jueves, 29 de enero de 2015

El hilo primordial. Cuentos de Mamerto Menapace


El hilo primordial Autor: Mamerto Menapace, osb Editora Patria Grande, Buenos Aires, Argentina (autorizada la reproducción por la Editora Patria Grande) Agosto estaba terminando tibio. Había llovido en la ultima semana y, con el llanto de las nubes, el cielo se había despejado. Cuando se acerca septiembre, suele suceder que el viento de tierra adentro sopla suavemente y a la vez que va entibiando su aliento, logra devolver al cielo todo su azul y su luminosidad. Y aquella tarde, pasaje entre agosto y septiembre, el cielo azul se vio poblado por las finas telitas voladoras que los niños llaman Babas del Diablo. De dónde venían? Para dónde iban? Pienso que venían del territorio de los cuentos, y avanzaban hacia la tierra de los hombres. En una de esas telitas, finas y misteriosas como todo nacimiento, venia navegando una arañita. Pequeña: puro futuro e instinto. Volando tan alto, la arañita veía allá muy abajo los campos verdes recién sembrados y dispuestos en praderas. Todo parecía casi ilusión o ensueño para imaginar. Nada era preciso. Todo permitía adivinar más que conocer. Pero poco a poco la nave del animalito fue descendiendo hacia la tierra de los hombres. Se fueron haciendo más claras las cosas y más chico el horizonte. Las casas eran ya casi casas, y los árboles frutales podían distinguirse por lo floridos, de los otros que eran frondosos. 
 Cuando la tela flotante llegó en su descenso a rozar la altura de los árboles grandes, nuestro animalito se sobresaltó. Porque la enorme mole de los eucaliptos comenzó a pesar misteriosa y amenazadoramente a su lado como grises témpanos de un mar desconocido. Y de repente: Tras! Un sacudón conmovió el vuelo y lo detuvo. Qué había pasado? Simplemente que la nave había encallado en la rama de un árbol y el oleaje del viento la hacia flamear fija en el mismo sitio. Pasado el primer susto, la arañita, no sé si por instinto o por una orden misteriosa y ancestral, comenzó a correr por la tela hasta pararse finalmente en le tronco en le que había encallado su nave. Y desde allí se largó en vertical buscando la tierra. Su aterrizaje no fue una caída, fue un descenso. Porque un hilo fino pero muy resistente, la acompañó en su trayecto y la mantuvo unida a su punto de partida. Y por ese hilo volvió luego a subir hasta su punto de desembarco.
 Ya era de noche. Y como era pequeña y la tierra le daba miedo, se quedó a dormir en la altura. Recién por la mañana volvió a repetir su descenso, que esta vez fue para ponerse a construir una pequeña tela que le sirviera en su deseo de atrapar bichitos. Porque la arañita sintió hambre. Hambre y sed. Su primera emoción fue grande al sentir que un insecto más pequeño que ella había quedado prendido en su tela-trampa. Lo envolvió y lo succionó. Luego, como ya era tarde, volvió a trepar por el hilito primordial, a fin de pasar la noche reencontrándose consigo misma allá en su punto de desembarco. Y esto se repitió cada mañana y cada noche. Aunque cada día la tela era más grande, más sólida y más capaz de atrapar bichos mayores. Y siempre que añadía un nuevo círculo a su tela, se veía obligada a utilizar aquel fino hilo primordial a fin de mantenerla tensa, agarrando de él los hilos cuyas otras puntas eran fijadas en ramas, troncos o yuyos que tironeaban para abajo. El hilo ese era el único que tironeaba para arriba. Y por ello lograba mantener tensa toda la estructura de la tela. Por supuesto, la arañita no filosofaba demasiado sobre estructuras, tironeos o tensiones. Simplemente obraba con inteligencia y obedecía a la lógica de la vida de su estirpe tejedora. 
Y cada noche trepaba por el hilo inicial a fin de reencontrarse con su punto de partida. Pero un día atrapó un bicho de marca mayor. Fue un banquetazo. Luego de succionarlo (que es algo así como vaciar para apropiarse) se sintió contenta y agotada. Esa noche se dijo que no subiría por el hilo. O no se lo dijo. Simplemente no subió. Y la mañana siguiente vio con sorpresa que por no haber subido, tampoco se veía obligada a descender. Y esto le hizo decidir no tomarse el trabajo del crepúsculo y del amanecer, a fin de dedicar sus fuerzas a la caza y succión de presas que cada día preveía mayores. Y así, poco a poco fue olvidándose de su origen, y dejando de recorrer aquel hilito fino y primordial que la unía a su infancia viajera y soñadora. Sólo se preocupaba por los hilos útiles que había que reparar o tejer cada día, debido a que la caza mayor tenía exigencias agotadoras. Así amaneció el día fatal. Era una mañana de verano pleno. 
Se despertó con el sol naciente. La luz rasante irisaba de perlas el rocío cristalizado en gotas en su tela. Y en el centro de su tela radiante, la araña adulta se sintió el centro del mundo. Y comenzó a filosofar. Satisfecha de sí misma, quiso darse a sí misma la razón de todo lo que existía a su alrededor. Ella no sabia que de tanto mirar lo cercano, se había vuelto miope. De tanto preocuparse por lo inmediato y urgente, terminó por olvidar que más allá de ella y del radio de su tela, aun quedaba mucho mundo con existencia y realidad. Podría al menos haberlo intuido del hecho de que todas sus presas venían del más allá. Pero también había perdido la capacidad de intuición. Diría que a ella no le interesaba el mundo del más allá; solo le interesaba lo que del más allá llegaba hasta ella y nada más, salvo quiza por su tela cazadora. Y mirando su tela, comenzó a encontrarle una finalidad a cada hilo. Sabía de donde partían y hacia donde se dirigían. Donde se enganchaban y para que servían. Hasta que se topó con ese bendito hilo primordial. Intrigada trató de recordar cuando lo había tejido. Y ya no logró recordarlo. Porque a esa altura de la vida los recuerdos, para poder durarle, tenían que estar ligados a alguna presa conquistada. Su memoria era eminentemente utilitarista. Y ese hilo no había apresado nada en todos aquellos meses. Se preguntó entonces a donde conduciría. Y tampoco logró darse una respuesta apropiada. Esto le dio rabia. Caramba! Ella era una araña práctica, científica y técnica.
 Que no le vinieran ya con poemas infantiles de vuelos en atardeceres tibios de primavera. O ese hilo servía para algo, o había que eliminarlo. Faltaba más, que hubiera que ocuparse de cosas inútiles a una altura de la vida en que eran tan exigentes las tareas de crecimiento y subsistencia! Y le dio tanta rabia el no verle sentido al hilo primordial, que tomándolo entre las pinzas de sus mandíbulas, lo seccionó de un solo golpe. Nunca lo hubiera hecho! Al perder su punto de tensión hacia arriba, la tela se cerró como una trampa fatal sobre la araña. Cada cosa recuperó su fuerza disgregadora, y el golpe que azotó a la araña contra el duro suelo, fue terrible. Tan tremendo que la pobre perdió el conocimiento y quedó desmayada sobre la tierra, que esta vez la recibía mortíferamente. Cuando empezó a recuperar su conciencia, el sol ya se acercaba a su cenit. La tela pringosa, al resecarse sobre su cuerpo magullado, la iba estrangulando sin compasión y las osamentas de sus presas le trituraban el pecho en un abrazo angustioso y asesino. Pronto entró en las tinieblas, sin comprender siquiera que se había suicidado al cortar aquel hilo primordial por el que había tenido su primer contacto con la tierra madre, que ahora seria su tumba. Esta parábola no es mía. La contaba un gran obispo húngaro, Mons. Tihamer Toth, que fue capellán en la Gran Guerra."
Autor: Mamerto Menapace, osb Editora Patria Grande, Buenos
Aires, Argentina
(autorizada la reproducción por la Editora Patria Grande)

domingo, 25 de enero de 2015

El árbol de las mariposas. Relajación chamanica.

Necesito que te quedes un momento aquí.Permanece en un estado pacífico, quieto y profundo. Deseo darte unas pequeñas instrucciones que necesitarás recordar. Cuando encuentres tu animal de poder, cruza tus brazos físicamente sobre tu pecho, abrazando a tu luminoso animal de poder, sabiendo que tú vas a traerte a tu animal contigo.
Cuanto mejor estés relacionado con tu animal de poder, mejor será el modo en que ambos se muevan a través de los sagrados tejidos de la vida. Este animal de poder irá contigo en tus viajes interiores. Antes de viajar para encontrarlo, vamos a visualizarnos ingresando dentro de un árbol de mariposas.
Deseo que cantes una canción para ti mismo, una canción de poder, mientras estás dentro del árbol de mariposas. Esta puede ser una simple palabra que puedes repetir una y otra vez, tal como “amor bendicme” o “espíritu ven a mi” o “el poder está en mi corazón  ”.
Esta canción de poder es la que luego usarás para llamar siempre a este
animal de poder dentro de tu vida, cuando estés haciendo tu tejido energético o
cuando medites y realices tus ejercicios de yoga o meditación.,
Recuerda colocar tus brazos alrededor de tu animal de poder y físicamente cruzar tus brazos sobre tu pecho, para traer a tu animal de poder a través del árbol de mariposas. Luego vas a danzar junto a él, cantando tu canción de poder.
Es un hermoso día de verano y estás rodeado de hermosos árboles, caminando por un bosque. Admira los hermosos árboles de todas clases que hay allí. Notas que a medida que caminas hay pájaros que vuelan sobre tu cabeza y al mirarlos contemplas el profundo azul del cielo . Huele el aroma de las flores en el aire. El perfume es fuerte y delicioso. Hacia delante, comienzas a ver algunas mariposas moviéndose de flor en flor.
El verano está recién comenzando y piensas acerca de la migración de las mariposas Monarca (las de color naranja y negro) que van desde el norte hacia el sur. Todas ellas parecen estar guiándote hacia alguna parte. Y te das cuenta que en realidad lo están haciendo. Están llevándote hacia un árbol gigantesco que está más adelante. A medida que te acercas, caminando sobre la hierba, comienzas a ver que las mariposas descansan sobre las ramas de este anciano árbol. Y entonces te das cuenta que se trata de un árbol de mariposas.
El movimiento sutil de las miles y miles de alas otorga cierta vibración mágica al árbol. Sus hermosas alas de seda están llamándote a que te aproximes aún más, como si estuvieran haciéndote señas. A medida que te aproximas más y más te sientes cada vez más maravillada por la belleza de este árbol, cuya vida está animada de un modo surrealista por
las alas de las mariposas. Como no deseas molestarlas, tus movimientos
tienen que ser muy suaves para no espantarlas.
Siéntate por unos instantes sobre la hierba, observándolas silenciosamente mientras dedicas una oración al árbol de mariposas porque tú sabes que este es un árbol muy, muy sagrado. Tú recuerdas haber estado antes delante de un árbol de mariposas, un árbol-chamán. 
Y cuando esto suceda, deberás caminar alrededor de este árbol 4 veces, para honrar a cada una de las cuatro direcciones.
Tú sabes que hay una esencia dentro de ti mismo que es muy similar a
la esencia dentro de este árbol, este árbol que te ha atraído con su poder y belleza. Toma un momento ahora para centrarte en tu centro de poder chamánico y comunicarte en un nivel energético con el poder de este árbol. Toma un momento para permitirte a ti misma comunicarte en un nivel profundo con el árbol de mariposas.
Ahora que has sentido la esencia de este árbol y su vibración, que es muy cercana al latido de tu propio corazón, camina alrededor de este árbol, dando una vuelta muy ancha, diciendo una oración al árbol, primero en honor del sur, luego del oeste, el norte y finalmente el este. Toma un momento para decir tus oraciones.
Ahora que has honrado al árbol, mira cuidadosamente el tronco del árbol entre las mariposas. Vas a notar que, a la misma altura de tu pecho, hay un enorme agujero, como si una de sus ramas se hubiese caído en el pasado. Observa en la corteza el modo en que se ha formado este árbol. Su gran tamaño, su profundidad. Es realmente una muy antigua abuela árbol. Observa el agujero en el árbol, atraída hacia él como si estuvieras fascinada. Tú sabes que dentro de ese agujero hay algo esperando por ti. Camina muy despacio y gentilmente hacia el árbol, con muchacho cuidado de no espantar a las mariposas y sabiendo que ellas te han pedido que llegaras hasta aquí.
Camina hacia el árbol y coloca tus manos en cada extremo del agujero, que es bastante grande, ciertamente, lo suficientemente grande como para que puedas colocar dentro toda la parte superior de tu cuerpo.
Coloca tus manos sobre el tronco del árbol. Siente la suavidad bajo tu
piel. Ahora retira las manos por un momento y mira la superficie del árbol. Te das cuenta que hay una especie de muesca, como si hubiera un
par de manos marcadas en ella. Y entonces te das cuenta que este es un árbol de iniciación y que muchos aprendices han venido aquí antes que tú.
Siéntate por unos momentos con la espalda sobre el tronco del árbol y cierra los ojos. Toma otra inspiración profunda y pide a las dos guardianas de este gran árbol de mariposas que te permitan pasar para colocar tu cabeza dentro del árbol, de modo que puedas experimentar las maravillas que hay dentro de él. Si tienes alguna dificultad en ver a las guardianas, trata de percibir lo felices que están con tu presencia.
Ahora que las guardianas se han presentado ante ti, te sientes más segura. Sabes que estas guardianas te cuidarán a ti también. Ponte de pie y coloca tus manos a cada lado del agujero, asomando tu cabeza y la parte superior de tus hombros dentro del árbol. A medida que haces esto, de repente es como si el mundo físico hubiera desparecido. Estás ahora siendo transportada dentro del sagrado  tiempo de Ensueño, el tiempo si tiempo. Estás yendo a conocer otro mundo, un mundo lleno de luz y de magia.
Con tu intento, pide al árbol que te muestre su magnificencia y poder. Pide al árbol que te guíe hacia el mundo de los luminosos animales de poder, los animales de poder que te protegen en tu viaje y te guían en tu camino a través de las fibras luminosas, las fibras del tejido sagrado de toda vida. De repente, estás transportada dentro de otro mundo, el mundo de los luminosos animales de poder.
Flotas dentro de este magnífico árbol y sientes la energía de las mariposas que te ayudan desde afuera del árbol en tu camino. Te sientes volando en espiral en el cielo de la noche que está dentro de este gran árbol, yendo cada vez más y más arriba hacia las estrellas.
Las ramas del árbol se convierten en tu ruta hacia la Vía Láctea. Déjate llevar en esta danza en espiral hacia el cielo, hacia el inmenso universo donde todas las cosas son posibles. Mira dentro del cielo y observa las estrellas brillando mucho más luminosas de lo que nunca las viste jamás.
A medida que vuelas a través del cielo nocturno, ves que realmente existe un universo dentro del árbol de mariposas. De repente tu atención se fija en una estrella y vas hacia ella, más rápido que la velocidad de la luz. Sabes que estás dentro ya del campo gravitacional de la estrella, en algún lugar del espacio.
La cara de esta estrella puede ser la que desees. Has trabajado mucho en tu camino del poder y del corazón. Permítete moverte dentro del poder de este ser planetario, de esta bellísima estrella.
Tú eres una semilla de estrellas sobre el planeta Tierra. Estás ahora regresando a la fuente de esta semilla de estrellas hacia la luz, de la que estas hecho. Los cuales son parte de tu ser sobre este planeta Tierra. Permite volar a tu imaginación. Permítete disfrutar este viaje, como si de alguna manera, estuvieses regresando a casa.
Ciertamente es el hogar donde estos luminosos animales de poder residen y es a este hogar al cual tú has venido durante muchas vidas, incluso aunque no puedas recordarlo de un modo consciente. Yo creo que tu corazón  lo sabe.
Abraza a  tu animal de poder cuando lo encuentres, para traerlo contigo de regreso a esta Tierra. 
Simplemente debes convertirte en él. Si es un oso, muévete como piensas que un oso se
mueve. Si eres un pájaro, muévete como piensas que un pájaro puede moverse en su vuelo. Danza en el mismo lugar y mueve todo tu cuerpo de un modo ondulante y poderoso. Danza tu animal de poder que está vivo dentro de ti, trayendo la energía de ese animal a la vida y a tu ser.
Inspirado en ej. de Chamanismo
https://chamanismocontemporaneo.wordpress.com/2012/06/13/animales-de-poder/

sábado, 24 de enero de 2015

Soledades


El desamparo originario nos acompaña toda la vida. Va variando las formas que asume según las épocas y los sujetos. Desde el goce autista del consumo a la soledad del síntoma neurótico, del aislamiento que produce el terror del totalitarismo al retraimiento del lazo social que promueve el discurso capitalista, la soledad no es una sino múltiple. Sin embargo, la soledad -en si misma- no es una salida nociva; está la soledad como punto productivo, como momento necesario para la invención. También está la soledad del analista, la soledad del acto, la soledad de la causa, que no es sin un lazo al Otro. Hay soledad y soledades, cada sujeto hará su arreglo.
Es pertinente hablar de soledades, porque no es un término único.
Está el analista solo en su acto, Lacan dice, "solo, como siempre he estado en relación a la causa analítica"; "Uno que habla solo y dice siempre lo mismo", en el Seminario 24, "La invención de la soledad" en Paul Auster, "Cien años de soledad" de García Márquez .
Hay una soledad estructural en Freud, que es la del desvalimiento, el desamparo inicial. Término que aparece en el proyecto, pero que adquiere todo su relieve, en Inhibición, Síntoma y Angustia, (Freud, A.E. XX, 1926)
El desamparo aparece como la primera posición del sujeto inerme, ante la invasión de la cantidad –"quantum"- de estímulos. Es lo que deja una huella indeleble en la estructura, la angustia de castración, como motor de la defensa. Esta soledad inicial es la que le permite al sujeto hacer lazo al Otro. Hay una solidaridad entre, forclusión generalizada y desamparo, todo lo que es defensa, arreglo, saber-hacer de un ser hablante, es siempre bajo un fondo de soledad, de abismo, de desamparo. La soledad inicial, es diferente de la soledad del autismo, no sólo como cuadro, sino como posición de goce; es la soledad del Uno, la soledad del goce del idiota, como Lacan llama al goce masturbatorio, un goce sin Otro.
Hay soledades de la época y de las épocas.
El integrante de la masa, en la lógica de "Psicología de las masas" en Freud, no está solo, pertenece a una masa cohesionada por identificación. En la serie de los orígenes del totalitarismo, Hanna Arendt, en el último tomo, los sistemas totalitarios, define la soledad y el aislamiento como efecto del discurso totalitario. Dice:
1. puedo estar aislado, sin estar solo.
2. puedo estar solo, abandonado de toda compañía sin estar aislado.
Cicerón dice en De Re Publica: "Nunca estaba menos solo que cuando estaba solo".
Hay una soledad fecunda. Pero Hanna Arendt quiere dar cuenta de una soledad y un aislamiento, promovida por el terror que sostiene la dominación de los regímenes totalitarios.
Hanna Arendt plantea: "La soledad, el terreno propio del terror, la esencia del Gobierno totalitario, y para la ideología o la lógica, la preparación de ejecutores y víctimas, está estrechamente relacionada con el desarraigamiento y la superfluidad, que han sido el azote de las masas modernas desde el comienzo de la revolución industrial y que se agudizaron con el auge del imperialismo a finales del siglo pasado y la ruptura de las instituciones políticas y de las tradiciones sociales en nuestro propio tiempo. Estar desarraigado significa no tener en el mundo un lugar reconocido y garantizado por los demás; ser superfluo significa no pertenecer en absoluto al mundo. El desarraigamiento puede ser la condición preliminar de la superfluidad, de la misma manera que el aislamiento puede ser (aunque no lo sea forzosamente) la condición preliminar de la soledad. Considerada en sí misma, sin atender a sus recientes causas históricas y a su nuevo papel en política, la soledad es al mismo tiempo contraria a los requerimientos básicos de la condición humana y una de las experiencias fundamentales de cada vida humana."
De la ruptura de lazos de los sujetos, provocada por el terror, no hace falta ir al fenómeno del fascismo o el estalinismo para conocer esto. Conocemos el saldo de impunidad del Proceso, que nos hace recordar a algunos, la dominación por el terror, el aislamiento y la desolación.
Estos tiempos no son los del discurso totalitario, la dominancia del discurso capitalista, formulado por Lacan, que implica un rechazo a la castración y al amor, conlleva una ruptura del lazo social. El mérito de Hanna Arendt es situar el desarraigo desde la revolución industrial, por lo tanto más allá de los fenómenos de masas, la ruptura de lazos está planteada desde los orígenes del capitalismo, es por eso que Lacan dice del proletario que no tiene discurso con el que hacer lazo social.
Con el neoliberalismo, asistimos a una promoción del consumo, del goce autista, del sujeto con los objetos del mercado. Soledad que tapona la causa del deseo y acentúa la falta-en-gozar. Podemos decir que hay un capítulo nuevo para agregar a Psicología de las masas; el discurso capitalista, conjetura tardía de Lacan y la concepción del sistema totalitario de Hanna Arendt dan cuenta, de una dominancia que se sostiene en la ruptura de lazos, es paradojal, pues todo discurso indica un lazo social , incluido el del analista, pero quizás el aporte original es la forma de dominancia, de hegemonía, no solo del totalitarismo, sino la proviene de la revolución industrial, deja a cada sujeto aislado y sin lazo. ¿No será que los fenómenos totalitarios fueron una respuesta, fallida, a la declinación del discurso del amo?
No hay duda que la masa se cohesiona por identificación, pero también hay que decir que la epidemia fascista del siglo XX se sostuvo mas en el terror que en la identificación.
La dominancia por el terror fracasó, hemos pasado de lo totalitario a lo globalitario, la mundializacion del mercado que a veces requiere del forzamiento militar.
Por eso mismo hay una soledad, promovida por el discurso capitalista, que promociona el taponamiento del deseo y acentúa la falta de goce, proporcionando ofertas prêt-à-porter de acuerdo al lobby fantasmático de cada quien.
Hay también una soledad de la neurosis misma, el pensar rumiante del obsesivo, la sustracción histérica, la evitación fóbica, es la soledad que no cesa de escribir el síntoma neurótico.
Lacan decía:" El inconsciente, es que en suma uno habla solo. Uno habla solo porque uno no dice jamás sino una sola y misma cosa — salvo si uno se abre a dialogar con un psicoanalista"(Lacan, seminario XXIV, clase 4, inédito), y podemos decir que nunca se ha hablado tanto como en ésta época, la época de decirlo todo. Goce autista, del bla-bla-bla del ser-hablante.
Lacan dice, uno habla solo y dice siempre lo mismo, salvo si encuentra un analista. Por tanto, se puede decir que el análisis es una experiencia en soledad con otro - no un semejante -, que le permite al ex-sistente, al ser que habla, al parlêtre , una invención de su soledad, y a la vez una salida de la soledad, en tanto lo confronta con lo Otro, lo ajeno, lo hétero, lo femenino.

Soledades
Mario Goldenberg

Jornadas de la EOL
 
Referencias
Arendt, Hanna. "Los orígenes del totalitarismo". Tomo 3, "Totalitarismo". Capítulo 13. Ideología y terror: una nueva forma de gobierno. Alianza.
Freud, Sigmund. "Inhibición, Síntoma y Angustia"- AE XX .1926.
Lacan; Jacques Seminario 24, "Lo no sabido que sabe" (1976-77 inédito).

jueves, 22 de enero de 2015

Qué es lo que me pasa?



En todas las tradiciones sagradas la pregunta cuanto te despiertas es : cómo me siento?.

La meditación al  despertar es fundamental para ver qué se oculta en tu mente. No siempre lo que dices es lo que sientes. Ni lo que muestras es lo que eres.

Las palabras que salen de nuestra boca en forma mecánica son simples reacciones de sedimentos condicionados por el pasado.

Las emociones se van apretando como las hojas del un libro muy pesado y antiguo así como los pensamientos. Cuando quieres darte cuenta de lo que te pasa, le hechas la culpa a los otros, te enojas y reaccionas sin control. O te deprimes sin saber muy bien  el porqué.  Este estado de no ser conscientes , nos lleva a la ignorancia de las causas que produjeron la infelicidad,  el miedo, el dolor, la frustración.

La meditación es la única llave para el conocimiento propio. Si no miramos dentro jamás sabremos que es lo que verdaderamente nos pasa. Y así la vida pasará sin haberla descubierto en su hondura, belleza y misterio.

Buenos días a todos!

adriana  

domingo, 18 de enero de 2015

Saberes que se pierden con la edad


Un chiquito de tres o cuatro años “sabe” muchas cosas y con el crecimiento y la educación va perdiendo esos saberes: que papá está preocupado, o que la abuela está triste, que mamá está embarazada (aún antes de que tenga un atraso), o que perdió el embarazo,  y muchos ejemplos más. Se trata de un saber pre-verbal, no puede explicar cómo lo sabe.   ¡Cuántas veces muestran rechazo o afecto por personas que apenas conocen! y con el tiempo confirmamos lo acertada de su intuición.  No son videntes ni los tomemos como tales, pero en algunas cuestiones saben más que nosotros los adultos porque tienen menos interferencia de la mente racional y menos prejuicios, están muy conectados con su cuerpo y su persona entera y registran esas informaciones.   A medida que crecen se va perdiendo esa conexión. Y a los ocho años probablemente ya no se dé cuenta de la mayoría de esas cosas.  
La cantidad de horas que los chiquitos pasan junto a sus padres explica su captación de los distintos estados de ánimo pero otros temas como registrar un embarazo que ni la madre sabe, son asombrosos.   Ellos no piensan “tiene una nuez de Adán prominente, entonces es un varón”, tienen un saber instintivo, inconsciente, más parecido al de los animales que saben cuando viene una tormenta, o un terremoto, o que su dueño está enfermo…
Una parte se va perdiendo a partir de los cinco años por la mayor integración de la corteza cerebral y el consecuente surgimiento del pensamiento racional (“si se llama Juana… es mujer” dejando de lado otras pistas).  A esto se agrega una cultura que lo va impregnando con  teorías y conceptos que los alejan de ese saber inconsciente, poniendo por ejemplo más énfasis en la ropa, el pelo o los adornos que en la identidad de quien los lleva .
Y nosotros ¿cuántas veces hacemos dudar a nuestros hijos de lo que están viendo, percibiendo, sintiendo?  Cuando la madre le responde a su hijo que ella no está triste, o que él no puede tener hambre porque acaban de comer, o cuando impone un abrigo a un hijo que no tiene frío.  O el padre que no tolera que su hijo tenga miedo de un perro o que la hija esté dolida porque no la invitaron a una salida con amigas.
Así los chicos van perdiendo la conexión con la intuición, con la sabiduría de su cuerpo y de su persona.   Nos creen, y empiezan a desconfiar de ellos mismos, somos más grandes, tenemos mayor experiencia, saben que los queremos, no dudan de nuestra palabra.  Pero entonces dudan de la de ellos y de a poco se olvidan de mirar para dentro y se acostumbran a mirar hacia a fuera, primero a nosotros su padres, a medida que crecen también a los hermanos,  a los amigos,  a lo que la televisión dice, a la sociedad de consumo que tiene un poder enorme en moldear justamente nuevos consumidores.
Los saberes de la infancia, esa intuición natural, empiezan a taparse por capas y capas de conceptos que no nacen de ellos mismos, sino que vienen envasados por otras personas y que de alguna manera termina imponiéndose. En parte es una evolución normal que facilita la sociabilización de los chicos y su inserción en distintos tipos de ámbitos.  Es el precio que los chicos tienen que pagar para adaptarse, que es fundamental para su desarrollo.
Podemos cambiar nuestras respuestas automáticas por otras empáticas diciendo por ejemplo:  “tenés razón que estoy un poco triste, es por un tema de grandes, ya se me va a pasar”,  “tenés hambre, porque no comiste lo que te serví, ahora esperá hasta la hora del té, “abrigáte cuando tengas frío”, “es que no es divertido quedar afuera de un programa”.  O “¿te asusta el perro?  acercáte un poco que lo acaricio y te vas haciendo amigo”.
Al hacerlo fortalecemos a nuestros hijos, los ayudamos a seguir confiando en las señales que su mundo interno les envía, a no derrochar energía en tapar emociones y pensamientos, y a conservar la autoestima alta.  Teniendo claro (y dejándoles claro, como se ve en el segundo ejemplo) que no siempre se puede  hacer lo que uno quiere.
 Marichu Seitun, Nota La Nación 

sábado, 17 de enero de 2015

Te sientes generoso o vacío?

Habla San Alberto Magno que existen tres géneros de plenitudes: "la plenitud del
vaso, que retiene y no da; la del canal, que da y no retiene, y la de la fuente, que
crea, retiene y da". ¡Qué tremenda verdad!
Efectivamente, yo he conocido muchos hombres-vaso. Son gentes que se dedican a
almacenar virtudes o ciencia, que lo leen todo, coleccionan títulos, saben cuanto
puede saberse, pero creen terminada su tarea cuando han concluido su
almacenamiento: ni reparten sabiduría ni alegría. Tienen, pero no comparten.
Retienen, pero no dan. Son magníficos, pero magníficamente estériles. Son simples
servidores de su egoísmo.



También he conocido hombres-canal: es la gente que se desgasta en palabras, que se pasa la vida haciendo y haciendo cosas, que nunca rumia lo que sabe, que cuando le entra de vital por los oídos se le va por la boca sin dejar pozo adentro.
Padecen la neurosis de la acción, tienen que hacer muchas cosas y todas de prisa,creen estar sirviendo a los demás pero su servicio es, a veces, un modo de calmar sus picores del alma. Hombre-canal son muchos periodistas, algunos apóstoles,
sacerdotes o seglares. Dan y no retienen. Y, después de dar, se sienten vacíos.






Qué difícil, en cambio, encontrar hombres-fuente, personas que dan de lo que han hecho sustancia de su alma, que reparten como las llamas, encendiendo la del
vecino sin disminuir la propia, porque recrean todo lo que viven y reparten todo
cuanto han recreado. Dan sin vaciarse, riegan sin decrecer, ofrecen su agua sin
quedarse secos. Cristo -pienso- debió ser así.

 
El era la fuente que brota inextinguible, el agua que calma la sed para la vida eterna. Nosotros -¡ah!- tal vez ya haríamos bastante con ser uno de esos hilillos que bajan chorreando desde lo
alto de la gran montaña de la vida.

 José Luis Martín Descalzo

jueves, 15 de enero de 2015

24 pequeñas maneras de amar


-Aprenderse los nombres de la gente que trabaja con nosotros o de los que nos
cruzamos en el ascensor y tratarles luego por su nombre.
- Estudiar los gustos ajenos y tratar de complacerles.
- Pensar, por principio, bien de todo el mundo.
- Tener la manía de hacer el bien, sobre todo a los que no se la merecerían
teóricamente.
- Sonreír. Sonreír a todas horas. Con ganas o sin ellas.
- Multiplicar el saludo, incluso a los semiconocidos.
- Visitar a los enfermos, sobre todo sin son crónicos.
- Prestar libros aunque te pierdan alguno. Devolverlos tú.
- Hacer favores. Y concederlos antes de que terminen de pedírtelos.



- Olvidar ofensas. Y sonreír especialmente a los ofensores.
- Aguantar a los pesados. No poner cara de vinagre escuchándolos.
- Tratar con antipáticos. Conversar con los sordos sin ponerte nervioso.
- Contestar, si te es posible, a todas las cartas.
- Entretener a los niños chiquitines. No pensar que con ellos pierdes el tiempo.
- Animar a los viejos. No engañarles como chiquillos, pero subrayar todo lo positivo
que encuentres en ellos.




- Recordar las fechas de los santos y cumpleaños de los conocidos y amigos.
- Hacer regalos muy pequeños, que demuestren el cariño pero no crean obligación
de ser compensados con otro regalo.
- Acudir puntualmente a las citas, aunque tengas que esperar tú.
- Contarle a la gente cosas buenas que alguien ha dicho de ellos.
- Dar buenas noticias.
- No contradecir por sistema a todos los que hablan con nosotros.
- Exponer nuestras razones en las discusiones, pero sin tratar de aplastar.
- Mandar con tono suave. No gritar nunca.
- Corregir de modo que se note que te duele el hacerlo.
La lista podría ser interminable y los ejemplos similares infinitos. Y ya sé que son
minucias. Pero con muchos millones de pequeñas minucias como éstas el mundo se
haría más habitable.

José Luis Martín Descalzo

domingo, 11 de enero de 2015

EL ORDEN DEL DISCURSO (FRAGMENTO). MICHEL FOUCAULT



¿Pero qué hay de tan peligroso en el hecho de que la gente hable y de que sus discursos proliferen indefinidamente? ¿En dónde está por tanto el peligro?

He aquí la hipótesis que querría proponer, esta tarde, con el fin de establecer el lugar – o quizás el muy provisional teatro- del trabajo que estoy realizando: supongo que en toda la sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar sus poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad.
En una sociedad como la nuestra son bien conocidos los procedimientos de exclusión. El más evidente,  y el más familiar también, es lo prohibido. Uno sabe que no tiene el derecho a decirlo todo, que no se puede hablar de todo en cualquier circunstancia, que cualquiera, en fin, no puede hablar de cualquier cosa. Tabú del objeto, ritual de la circunstancia, derecho exclusivo o privilegiado del sujeto que habla: he aquí el juego de tres tipos de prohibiciones que cruzan, se refuerzan o se compensan, formando una compleja maya que no cesa de modificarse.
Resaltaré únicamente que en nuestros días, las regiones en las que la maya está más apretada, allí donde se multiplican las casillas negras, son las regiones de la sexualidad y la política: como si el discurso, lejos de ser ese elemento transparente o neutro en el que la sexualidad se desarma y la política se pacifica, fuese más bien uno de esos lugares en que se ejercen, de manera privilegiada, algunos de sus más temibles poderes.  Por más que en apariencia el discurso sea poca cosa, las prohibiciones que recaen sobre él revelan muy pronto, rápidamente, su vinculación con el deseo y con el poder. Y esto no tiene nada de extraño, pues el discurso –el psicoanálisis nos lo ha mostrado- no es simplemente lo que manifiesta (o encubre) el deseo; es también el objeto del deseo; pues –la historia no deja de enseñárnoslo- el discurso no es simplemente aquello que traduce las luchas o los sistemas de dominación, sino aquello por lo que, y por medio de lo cual se lucha, aquel poder del que quiere uno adueñarse.


Existe en nuestra sociedad otro principio de exclusión: no se trata ya de una prohibición sino de una separación y un rechazo. Pienso en la oposición entre la razón y la locura. Desde la más alejada Edad Media, el loco es aquel cuyo discurso no puede circular como el de los otros; llega a suceder que su palabra es considerada nula y sin valor, que no tiene ni verdad ni importancia, que no puede testimoniar ante la justicia, no puede autentificar una partida o un contrato, o ni siquiera, en el sacrificio de la misa, permite la transubstanciación y hacer del pan un cuerpo; en cambio suele ocurrir también que se le confiere, opuestamente a cualquier otra persona, extraños poderes como el de enunciar una verdad oculta, el de predecir el porvenir, el saber en su plena ingenuidad lo que la sabiduría de los otros no puede percibir. Resulta curioso constatar que en Europa, durante siglos, la palabra del loco no era escuchada o si lo era, recibía la acogida de una palabra portadora de verdad. O bien caía en el olvido –rechazada tan pronto como era proferida- o era descifrada como una razón ingenua o astuta, una razón más razonable que la de la gente razonable. De todas formas, excluida o secretamente investida por la razón, en un sentido estricto, no existía. A través de sus palabras se reconocía la locura del loco; ellas eran el lugar en que se ejercía la separación, pero nunca eran recogidas o escuchadas. Nunca, antes de finales del siglo XVIII,  se le había ocurrido a un médico la idea de querer saber lo que decía (cómo lo decía, por qué lo decía) en estas palabras que, sin embargo, originaban la diferencia. Todo ese inmenso discurso del loco regresaba al ruido; y no se le concedía la palabra más que simbólicamente, en el teatro en que se le exponía,  desarmado y reconciliado, puesto que en él desempeñaba el papel de verdad enmascarada.


Se me puede objetar que todo esto actualmente ya está acabado o está acabándose; que la palabra del loco ya no está en otro lado de la línea de separación; que ya no es considerada algo nulo y sin valor; que más bien al contrario, nos pone en disposición vigilante; que buscamos en ella un sentido, o el esbozo o las ruinas de una obra; y que hemos llegado a sorprender esta palabra del loco incluso en lo que nosotros mismos articulamos, en ese minúsculo desgarrón por donde se nos escapa lo que decimos. Pero tantas consideraciones no prueban que la antigua separación ya no actúe; basta con pensar en todo el armazón de saber, a través del cual desciframos esta palabra; basta con pensar en toda la red de instituciones que permiten el que sea –médico, psicoanalista – escuchar esa palabra y que permite al mismo tiempo al paciente manifestar, o retener desesperadamente, sus pobres palabras; basta con pensar en todo esto para sospechar que la línea de separación, lejos de borrarse, actúa de otra forma, según líneas diferentes, a través de nuevas instituciones y con efectos que en absoluto son los mismos. Y aun cuando el papel del médico no fuese sino el de escuchar una palabra al fin libre, la escucha se ejerce siempre manteniendo la cesura. Escucha de un discurso que está investido por el deseo, y que se supone –para su mayor exaltación o para su mayor angustia- cargado de terribles poderes. Si bien es necesario el silencio de la razón para curar los monstruos, basta que el silencio esté alerta para que la separación persista.

Quizás es un tanto aventurado considerar la oposición entre lo verdadero y lo falso como un tercer sistema de exclusión, junto aquellos de los que acabo de hablar. ¿Cómo van a  poder compararse razonablemente la coacción de la verdad con separaciones como ésas, separaciones que son arbitrarias desde el comienzo o que cuando menos se organizan en torno a contingencias históricas; que no sólo son modificables sino que están en perpetuo desplazamiento; que están sostenidas por todo un sistema de instituciones que las imponen y las acompañan en su vigencia y que finalmente no se ejercen sin coacción y sin cierta violencia?
Desde luego, si uno se sitúa en el nivel de una proposición, en el interior de un discurso, la separación entre lo verdadero y lo falso no es ni arbitraria, ni modificable, ni institucional, ni violenta. Pero si uno se sitúa en otra escala, si se plantea la cuestión de saber cuál ha sido y cuál es constantemente, a través de nuestros discursos esa voluntad de verdad que ha atravesado tantos siglos de nuestra historia, o cuál es en su forma general el tipo de separación que rigen nuestra voluntad de saber, es entonces, quizá, cuando se ve dibujarse algo así como un sistema de exclusión (sistema histórico, modificable, institucionalmente coactivo).

Separación históricamente constituida, sin duda alguna. Pues todavía en los poetas griegos del siglo VI, el discurso verdadero –en el más intenso y valorado sentido de la palabra-, el discurso verdadero por el cual se tenía respeto y terror, aquel al que era necesario someterse porque reinaba, era el discurso pronunciado por quien tenía el derecho y según el ritual requerido; era el discurso que decidía la justicia y atribuía a cada uno su parte; era el discurso que, profetizando el porvenir, no solo anunciaba lo que iba a pasar, sino que contribuía a su realización, arrastraba consigo la adhesión de los hombres y se engarzaba así con el destino. Ahora bien, he aquí que un siglo más tarde la verdad superior no residía ya más en lo que era el discurso o en lo que hacía, sino que residía en lo que decía: llegó un día en el que la verdad se desplazó del acto ritualizado, eficaz y justo, de enunciación, hacia el enunciado mismo: hacia su sentido, su forma, su objeto, su relación con su referencia. Entre Hesíodo y Platón se establece cierta separación, disociando el nuevo discurso verdadero y el discurso falso; separación nueva, pues en lo sucesivo el discurso verdadero ya no será el discurso precioso y deseable, pues ya no será el discurso ligado al ejercicio del poder. El sofista ha sido expulsado.


Sin duda, esta separación histórica ha dado su forma general a nuestra voluntad de saber. Sin embargo no ha cesado de desplazarse: las grandes mutaciones científicas quizá puedan a veces leerse como consecuencias de un descubrimiento, pero pueden leerse también como la aparición de formas nuevas de la voluntad de verdad. Hubo sin duda una voluntad de verdad en el siglo XIX que no coincide ni por las formas que ponen en juego, ni por los tipos de objetos a los que se dirige, ni por las técnicas en que se apoya, con la voluntad de saber que caracterizó la cultura clásica. Retrocedamos un poco: en ciertos momentos de los siglos XVI y XVII (y en Inglaterra sobretodo) apareció una voluntad de saber que, anticipándose a sus contenidos actuales, dibujaba planes de objetos posibles, observables, medibles, clasificables;  una voluntad  de saber que imponía el sujeto conocedor (y de alguna manera antes de toda experiencia) una cierta posición, una cierta forma de mirar y una cierta función (ver más que leer, verificar más que comentar); una voluntad de saber que prescribía (y de un modo más general que cualquier otro instrumento determinado) el nivel técnico del que los conocimientos deberían investirse para ser verificables y útiles. Todo ocurre como si, a partir de la gran separación platónica, la voluntad de saber tuviera su propia historia, y que no es la de las verdades coactivas: historia de los planes de objetos por conocer, historia de las funciones y posiciones del sujeto conocedor, historia de las inversiones naturales, técnicas e instrumentales del conocimiento.

Pues esta voluntad de verdad, como los otros sistemas de exclusión, se apoya en una base institucional: esta vez reforzada y acompañada por una densa serie de prácticas como la pedagogía, el sistema de libros, la edición, las bibliotecas, las sociedades de sabios de antaño, los laboratorios actuales. Pero es acompañada también, más profundamente sin duda, por la forma que tiene el saber de ponerse en práctica en una sociedad, en la que es valorado, distribuido, repartido, y en cierta forma atribuido.

Recordemos, y a título simbólico únicamente, el viejo principio griego: que la aritmética puede muy bien ser objeto de las sociedades democráticas pues se enseña las relaciones de igualdad, pero que la geometría solo debe ser enseñada en las oligarquías ya que demuestra las proporciones en la desigualdad.

Finalmente, creo que esta voluntad de verdad apoyada en una base y en una distribución institucional, tiende a ejercer sobre los otros discursos –hablo siempre de nuestra sociedad- una especie de presión y de poder de coacción. Pienso en cómo la literatura occidental ha debido buscar apoyo desde hace siglos sobre lo natural, lo verosímil, sobre la sinceridad, y también sobre la ciencia– en resumen, sobre el discurso verdadero-. Pienso igualmente de qué manera las prácticas económicas, codificadas como preceptos o recetas, eventualmente como moral, han pretendido desde el siglo XVI fundarse, racionalizarse y justificarse sobre la teoría de las riquezas y de la producción; pienso además en cómo un conjunto tan prescriptivo como el sistema penal ha buscado sus cimientos o su justificación, primero naturalmente, en una teoría del derecho, después, a partir del siglo XIX, en un saber sociológico, psicológico, médico, psiquiátrico: como si la palabra misma de la ley no pudiese estar autorizada en nuestra sociedad más que por el discurso de la verdad.

De los tres grandes sistemas de exclusión que afectan al discurso, la palabra prohibida, la separación de la locura y la voluntad de verdad, es el tercero del que he hablado más extensamente. Y el motivo es que desde hace siglos, los primeros no han cesado de derivar hacia él. Y porque cada vez más él intenta tomarlos a su cargo, para modificarlos y a la vez fundamentarlos. Y porque los primeros no dejan de hacerse cada vez más frágiles, más inciertos en la medida en que, al encontrarse ahora atravesados por la voluntad de saber, ésta por el contrario no cesa de reforzarse y de hacerse más profunda y más insoslayable.
Y, sin embargo, es de ella de la que menos se habla. Como si para nosotros la voluntad de verdad y sus peripecias estuvieran enmascaradas por la verdad misma en su necesario despliegue. Y la razón puede que sea ésta: si el discurso verdadero ya no es, en efecto, desde los griegos, el que responde al deseo o el que ejerce el poder; en la voluntad de verdad, en la voluntad de decir ese discurso verdadero, ¿qué es por tanto lo que está en juego sino el deseo y el poder? El discurso verdadero, al que la necesidad de su forma exime del deseo y libera del poder, no puede reconocer la voluntad de verdad que lo atraviesa; y la voluntad de verdad que se nos ha impuesto desde hace mucho tiempo es tal que no puede dejar de enmascarar la verdad que quiere.

Así no aparece ante nuestros ojos más que una verdad que sería riqueza, fecundidad, fuerza suave e insidiosamente universal. E ignoramos por el contrario la voluntad de verdad, como prodigiosa maquinaria destinada a excluir. Todos aquellos, que punto por punto en nuestra historia han intentado soslayar esa voluntad de verdad y enfrentarla contra la verdad justamente allí donde la verdad se propone justificar lo prohibido, definir la locura, todos esos, de Nietzsche a Artaud y a  Bataille, deben ahora servirnos de signos, altivos sin duda para el trabajo de cada día. 

Publicado por Elías Brandán 06/11/14 http://www.oleadajoven.org.ar/index.php/Articulos/9756/el-orden-del-discurso-fragmento-michel-foucault

martes, 23 de diciembre de 2014

Renacer bajo las estrellas del pequeño dios

Hay un sabor de profundo sentir

que el corazón no puede siquiera entender.


Pero confío sin necesidad de milagros.

Toco las palmas húmedas de los que sufren.

Acaricio las manos secas de los que tienen hambre.

Duelo el paraíso perdido del amor en la tierra. 

Quizás me muestres  el amor enterrado debajo de las cenizas

y yo no pueda comprender con mi pequeña estrella,

que has nacido humilde entre los hombres heridos.

Pero si , niño de Belén te ruego me regales la luminiscencia de tu cielo del desierto.

Porque hace unos días que te sueño sosteniéndote entre mis manos

 naciendo desnudo y pequeño

 recibiéndote una vez mas en mi corazón.  



Adriana Paoletta

                                                            Feliz Navidad para todos!

domingo, 21 de diciembre de 2014

Toma este barco que se hunde y ponlo rumbo a casa ,aún tenemos tiempo...


 De repente tus hijos crecen. Miras al horizonte y parece un mundo que desconoces. Te sientes solo?. Hoy no, por favor! . Canta suavemente esta canción y deja que de tu corazón emane el sentimiento original que dio origen a tu soledad. Y verás que tu voz se quiebra. Que tu voz no sale de tu garganta; pero sigue cantando. Abre tu garganta, respira y deja que el sonido de tu alma te permita reconocer que esta melodía ,ahora te lleva mas allá de tu soledad, al encuentro de ese puente colgante de la VIDA.Canta con el corazón y lo haremos juntos en este barco,rumbo a casa.

Adriana 

No te conozco, 
Pero te deseo aún más por ello.
Las palabras caen a través de mi y siempre me engañan 
Y no puedo reaccionar

Juegos que nunca significan más de lo que aparentan
Jugarán con ellos mismos

Toma este barco que se hunde y ponlo rumbo a casa
Aún tenemos tiempo
Alza tu voz esperanzada tienes elección
Ya lo has logrado 



Cayendo lentamente, ojos que me conocen
Y no puedo volver atrás
Heridas que me toman y me borran
Y estoy pintado de negro

Ya has sufrido suficiente, y has luchado contra ti mismo 




Ya es hora de que ganes

Toma este barco que se hunde y ponlo rumbo a casa
Aún tenemos tiempo
Alza tu voz esperanzada tienes elección
Ya lo has logrado 





Cayendo lentamente, canta tu melodía
Que yo la cantaré alto





Falling Slowly .Letra y música Glen Hansard & Marketa Irglova

I don't know you, 
But I want you all the more for that.
Words fall through me and always fool me
And I can't react

And games that never amount to more than they're meant
Will play themselves out

Take this sinking boat and point it home
We've still got time
Raise your hopeful voice you have a choice
You'll make it now

Falling slowly, eyes that know me
And I can't go back
Moods that take me and erase me
And I'm painted black

You have suffered enough and warred with yourself
It's time that you won

Take this sinking boat and point it home
We've still got time
Raise your hopeful voice you have a choice
You've made it now 

Falling slowly sing your melody
I'll sing it loud