viernes, 15 de agosto de 2008

El ejercicio regular nos hace más inteligentes.



Estudios recientemente publicados han demostrado que una dieta balanceada y el ejercicio regular protegen al cerebro de posibles desórdenes mentales. Los atletas y las personas que hacen ejercicio regularmente no sólo tienen mejores cuerpos, tienen también mejores cerebros: aprenden más rápido, tienen mejor memoria, piensan más claramente y se recuperan más fácilmente de lesiones cerebrales como los accidentes cerebro vasculares. De la misma manera, son menos propensos a la depresión y a la pérdida de facultades cognitivas relacionadas con la edad.

Para Fernando Gómez-Pinilla de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), el ejercicio, así como el hambre, son estresores para el cuerpo, y esto, afirma, puede ser beneficioso. El ejercicio aeróbico, en cuanto implica el consumo rápido de calorías representa una amenaza para las reservas de energía del cuerpo. Frente a esta amenaza el cuerpo actúa para proteger uno de sus más preciados órganos: el cerebro.

A diferencia de las células de otros órganos vitales del cuerpo las neuronas son extremadamente vulnerables a las interrupciones en el flujo de energía. Si la energía falta por más de un minuto la neurona muere. Toda la fisiología del cuerpo está diseñada para proteger al cerebro, sostiene Gómez-Pinilla.

Al actuar como un estresor moderado el ejercicio es capaz de generar muchos de los beneficios asociados a la restricción calórica, al mismo tiempo que liberan “factores de crecimiento”, afirma Carl Cotman, director del Institute for Brain Aging and Dementia de la Universidad de California en Irvine. El ejercicio no sólo protege al cerebro, también mejora las funciones cerebrales.

Pero ¿cuál es el mecanismo por el que el ejercicio contribuye al mejoramiento de las capacidades cerebrales?

Nuestro cuerpo le está enviando constantemente a nuestro cerebro una actualización de la posición de nuestros miembros aún si estamos sentados o acostados. Cuando nos paramos o comenzamos a caminar estos mensajes eléctricos necesitan ser enviados más frecuentemente: la rodilla está doblada, ahora está derecha, doblada, derecha, etc.. Al movernos más rápidamente la actividad eléctrica no tiene tiempo de descansar entre un mensaje. Comienza por lo tanto a acumularse en el cerebro y eventualmente desencadena la liberación de sustancias químicas que se denominan “factores de crecimiento”.



Los factores de crecimiento son como maná para las neuronas. Ellos hacen que las neuronas sean más fuertes, más saludables y favorecen su capacidad de aprendizaje. En la presencia de estos factores de crecimiento nuevas neuronas nacen y las más viejas crecen y forman mejores conexiones unas con otras. Los vasos sanguíneos adyacentes a las neuronas florecen dándoles más acceso a la glucosa y a otros nutrientes. Todo esto, a su vez, sostiene Cotman, mejora nuestra habilidad para pensar, aprender y recordar, incrementando así nuestras capacidades cognitivas.

La pregunta es cuánto ejercicio necesitamos para lograr estos beneficios. La buena noticia es que no necesitamos mucho. Ejercitarnos un día de por medio es tan beneficioso como el ejercicio diario, siempre y cuando lo hagamos por espacio de media hora continua. El levantar pesas por otro lado, es decir el ejercicio anaeróbico, no es tan relevante para el cerebro como el entrenamiento aeróbico.


Fuente: livescience y noespocacosa

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