domingo, 26 de diciembre de 2010

Nada te turbe.


¿Dónde descansar cuando el alma aguarda en silencio desolada?.

¿Quién sostendrá mis pasos cuando no sepa hacia dónde debo ir?.


¿A quién elevo mi mirada, cuando el cielo se abre como infinito?



¿Quién responde cuando el dolor y la pérdida son heridas que laceran el corazón desdibujado?.


¿Quién sueña en mis sueños y los revela como enigmas posibles?.

¿Quién ha respondido en silencio a todas mis plegarias?

Nada te turbe, cuando el alma no pueda creer.

Sólo renuncia a tu separación y confía otra vez en aquel que nace pequeño y humano, humilde y escondido, vulnerable y despojado.

Vuelve a creer en Dios hecho niño.


Siéntelo.

Está entre nosotros.


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