martes, 13 de mayo de 2008

LA MEDITACIÓN PUEDE hacernos más compasivos



Una investigación reciente sugiere que las cualidades de las que el mundo necesita más desesperadamente, el amor, la bondad y la compasión, de hecho pueden enseñarse.

La tecnología de imaginología muestra que las personas que practican meditación que se enfoca en la bondad y la compasión realmente experimentan cambios en áreas del cerebro que las hacen más perceptivas a lo que los demás sienten.

"Potencialmente, uno puede capacitarse para actuar de manera más benévola y altruista", afirmó el coautor del estudio, Antoine Lutz, científico asociado de la Universidad de Wisconsin en Madison.

Sin embargo, todavía queda por probarse qué tanto se puede extrapolar esta idea.

"Creo que no hay duda de que la gente puede beneficiarse de estas prácticas", apuntó el Dr. Louis Teichholz, director médico de medicina complementaria y jefe de cardiología del Centro médico de la Universidad de Hackensack en Nueva Jersey. "Creo que la pregunta es qué tan fácil es capacitarse lo suficiente para que suponga una diferencia clínica y no creo que este estudio responda a ese interrogante".


Los hallazgos fueron publicados en la edición del 26 de marzo de la revista Public Library of Science One.

Estudios recientes de imaginología cerebral han sugerido que la ínsula y las regiones de las cortezas cinguladas anteriores tienen que ver con la respuesta empática al dolor de las demás personas. Pero no se sabe mucho sobre cómo cultivar la compasión afectaría los circuitos cerebrales.

Además, investigaciones anteriores han indicado que la meditación podría reducir la reacción del cerebro al dolor y que podría realmente mejorar la salud cardiovascular al disminuir el riesgo de síndrome metabólico.

"La cuestión principal de la investigación era determinar si algunas cualidades positivas, como la bondad amorosa y la compasión, o en general, una conducta altruista prosocial, pueden ser comprendidas como habilidades que pueden enseñarse", explicó Lutz.

De la misma manera en que el entrenamiento en deportes, ajedrez o música produce cambios funcionales y estructurales en el cerebro, los investigadores de Wisconsin deseaban ver si cultivar la compasión a través de la práctica de la meditación podía también producir cambios en el cerebro, lo que sugeriría que la compasión podría considerarse una habilidad aprendida.

En el estudio participaron 32 personas, 16 monjes tibetanos y practicantes laicos que habían meditado durante un mínimo de 10,000 horas en sus vidas (los "expertos"), y 16 sujetos de control, a quienes se había enseñado lo básico de la meditación de compasión sólo recientemente (los "novicios").

El autor principal del estudio, Richard Davidson, profesor de psiquiatría y psicología en la Universidad de Wisconsin en Madison y experto en hacer imágenes de los efectos de la meditación, ha estado colaborando con el Dalai Lama desde 1992, estudiando los cerebros de monjes tibetanos.


Para el estudio, se instruyó a los individuos del grupo de control que primero desearan bienestar y libertad del dolor a sus seres queridos, y luego que desearan tales beneficios para la humanidad completa.
"Estudiamos si habían diferencias entre los expertos y novicios en la generación de la compasión con la idea de que una práctica centran el esta tradición [de meditación] es cultivar estas emociones positivas", dijo Lutz. "Deseábamos ver si habían diferencias en la manera de reaccionar del cerebro".

Cada participante fue conectado a IRM funcional mientras meditaba y mientras no lo hacía. Durante cada estado, los participantes escuchaban sonidos diseñados para provocar respuestas, el sonido negativo de una mujer angustiada, el sonido positivo de un bebé que reía y el sonido neutral del ruido de fondo de un restaurante.

"Mostramos una activación alterada en los circuitos cerebrales que anteriormente se han relacionado con la empatía y a la toma de perspectiva o la capacidad de comprender las intenciones y estados mentales de los demás, y, más precisamente, la ínsula se activó más, sobre todo en respuesta a los sonidos emocionales negativos", señaló Lutz.

Especialmente en los monjes, estas áreas del cerebro se activaron aún más cuando escucharon los gritos de la mujer angustiada, afirmó.

Los autores del estudio esperan que los hallazgos podrían ayudar algún día con una variedad de problemas, entre ellos reducir la incidencia de acoso en las escuelas o ayudar a las personas que padecen de depresión.

"El próximo paso es ver si funciona", dijo Lutz. "Si funciona, se puede aplicar a poblaciones selectivas, como por ejemplo las personas deprimidas, o más ampliamente en la educación".

Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
HealthDay

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