viernes, 20 de febrero de 2009

Escanea tu cuerpo antes de meditar.

La práctica de la meditación empieza a menudo con técnicas que nos llevan a la conciencia del cuerpo.Esto es muy importante en una cultura que ha descuidado la vida física e instintiva. Mediante la conciencia podemos cultivar la voluntad de abrirnos a las experiencias físicas sin luchar con ellas, es decir, vivir realmente en nuestro cuerpo. A medida que lo hacemos, sentimos el placer que nos puede brindar o los dolores con mayor claridad . Puesto que nuestra cultura nos enseña a eludir o huir del dolor lo conocemos poco.Lo sentimos pero no lo conocemos. Para sanar el cuerpo hemos de estudiar el dolor. Veremos que a veces el dolor es fruto de intentar adaptarnos a una postura incorrecta o es señal de una enfermedad o es un síntoma de un problema físico. Dichos dolores reclaman una respuesta directa y una acción sanadora de nuestra parte. Sin embargo como la mayoría de las veces el tipo de dolor con el que nos topamos, en la tensión meditativa no es un símbolo de problema físico, son manifestaciones físicas dolorosas de nuestros apegos y contracciones emocionales,psicológicas y espirituales.


W. Reich denominaba a dichas contracciones como nuestra armadura muscular,las zonas de nuestro cuerpo que hemos castigado una y otra vez en situaciones dolorosas como modo de protegernos de las inevitables dificultades de la vida. Cuando nos sentemos en quietud, nos dolerán nuestro hombros, espalda , mandíbulas o cuello. Los nudos acumulados en el tejido de nuestro cuerpo antes desapercibidos, empezarán a revelarse a medida que nos abrimos. Cuando nos vamos volviendo concientes del dolor que han contenido , también seremos concientes de sentimientos, recuerdos o imágenes conectadas específicamente con cada área de tensión.

A medida que incluimos en nuestra conciencia todo lo que habíamos acallado y descuidado, nuestro cuerpo sanará. Aprender a trabajar con dicha apertura forma parte del arte de la meditación . En dicho proceso hemos de trabajar para desarrollar un a sensación conciente de lo que está pasando realmente en nuestro cuerpo. Podemos dirigir nuestra atención, con el fin de darnos cuenta de patrones de respiración o pautas posturales, del modo en que colocamos la espalda, nuestro pecho, nuestro vientre o nuestra pelvis. En todas estas áreas podemos experimentar con cuidado el libre movimiento de la energía o la contracción, (contractura) o firmeza (coraza) que impiden el libre fuir de la energía.


A partir del trabajo de asanas y pranayama, trabajamos con el cuerpo denso y sutil abriendo los canales del prana . Por eso los 8 pasos del Ashtanga Yoga de Patanjali nos preparan física, energética y mentalmente para alcanzar los estadios meditativos.


Basado en los textos de Jack Kornfield

4 comentarios:

Rodolfo Pardo dijo...

Q buenos informes, la verdad lo leo y me atrapan, es maginifico lo que haces Adriana, te felicito. Gracias por recomendar mi pagina a tus alumnos, es un orgullo para mi que me comentes eso. Muchas gracias

Rodi kine

Pedro dijo...

Yo empecé a meditar por problemas de salud, y lo cierto es que es bastante aconsejable para saber identificar los dolores y aprender a controlarlos conscientemente.
Es cuestión de práctica.

Besos.

Adriana Paoletta dijo...

Hola Rodi!
Vos relizás un trabajo estupendo y sé que serás un estudioso del cuerpo como pocos. Es un honor para mí que me leas!
Un abrazo cálido
Adriana

Adriana Paoletta dijo...

Hola Pedro...qué maravilla que nos cuentes tu experiencia meditativa. Acceder a estados ,más elevados de la mente nos permiten evocar en nosotros las respuestas a todos los pequeños problemas y saber sobrellevar a quellos que no podemos resolver.

Un abrazo de luz
Adriana