sábado, 7 de agosto de 2010

Samadhi


En varias tradiciones religiosas y místicas del Este de Asia, se denomina samādhi a un estado de conciencia de ‘meditación’, ‘contemplación’ o ‘recogimiento’ en la que el meditante siente que trasciende las limitaciones de su cuerpo y alcanza la unidad con lo divino.

El término proviene del sánscrito sam o samyak: ‘completo’ y ādhi: ‘absorción’.

El objetivo último de la práctica meditativa del yoga, en su octavo grado, es el logro del samādhi. El samādhi es un objetivo buscado tanto dentro del hinduismo como en el budismo.

De acuerdo al grado y manera en que el que medita experimenta la superación de las barreras materiales, las fuentes suelen distinguir tres grados de samādhi:

* janija, en el que la fijación es pasajera y limitada;
* upachara, en el que la totalidad de los sentidos se absorben transitoriamente en el objeto; y
* appana, en la que la distinción entre sujeto y objeto se elimina por completo. El resultado de esta última es el samapātti, la percepción de lo absoluto a través del control completo de la conciencia.

Diferentes tradiciones religiosas conciben el samādhi de manera diferente:

* Para el budismo se trata de la iluminación de la condición de Buda. También está estrechamente relacionado con la experiencia que en el budismo zen se denomina satori.
* Para el hinduismo, la unidad con Brahman en un trance místico.
* Para el jainismo, la realización individual del espíritu.

Al igual que otras prácticas de la tradición religiosa oriental, el samādhi ha atraído la atención de los estudiosos occidentales desde al menos el siglo XIX. Estudios científicos sugieren que el efecto de unidad cósmica producido en el samādhi es un resultado de un tipo de hipnosis generada por la técnica de meditación.

El samādhi en la religión

Para el hinduismo, el samādhi es una iluminación en la que el meditante trasciende la apariencia fenoménica y se libera así del samsara, con el ciclo aparejado de nacimiento, muerte y reencarnación. Se lo considera así, junto con el supremo conocimiento o gñana, el momento del moksha o liberación.

Un estado en que la conciencia está tan disociada del cuerpo, que éste permanece insensible. Es un estado de éxtasis en que la mente tiene plena conciencia, aunque el cuerpo no siente, y que al volver a su ordinario estado físico, trae consigo y recuerda las experiencias pasadas en el estado superfísico. Samadhi es la conciencia individual activa mientras queda insensible el cuerpo. Por ejemplo, si un individuo actúa conscientemente en el plano astral, se dice que su samadhi está en el astral, y si su conciencia está en el plano mental, su samadhi está en el mental. El hombre capaz de retirarse de su cuerpo, dejándolo insensible, mientras su mente se halla en plena conciencia, puede practicar el samadhi.

Las prácticas devocionales (bhakti) hindúes más frecuentes para llegar al samādhi suelen ser la reiteración de mantras, yantras o la fijación de la atención en diagramas generalmente circulares (mándalas). Así, en diversas prácticas de origen hindú se tiende a realizar la transcendencia de lo fenoménico mediante ritos y, especialmente, a través de la dhyana (meditación ascética).

En la práctica religiosa del budismo, el samādhi es el objetivo del Óctuple Sendero, así como de la liberación producida por el tantra.[cita requerida]

Mircea Eliade, en su estudio de las religiones orientales, ha evitado traducir la palabra samādhi como éxtasis, ya que afirma que el concepto del samādhi implica un «ensimismamiento» por el cual el sujeto se identifica con lo real absoluto; por ello ha elaborado para vertirla el neologismo énstasis.[cita requerida] De modo semejante, otro estudioso occidental del yoga, Mason Oursel, ha traducido la palabra samādhi con el neologismo isolación ya que según su opinión el samādhi se logra a partir de un aislamiento (tanto «aislamiento» como el neologismo «isolación» tienen como origen la palabra italiana ísola: ‘isla’) del sujeto, aislamiento que le dejaría sólo con lo real absoluto.

Samādhi y misticismo

La regla de la meditación aprendida y practicada con la guía de un gurú como único camino al samādhi, como toda regla, puede tener excepciones, como el misticismo y el vedanta. Es posible que en casos excepcionales, sin practicar meditación clásica de yoga, los místicos de diversas religiones, mediante la superconcentración del devoto en el objeto de devoción (como puede ser santa Teresa de Ávila o san Juan de la Cruz, superconcentrados en una imagen de Jesucristo), puedan haber desencadenado el samādhi, pero sería el mismo mecanismo de la superconcentración, solo que en el caso místico sería la superatracción que siente el devoto por el objeto de la devoción (objeto diferente según su religión), lo que generaría la superconcentración que dispara el mecanismo de samādhi, o sea, la superconcentración que hace que el contemplador, la contemplación y el objeto contemplado se fundan en uno. La superconciencia se conseguiría así de manera diferente pero con algo en común. Es además posible y quizá probable que lo que la vida monástica cristiana llama contemplación tenga puntos en común con lo que lo que en Oriente llaman meditación, al menos como concentración en lo divino.

Via:Buda Chanel

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