hay alrededor de 10.000 diferentes religiones, cada una de las cuales está convencida de que la suya es la única Verdad y que sólo ellos la poseen. [.] Alrededor del 64% de la población mundial pertenece al catolicismo, protestantismo, islamismo o hinduismo. Durante muchos años, el comunismo era la única creencia permitida en China [.]. Pero en 2007, un tercio de los chinos de más de 16 años dijeron que eran religiosos. Dado que esa cifra viene de un diario controlado por el Estado, el China Daily, el número verdadero de creyentes es probablemente más alto. Alrededor del 95% de los norteamericanos creen en Dios, el 90% reza, el 82% cree en los milagros, más del 70%, en la vida después de la muerte.
En la Argentina, el doctor Fortunato Mallimacci, ex decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, investigador del Conicet y docente del seminario Sociedad y Religión, hizo un atlas de religiones en el país, el primero desde 1960, cuando el Censo Nacional de Población preguntó sobre esta temática. Hace medio siglo, más del 90% se identificaban con el catolicismo. Hoy, este culto sigue siendo mayoría: es la religión que profesa el 76% de las población; un 11% dice ser agnóstico o ateo, y el 11,3%, evangélico. En el estudio de Mallimacci, el 61% dijo que se relacionaba con Dios por su propia cuenta, sin mediación institucional. A este grupo, el científico lo cataloga como "cuentapropistas religiosos".
Según un estudio de Marita Carballo de 2005, hoy son casi 3000 los grupos religiosos inscriptos en la Secretaría de Culto de la Nación. Y a pesar de que hay quienes suponen que el avance de la ciencia y la tecnología destierran la religiosidad, las estadísticas sobre este punto son controvertidas. El estudio de Carballo sugiere que, por el contrario, ésta iría en aumento: en 1984 el 62 % de los argentinos se consideraban personas religiosas; en 1991, el 70%; seis años después, el 79% y, en 1999, el 81%. La misma tendencia mostraban quienes opinaban que la religión era muy importante en su vida: pasaron del 40 al 55% entre 1991 y 1999.
Sin embargo, un estudio del Centro de Investigaciones Pew dado a conocer la semana última por el Buenos Aires Herald describe un panorama algo diferente: el número de argentinos que se reconocen como católicos, según este trabajo realizado en toda América Latina entre 2013 y 2014, habría caído un 20% desde 1970, mientras aumentaba el protestantismo evangélico y la población no afiliada a ninguna religión organizada. Los argentinos se encontrarían en el extremo inferior de las estadísticas en términos de cuán importante es la religión en sus vidas, con sólo un 43% que la consideran "muy importante".
Pero más allá de los números, lo cierto es que una gran mayoría comparte la creencia en lo sobrenatural, las preocupaciones por la vida después de la muerte y diversos ritos religiosos. Para la mentalidad científica, debe haber una explicación detrás de semejante coincidencia. "Los códigos morales, las creencias en lo sobrenatural, las preocupaciones por la muerte y el más allá, o los ritos religiosos son globales, geográfica e históricamente hablando", dice Golombek.
La universalidad de las creencias religiosas es llamativa. Tanto, que una corriente de las neurociencias considera que éstas podrían tomar forma a partir de fenómenos emergentes de la mente, como la atribución de intencionalidad al mundo inanimado, que está presente incluso en bebés, y la tendencia a encontrar patrones en acontecimientos que se producen por azar. La religión también podría generarse a partir de necesidades sociales y morales que, al favorecer la cohesión, habrían otorgado ventajas evolutivas a los grupos humanos.
Incluso hay hipótesis que se basan en argumentos estrictamente bioquímicos. Andrés Canales-Johnson, investigador argentino que trabaja en la Universidad de Cambridge, en Gran Bretaña, dice: "Independientemente de si el contenido de una religión en particular es cierto o no (por ejemplo, si existe o no Alá, Thor o Yahvé), el hecho es que el fenómeno religioso (la descripción de experiencias místicas o trascendentes) ha sido parte de nuestra especie desde sus inicios. Por ejemplo, aunque nadie tiene evidencia acerca de las historias que sustentan sus respectivas religiones, cerca del 85% de los seres humanos se describen a sí mismos como religiosos. Por lo tanto, no estamos lidiando con un fenómeno aislado o casual. Es por esto que muchos investigadores se han interesado por esta tremenda irrealidad que, fenomenológicamente hablando, representa más bien una realidad para muchas personas (en el mundo, por caso, la gente dona más dinero a sus instituciones religiosas que a cualquier otra institución de la comunidad). El fenómeno religioso es, entonces, un fenómeno que amerita explicación científica".
¿Cuál sería esta explicación para Canales-Johnson? "Bueno, se ha sugerido que [la religión es un hecho] causado por el cerebro. Es, por así decirlo, una secreción del cerebro. El cerebro es el órgano que lo recibe, lo integra en las redes asociadas con la personalidad y luego con aquellas vinculadas con la estructura social. El argumento neurobiológico es que el cerebro genera la experiencia religiosa, y a su vez la consume, mediante la secreción de neuroquímicos. Por ejemplo, el antropólogo Lionel Tiger, de la Universidad Rutgers, y el psiquiatra Michael McGuire, de la Universidad de California en Los Ángeles, han sugerido que la serotonina, un neurotransmisor químico, estaría implicada en un circuito cuyo resultado final es el hacernos sentir bien y cuyo mediador sería precisamente la práctica activa de alguna religión. La secreción de serotonina en primates se asocia con el alto estatus, que a su vez está asociado con sentirse bien. En cambio, cuando los niveles de serotonina disminuyen, el cerebro comienza a secretar hormonas tales como la cortisona, que se asocia con bajo estatus y con el sentimiento general de 'bajón'."
Y más adelante agrega: "El argumento de Tiger y McGuire se resume en que la práctica constante de una religión, cumplir con una ceremonia religiosa durante los fines de semana (por ejemplo, ir a misa los domingos por la mañana) representaría una forma simple de hacer que nuestro cerebro secrete niveles de serotonina suficientes para hacernos sentir bien y reconfortados por un tiempo determinado. Sin embargo, este efecto de 'alto estatus' y de bienestar no es permanente y tiende a disminuir, ya sea por el estrés de la vida diaria o por acciones que, dentro del marco de una determinada religión, son concebidas como malas o negativas (haber pecado durante la noche del viernes). Esta 'baja de estatus' con la consecuente disminución de la serotonina sería la que hace que el cerebro quiera seguir consumiendo religión para volver a sentirse bien. En resumen, la religión, concebida desde la neuroquímica del cerebro, verdaderamente representa el 'opio de los pueblos'."
Otros investigadores atribuyen su masividad a los genes. El controvertido Dean Hamer, que estuvo en la Argentina en 1998 (LA NACION publicó una entrevista que recogía en el título la muy discutible aseveración de que "todo es genético"), afirma que venimos "programados" para crear mitos fundacionales y religiones. Hamer, ex director de la Unidad de Estructura y Regulación Genéticas del Instituto del Cáncer de Estados Unidos, creyó haber identificado uno de esos genes que nos predisponen a cierto nivel de espiritualidad. En su libro El gen de Dios (La Esfera de los Libros, 2006), que Golombek comenta en la obra de reciente aparición, afirma que éste codifica para una proteína, la VMAT2 (vesicular monoamine transporter 2), crucial para muchas funciones cerebrales.
Basándose en estudios de genética del comportamiento, neurobiológicos y psicológicos, Hamer argumenta que la espiritualidad puede ser cuantificada, que la tendencia a ser más o menos religioso es parcialmente heredable, que parte de esa heredabilidad puede ser atribuida a dicho gen y que la selección natural favorece a los individuos más espirituales porque les otorga un sentido del optimismo que los afecta positivamente, tanto en el nivel físico como psicológico. Más allá de las exageraciones de Hamer, estudios en gemelos parecen indicar que la espiritualidad que predispone a los sentimientos religiosos está genéticamente determinada en un 50%. Swaab, por su parte, afirma:
La religión es la forma local que se da a nuestros sentimientos espirituales . El ambiente en el que crecemos hace que la religión de nuestros padres se imprima en nuestros circuitos cerebrales durante el desarrollo temprano, de forma similar a como lo hace el lenguaje. Mensajeros químicos, como la serotonina, afectan hasta qué grado somos espirituales: el número de receptores a este neurotransmisor en el cerebro se correlacionan con grados de espiritualidad. Y sustancias que afectan a esta hormona, como el LSD, la mescalina (obtenida del peyote) y la psicolicibina (de los hongos mágicos) pueden generar experiencias místicas y espirituales.




 
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Precisamente, el físico y neurocientífico argentino Enzo Tagliazucchi, que trabaja en la Universidad Goethe, de Fráncfort, acaba de publicar un trabajo en Human Brain Mapping en el que explica el efecto de los "hongos mágicos" y su sustancia activa, la psilocibina. Usando datos de resonancias magnéticas de voluntarios que habían recibido una dosis de la droga, Tagliazucchi y colegas comprobaron que su actividad cerebral muestra similitudes con una etapa del sueño llamada REM (siglas en inglés de "movimiento ocular rápido").
"La activación de regiones del lóbulo temporal y en particular del sistema límbico se asocian fuertemente con un estado seudoonírico y de disociación con la realidad -explica Tagliazucchi-. El sistema límbico se encarga, entre varias cosas, de procesar emociones, consolidar recuerdos y poner nuestro contexto en un marco autobiográfico. Cuando se hacen experimentos de neuroimágenes en sujetos durante el sueño REM, se observa más actividad cerebral en el sistema límbico, que es lo mismo que nosotros vimos en los sujetos que habían tomado psilocibina. La relación es aparentemente causal: pacientes con epilepsia en los cuales se ve actividad cerebral anormal en el sistema límbico también refieren un 'estado de ensueño' (tienen algo así como una especie de 'doble conciencia', porque no dejan de percibir su realidad actual, pero adicionalmente, se sienten envueltos en una realidad onírica). Si en una cirugía para remover un foco epiléptico el cirujano estimula eléctricamente áreas del lóbulo temporal y el sistema límbico, el paciente puede referir sensaciones oníricas y de disociación con la realidad. Todo esto es evidencia de que la actividad cerebral en estas zonas se correlaciona en un sentido amplio con la 'sensación de soñar'."




 
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Según el científico, esto no quiere decir que los sujetos estén soñando activamente. Más bien tienen la sensación de que lo que están viviendo pertenece a un sueño, pero sin perder completamente el contacto con la realidad. Una situación que favorece mucho las experiencias de tipo religioso porque es un estado en el cual se suprime relativamente la búsqueda de explicaciones racionales a lo que uno percibe.
"Los correlatos neuronales de las experiencias religiosas -afirma Tagliazucchi- abarcan áreas cerebrales del sistema límbico que se solapan con las involucradas en el sueño, el estado psicódelico y la epilepsia, entre otras." Estado de ensueño quiere decir que tienen la fuerte sensación de vivir en un sueño, pero el contenido que la persona atribuye a sus visiones surge de una interpretación de lo que vive. "Si le das hongos a alguien en el contexto correcto, se facilita la generación de experiencias religiosas -explica el científico-, como en el experimento clásico de Marsh Chapel, realizado en la capilla de la Universidad de Boston."
Allí, un estudiante graduado en teología, Walter Pahnke, bajo la supervisión de Timothy Leary y en el marco del Proyecto Psilocibina de Harvard, administró la droga antes del Viernes Santo a estudiantes voluntarios de la Divinity School, mientras un grupo control recibía como placebo una gran dosis de niacina, que produce cambios fisiológicos. Casi todos los del grupo que había consumido psilocibina informaron luego haber experimentado profundas experiencias religiosas.
En The Believing Brain, Shermer es incluso más categórico. Argumenta que "el cerebro es una máquina de creer". Y no sólo en la existencia de un Dios, sino también en alienígenas, en conspiraciones, en ideas políticas, en la vida después de la muerte, en visiones. Shermer menciona una encuesta norteamericana de 2009 según la cual el 60% cree en demonios, el 42% en fantasmas, el 32% en ovnis, el 26% en la astrología, el 23% en las brujas y el 20% en la reencarnación. En otra de 2006, realizada por el Reader's Digest, el 43% de los encuestados afirmaron que podían leer los pensamientos de otras personas, más de la mitad dijeron haber tenido una premonición de algo que luego ocurrió, más de dos tercios aseguraron que podían "sentir" cuando alguien los estaba mirando y el 62%, que podía saber quién llamaba antes de atender el teléfono. Shermer escribe:
A partir de datos de los sentidos, el cerebro naturalmente comienza a buscar y encontrar patrones, y luego los llena de contenido. Al primer proceso lo llamo 'patronicidad' [patternicity]: la tendencia a encontrar patrones significativos en datos con y sin sentido. Al segundo proceso lo llamo 'agencialidad' [agenticity]: la tendencia a atribuir sentido, intención y agencia a los patrones. No podemos evitarlo. Nuestros cerebros evolucionaron para conectar los puntos de nuestro mundo en patrones con significado que explican por qué suceden las cosas. Estos patrones de significado se transforman en creencias y estas creencias dan forma a nuestra interpretación de la realidad. [...] Una vez que las creencias están establecidas, el cerebro empieza a buscar evidencia que las respalde.
A propósito, un experimento realizado por Olaf Blanke y colegas en la Escuela Politécnica de Lausana, en Suiza, que se dio a conocer hace unos días, ofrece un ejemplo palpable de cómo nuestro cerebro puede engañarnos. Un grupo pequeño de voluntarios con los ojos tapados realizó movimientos con sus manos enfrente de su cuerpo mientras un brazo robótico hacía los mismos movimientos y los tocaba en la espalda. Cuando se retrasaban los movimientos del robot en unos 500 milisegundos, los participantes aseguraban ver fantasmas a su alrededor y sentir que el dedo robótico que los tocaba pertenecía a una presencia invisible.
Para algunos participantes la experiencia fue tan inquietante que incluso pidieron que se detuviera el experimento. Los investigadores sugirieron que esto ilustra cómo los "fantasmas" están en nuestra propia mente y pueden surgir de señales confusas o disonantes para el cerebro, algo que ocurre cuando éste pierde el sentido de la posición del propio cuerpo por causas físicas, psíquicas o de estrés extremo.




 
Foto: Corbis

Entre otras múltiples hipótesis, "una de las más rumiadas en los pasillos de la ciencia de la religión es la tendencia innata a ver patrones regulares o intencionales aun allí donde no los hay -coincide Golombek-. La naturaleza no tiene intenciones, ni moral ni propósitos: somos nosotros quienes vemos espejos humanizantes por todos lados". Y agrega: "Hay una famosa película animada con figuras geométricas que se mueven e inmediatamente generan en el público la idea de intencionalidad: el cuadrado es malo porque quiere empujar al círculo, que trata de tener un affaire con el triángulo. ¡y no son más que figuras sobre un plano! Esto incluso funciona con puntos que se mueven: por motivos que no resultan del todo evidentes, algunos nos resultarán más simpáticos que otros".
Otro enfoque explica la persistencia de las creencias religiosas por una necesidad natural de identificación con el grupo de pertenencia. Se atribuye un protagonismo especial en esta propensión a un sistema del cerebro conformado por las "neuronas espejo", que se activan tanto cuando un individuo actúa como cuando la misma acción es realizada por otro. Muchos investigadores creen que estas neuronas son importantes para entender las acciones e intenciones de los demás, y que son la base de la empatía. Sin embargo, el mecanismo de las neuronas espejo está comenzando a recibir críticas importantes.




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Agustín Ibáñez, investigador del Conicet, del Instituto de Neurociencias Cognitivas (Ineco) y de la Fundación Favaloro, comenta: "La crítica más reciente es la de Gregory Hickok, en The Myth of the Mirror Neurons ("El mito de las neuronas espejo", W.W. Norton & Company, 2014). Para mí, el principal problema que tiene es que las neuronas espejo sólo responden a la observación y la ejecución; es decir, sólo se activan ante procesos cognitivos, pero no hay nada que haga suponer un mecanismo causal. Toda la evidencia apunta a que son más bien un efecto de la imitación, la intersubjetividad, el lenguaje, la empatía, y no la causa de todos ellos. En mi opinión, los atributos de la empatía, la imitación (¿la conducta afiliativa de la religión, tal vez?) ocurre en la mente de quien lo piensa, no en los datos: éstos sólo muestran coactivación de esas neuronas ante la ejecución o la observación".
Ibáñez también advierte que hay que tomar con cautela las conclusiones obtenidas a partir de las neuroimágenes: "Sólo estamos empezando a entender cómo trabaja orquestadamente el cerebro. Que un área se prenda o se active no nos dice mucho en sí mismo acerca de los procesos que ocurren en dicha activación. Y algo más técnico: aunque todavía no está claro, la activación [que registra] la resonancia magnética funcional al parecer implica la actividad excitatoria e inhibitoria del cerebro sumadas. Por ende, tal vez tendemos a pensar que cuando un área se activa es un proceso unitario, mientras que podría tratarse de procesos diferentes, e incluso, en ciertas condiciones, opuestos".
Las neuronas de Dios analiza exhaustivamente éstas y otras explicaciones sobre la religión y la espiritualidad, pero no da respuestas sobre la existencia de Dios. "Seguramente todos somos creyentes al menos en una etapa de la vida, y esto es parte de lo que se trata en el libro -confiesa Golombek-. Si bien mi familia cercana no era muy practicante, sí observábamos las festividades religiosas, sobre todo como una excusa para los encuentros familiares. Tuve una educación religiosa 'de fin de semana', pero con un objetivo más social que religioso. Mis abuelos sí eran observantes; de hecho, mi abuelo paterno fue maestro de religión cuando emigró a Entre Ríos."
El autor e investigador, que como parte de la experiencia de escribir sobre este tema probó la ayahuasca (aunque aclara que no logró una comunicación con Dios), afirma que más allá de los argumentos científicos considera muy respetable la posición del creyente. Pero, advierte, "cuando se quiere mezclar [la fe] con ideas científicas, la cosa no puede terminar bien, ya que las bases íntimas de la religión y las de la ciencia son diametralmente opuestas; una se mueve por la fe y la otra por la evidencia. Además, está claro que en una eventual confrontación no podría haber un ganador: la religión ofrece certezas; la ciencia, dudas; la religión propone explicaciones sobrenaturales; la ciencia se contenta con lo fantástica que es la naturaleza".
Entonces, ¿para qué este libro? "No pretendo evangelizar, pero sí promover preguntas sobre por qué hacemos lo que hacemos, o creemos lo que creemos -contesta-. Aunque después sigamos creyendo, siempre es bueno poder analizar racionalmente nuestro comportamiento. Por otro lado, es deseable ejercitar el pensamiento racional como alternativa a las supersticiones y las seudociencias."
El desafío del cerebro de comprenderse a sí mismo es, fuera de toda duda, una de las aventuras más formidables que se haya planteado la humanidad. Pero a pesar de notables avances, sólo está en sus inicios. Como dice el propio Golombek: "La ciencia no puede dar cabida a la totalidad de la experiencia humana". Al menos por ahora..
Por Nora Bär | LA NACION