miércoles, 21 de julio de 2010

Meditación en el dolor. Aprende a entender por qué sufres.

Hay períodos en el que meditar se vuelve difícil y perturbador. Te sientas y en lo profundo de tu experiencia, te encuentras con un intenso dolor físico, que parece ensombrecer tu experiencia. ¿Será que has llegado a una puerta o a un camino sin salida?. No temas. Estás en el núcleo de la experiencia meditativa , allí el camino se angosta, se vuelve espinoso, parece lacerar a tu yo, lastimando alguna zona de ese yo fuerte que ahora se siente herido. Y sin embargo , si confías y te entregas, algo mayor te sanará, una inmensa protección interna vendrá a suavizar las heridas de tu cuerpo, tu mente y tu alma.

Confía y entrégate al corazón de la meditación. Siente y mira al dolor a los ojos. ..
Y una inmensa compasión te sostendrá la mano.

Dedico esta meditación a mi querida alumna Fabiana, cuya entrega a esta disciplina, me llena de emoción.

Adriana Paoletta

Meditación:


Siéntate cómodamente en un lugar tranquilo. Deja que tu cuerpo descanse.
Respira con suavidad.

Deja marchar tus pensamientos, el pasado, el futuro, los recuerdos y los planes. Sólo estate presente. Deja que la maravilla de tu cuerpo te diga qué partes necesitan ser curadas.

Deja que los dolores físicos, la tensión, la enfermedad o las heridas se muestren por sí solas. Lleva tu atención con cuidado y suavidad a estas partes del cuerpo que te duelen.

Lentamente y con cuidado, siente su energía física. Nota lo que hay dentro de ellas en la profundidad: las palpitaciones, la tensión, los pinchazos, el miedo, las contracciones… todo eso que llamamos dolor.

Permítete sentir el dolor en su totalidad, de una forma receptiva y con atención cuidadosa. Entonces, toma conciencia de las partes que rodean tus puntos de dolor. Si hay tensión ahí también, siéntela… respira suavemente y ve abriendo estas zonas.

De la misma forma, toma conciencia de si hay aversión o resistencia en tu mente. Observa los pensamientos y los miedos que acompañan al dolor. Estos son algunos de ellos:

"Esto no se me va a quitar nunca.”

"No puedo soportarlo.”

"No me merezco esto."

"Es demasiado dolor, demasiado profundo." etc.

Deja que estos pensamientos permanezcan bajo tu atención un poco de tiempo.
Entonces vuelve con suavidad hacia tu cuerpo físico. Deja que tu conciencia vaya más profundo ahora. De nuevo siente las capas de dolor que encuentres en los puntos a los que has llevado la atención. Cuando una capa se abra, deja que por sí sola se intensifique o se disuelva. Trae tu atención al dolor como si estuvieras consolando a un niño, tomándolo en tus brazos y dándole cariño y cuidado. Respira suavemente con tu intención puesta en ese punto, acepta lo que está pasando con una bondad sanadora.

Continúa esta meditación hasta que te sientas re‐conectado con esa parte de tu cuerpo que te pide atención. Finalmente te sentirás en paz.

EXTRAÍDO DE A PATH WITH HEART POR JACK KORNFIELD


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