martes, 12 de mayo de 2009

Meditación Shamata



La meditación no llega fácilmente. Así como los árboles crecen con lentitud y hay que esperar a la floración y a la maduración del fruto, para disfrutar de éste; la floración de la meditación es una paz inexpresable que impregna todo tu ser. El fruto de la meditación es un estadio de conciencia plena, el cual es indescriptible pues el meditador se funde con dicho estado. Y al fundirse totalmente no queda alguien para describir la experiencia. Swami Vishnu Devananda.

La primera práctica en el camino budista de la meditación se llama Shamata. Significa "morar en calma" o "meditar en la tranquilidad". Para los budistas meditar consiste en el acto de concentración en un objeto en particular o en una idea. El dominio de la práctica de Shamata es esencial para formas de meditación más elaboradas como Vipassana.

Shamata son un conjunto de prácticas de meditación diseñadas para enfocar y desarrollar voluntariamente la atención. Su culminación es una atención que puede ser sostenida sin esfuerzo y que puede mantenerse por mucho tiempo.

Para su comprensión más simple, la práctica de shamata se encuentra a menudo dibujada en los monasterios budistas. En estos dibujos o frescos se explican gráficamente las nueve etapas de la meditación. Frecuentemente a estas pinturas se les conoce como "El camino al Nirvana"
La práctica de shamata usualmente se basa en un objeto de meditación que puede ser una imagen o la respiración. Cuando es la respiración, se inicia observado el leve fluir de ésta y posteriormente se va profundizando en la sensación.

La disciplina de la práctica de shamata es hacer que la mente vuelva una y otra vez al objeto de meditación. Si estás distraído, en el instante que te das cuenta, sencillamente vuelves a centrarte en la respiración. No hay que hacer nada más. Incluso preguntarse: ¿ porqué me he distraído tanto ? es otra distracción. La simplicidad de la atención, de volver a traer continuamente la mente a la respiración, la calma progresivamente.

Al principio puede que nos sintamos un tanto extraños, creyendo que al observar tenemos en el acto de respirar, a quién respira y a la respiración, cada uno por su lado. Pero lentamente, a medida que perfeccionamos la práctica y que nuestra mente se aquieta, el acto de respirar, quien respira y la respiración se vuelven uno y, finalmente es como si nos hubiéramos convertido en la respiración.

Según vamos perfeccionando esta práctica y nos unificamos con al respiración, al cabo de un tiempo, la respiración en sí como objeto de atención en nuestra prácticas, se disuelve y nos encontramos reposando en el momento presente. Este es el estado de estar centrado en un único punto que constituye el fruto y la finalidad de shamata.

A través de la práctica de permanecer en calma, nuestra mente se ha apaciguado, entrado en un estado de tranquilidad y ha hallado estabilidad. Al igual que la imagen de una cámara fotográfica se vuelve nítida al enfocarla, la atención centrada en un punto de shamata, permite que surja una creciente claridad de la mente.

Según van desvaneciéndose gradualmente los oscurecimientos del ego y su tendencia al aferramiento comienza a disolverse, la "visión clara" o vipasyana se manifiesta. En ese momento ya no necesitamos el ancla que supone morar en el presente y podemos progresar avanzado yendo incluso más allá de nuestro yo. Hacia la apertura que representa la sabiduría que comprende la ausencia del ego. Esto es lo que va a arrancar de tajo la ilusión y a liberarnos del samsara.

2 comentarios:

Bacdiras dijo...

Muchas gracias por este artículo. Realmente la atención que nos permite morar en el presente parece ser la puerta.
Un abrazo.

Adriana Paoletta dijo...

Gracias Bac por morar en el presente y estar atento a lo importante.
Adriana