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Mostrando entradas de enero, 2015

El hilo primordial. Cuentos de Mamerto Menapace

El hilo primordial Autor: Mamerto Menapace, osb Editora Patria Grande, Buenos Aires, Argentina (autorizada la reproducción por la Editora Patria Grande) Agosto estaba terminando tibio. Había llovido en la ultima semana y, con el llanto de las nubes, el cielo se había despejado. Cuando se acerca septiembre, suele suceder que el viento de tierra adentro sopla suavemente y a la vez que va entibiando su aliento, logra devolver al cielo todo su azul y su luminosidad. Y aquella tarde, pasaje entre agosto y septiembre, el cielo azul se vio poblado por las finas telitas voladoras que los niños llaman Babas del Diablo. De dónde venían? Para dónde iban? Pienso que venían del territorio de los cuentos, y avanzaban hacia la tierra de los hombres. En una de esas telitas, finas y misteriosas como todo nacimiento, venia navegando una arañita. Pequeña: puro futuro e instinto. Volando tan alto, la arañita veía allá muy abajo los campos verdes recién sembrados y dispuestos en praderas. Todo parecía …

El árbol de las mariposas. Relajación chamanica.

Necesito que te quedes un momento aquí.Permanece en un estado pacífico, quieto y profundo. Deseo darte unas pequeñas instrucciones que necesitarás recordar. Cuando encuentres tu animal de poder, cruza tus brazos físicamente sobre tu pecho, abrazando a tu luminoso animal de poder, sabiendo que tú vas a traerte a tu animal contigo. Cuanto mejor estés relacionado con tu animal de poder, mejor será el modo en que ambos se muevan a través de los sagrados tejidos de la vida. Este animal de poder irá contigo en tus viajes interiores. Antes de viajar para encontrarlo, vamos a visualizarnos ingresando dentro de un árbol de mariposas. Deseo que cantes una canción para ti mismo, una canción de poder, mientras estás dentro del árbol de mariposas. Esta puede ser una simple palabra que puedes repetir una y otra vez, tal como “amor bendicme” o “espíritu ven a mi” o “el poder está en mi corazón  ”. Esta canción de poder es la que luego usarás para llamar siempre a este
animal de poder dentro de tu v…

Soledades

El desamparo originario nos acompaña toda la vida. Va variando las formas que asume según las épocas y los sujetos. Desde el goce autista del consumo a la soledad del síntoma neurótico, del aislamiento que produce el terror del totalitarismo al retraimiento del lazo social que promueve el discurso capitalista, la soledad no es una sino múltiple. Sin embargo, la soledad -en si misma- no es una salida nociva; está la soledad como punto productivo, como momento necesario para la invención. También está la soledad del analista, la soledad del acto, la soledad de la causa, que no es sin un lazo al Otro. Hay soledad y soledades, cada sujeto hará su arreglo. Es pertinente hablar de soledades, porque no es un término único.
Está el analista solo en su acto, Lacan dice, "solo, como siempre he estado en relación a la causa analítica"; "Uno que habla solo y dice siempre lo mismo", en el Seminario 24, "La invención de la soledad" en Paul Auster, "Cien años de so…

Qué es lo que me pasa?

En todas las tradiciones sagradas la pregunta cuanto te despiertas es : cómo me siento?.

La meditación al  despertar es fundamental para ver qué se oculta en tu mente. No siempre lo que dices es lo que sientes. Ni lo que muestras es lo que eres.

Las palabras que salen de nuestra boca en forma mecánica son simples reacciones de sedimentos condicionados por el pasado.

Las emociones se van apretando como las hojas del un libro muy pesado y antiguo así como los pensamientos. Cuando quieres darte cuenta de lo que te pasa, le hechas la culpa a los otros, te enojas y reaccionas sin control. O te deprimes sin saber muy bien  el porqué.  Este estado de no ser conscientes , nos lleva a la ignorancia de las causas que produjeron la infelicidad,  el miedo, el dolor, la frustración.

La meditación es la única llave para el conocimiento propio. Si no miramos dentro jamás sabremos que es lo que verdaderamente nos pasa. Y así la vida pasará sin haberla descubierto en su hondura, belleza y misterio.

B…

Saberes que se pierden con la edad

Un chiquito de tres o cuatro años “sabe” muchas cosas y con el crecimiento y la educación va perdiendo esos saberes: que papá está preocupado, o que la abuela está triste, que mamá está embarazada (aún antes de que tenga un atraso), o que perdió el embarazo,  y muchos ejemplos más. Se trata de un saber pre-verbal, no puede explicar cómo lo sabe.   ¡Cuántas veces muestran rechazo o afecto por personas que apenas conocen! y con el tiempo confirmamos lo acertada de su intuición.  No son videntes ni los tomemos como tales, pero en algunas cuestiones saben más que nosotros los adultos porque tienen menos interferencia de la mente racional y menos prejuicios, están muy conectados con su cuerpo y su persona entera y registran esas informaciones.   A medida que crecen se va perdiendo esa conexión. Y a los ocho años probablemente ya no se dé cuenta de la mayoría de esas cosas.   La cantidad de horas que los chiquitos pasan junto a sus padres explica su captación de los distintos estados de ánim…

Te sientes generoso o vacío?

Habla San Alberto Magno que existen tres géneros de plenitudes: "la plenitud del
vaso, que retiene y no da; la del canal, que da y no retiene, y la de la fuente, que
crea, retiene y da". ¡Qué tremenda verdad!
Efectivamente, yo he conocido muchos hombres-vaso. Son gentes que se dedican a
almacenar virtudes o ciencia, que lo leen todo, coleccionan títulos, saben cuanto
puede saberse, pero creen terminada su tarea cuando han concluido su
almacenamiento: ni reparten sabiduría ni alegría. Tienen, pero no comparten.
Retienen, pero no dan. Son magníficos, pero magníficamente estériles. Son simples
servidores de su egoísmo.



También he conocido hombres-canal: es la gente que se desgasta en palabras, que se pasa la vida haciendo y haciendo cosas, que nunca rumia lo que sabe, que cuando le entra de vital por los oídos se le va por la boca sin dejar pozo adentro.
Padecen la neurosis de la acción, tienen que hacer muchas cosas y todas de prisa,creen estar sirviendo a los demás pero su s…

24 pequeñas maneras de amar

-Aprenderse los nombres de la gente que trabaja con nosotros o de los que nos cruzamos en el ascensor y tratarles luego por su nombre.
- Estudiar los gustos ajenos y tratar de complacerles.
- Pensar, por principio, bien de todo el mundo.
- Tener la manía de hacer el bien, sobre todo a los que no se la merecerían
teóricamente.
- Sonreír. Sonreír a todas horas. Con ganas o sin ellas.
- Multiplicar el saludo, incluso a los semiconocidos.
- Visitar a los enfermos, sobre todo sin son crónicos.
- Prestar libros aunque te pierdan alguno. Devolverlos tú.
- Hacer favores. Y concederlos antes de que terminen de pedírtelos.



- Olvidar ofensas. Y sonreír especialmente a los ofensores.
- Aguantar a los pesados. No poner cara de vinagre escuchándolos.
- Tratar con antipáticos. Conversar con los sordos sin ponerte nervioso.
- Contestar, si te es posible, a todas las cartas.
- Entretener a los niños chiquitines. No pensar que con ellos pierdes el tiempo.
- Animar a los viejos. No engañarles como chiq…

EL ORDEN DEL DISCURSO (FRAGMENTO). MICHEL FOUCAULT

¿Pero qué hay de tan peligroso en el hecho de que la gente hable y de que sus discursos proliferen indefinidamente? ¿En dónde está por tanto el peligro?
He aquí la hipótesis que querría proponer, esta tarde, con el fin de establecer el lugar – o quizás el muy provisional teatro- del trabajo que estoy realizando: supongo que en toda la sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar sus poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad. En una sociedad como la nuestra son bien conocidos los procedimientos de exclusión. El más evidente,  y el más familiar también, es lo prohibido. Uno sabe que no tiene el derecho a decirlo todo, que no se puede hablar de todo en cualquier circunstancia, que cualquiera, en fin, no puede hablar de cualquier cosa. Tabú del objeto, ritual de la circunstancia, derecho exclusivo o privilegiado del sujet…