martes, 20 de julio de 2010

La ola es el mar

Que los místicos van más adelante y más allá de las religiones es algo que aprendí hace tiempo. Recuerdo hace más de veinte años las reuniones de contemplativos de diversas confesiones orientales y occidentales que se celebraban en la abadía italiana de Praglia para meditar juntos en vez de discutir de teología. Ahora anda por aquí impartiendo conferencia el benedictino exlaustrado Willigis Jäger, cuyos libros siempre me han interesado mucho. En la línea de Antonio Blay y Anthony de Mello defiende la unidad del todo y la revolución del futuro viene de la experiencia mística. Anunque él ha practicado sobre todo el Zen, es pues condiscípulo del jesuita Enomiya Lasalle, considerado maestro zen por los propios japoneses, y de Ana María Schlütter, una religiosa que tiene un zendo cerca de Guadalajara.

Por ejemplo en su libro La ola es el mar niega que el simple cumplir los mandamientos coduzca a la experiencia de lo divino: “Aunque la ética cristiana diga que si te comportas bien verás a Dios, en realidad no resulta tan sencillo. Los mandamientos morales pueden ser una ayuda en el camino interior, pero no constituyen una garantía para la experiencia mística. Al contrario, siempre llevan el peligro, para la persona, de vincularse demasiado a la disciplina moral y a la ascética, y de quedarse apegada a su “yo”. Porque es el “yo” el que quiere ser moral, esperando alcanzar de esta manera elcielo”.

Cuenta :”Siendo niño hice una experiencia mística y entré en un espacio más allá de lo que el cura dijo. Esta experiencia se repitió pero no he podido encontrar en la Iglesia católica nadie que pudiese acompañarme en esto. Debido a mi profesión dentro de la Iglesia he tenido que viajar mucho y encontré a un maestro zen en Japón. Comencé un curso con él y me di cuenta que explicaba justo lo que yo he experimentado y reconocí que el zen es un camino hacia esta experiencia, pero también me di cuenta de que la mística cristiana dice lo mismo. Y si San Juan de la Cruz dice “entré sin saber a donde”, entonces entré justo en este espacio. Y si Santa Teresa de Jesús dice que “el río entra en el mar”, entonces no puedo distinguir las dos aguas, lo personal y lo no personal se encuentran.

Willigis Jäger

Teólogo benedictino y maestro zen

- ¿A qué monasterio benedictino pertenece usted?
- Vivo fuera del monasterio porque estoy exclaustrado. Benedicto XVI, cuando aún no era Papa, sino en su anterior puesto en la Congregación para la Doctrina de la Fe,(nombre que sustituye al de la antigua Inquisición), bajo el nombre de Ratzinger, me prohibió hablar en público.
- ¿Por qué?
- Pensó que yo ya no interpretaba correctamente el catolicismo.
- ¿Se defendió usted?
- Le escribí una carta diciéndole que no iba a hacerle caso por motivo de conciencia y por motivos pastorales.
- ¿Por qué un benedictino acude a la espiritualidad oriental?
- En la Iglesia católica no se enseñó la oración contemplativa y aún hoy día sigue habiendo dificultades con esa enseñanza.
- ¿Conoció al jesuita Anthony de Mello, también amonestado por la Santa Sede?
- Parecido problema al mío.
- Le acusaron de panteísta.
- A mí me acusan de monista, pero lo que yo enseño no tiene nada que ver con ello.
- ¿Es compatible la espiritualidad oriental con el credo católico?
- Existe una espiritualidad transconfesional y a ésa me dedico. Pero eso no significa que yo tenga que dejar la confesión católica.
- El teólogo Rahner decía que el siglo XXI, o es místico, o no será nada.

- Yo también creo eso, porque, o bien hacemos experiencias en el espacio transpersonal, o no vamos a poder sobrevivir como especie humana.
- ¿Qué significa experiencia transpersonal?
- Nuestra personalidad es un logro de la evolución, pero al mismo tiempo significa una limitación. Nuestra conciencia tiene que ampliarse. Nos hemos desarrollado desde una conciencia prehomínida y de allí evolucionamos hacia una conciencia mágica, luego mítica, luego mental racional, pero no podemos quedarnos ahí.
- ¿Qué es ese ahí?
- Provenimos de un paraíso en el que alguna vez nos sentimos en una unidad simbiótica con la naturaleza, y lo que llamamos pecado original no es otra cosa que el haber desarrollado la conciencia individual fuera de esa simbiosis. Pero, apenas salimos de ella y pudimos decir tú y yo, empezó a matar Caín a Abel. Desde entonces nuestra especie no ha hecho otra cosa que matarse mutuamente y eso se ha agravado muchísimo. Hemos llegado a un punto donde no sabemos cómo va a seguir esto. En el siglo pasado se mataron mutuamente cien millones de personas y ninguna moral surtió efecto.

- ¿Por qué?
- Esas frases de «debes hacer», o «tienes que», no han hecho adelantar a nuestra especie humana para nada. Los grandes profesores y sacerdotes del mundo fueron un fracaso en este sentido. No estoy en contra de los profesores o de los sacerdotes, pero sus enseñanzas no han ayudado a los hombres.

- ¿Alternativas?
- Tenemos en nuestro interior posibilidades para comprender la realidad de un modo que no puede abordarse con la razón. Nuestra conciencia personal supone un gran logro de la evolución, pero al mismo tiempo supone una limitación. Caer en la cuenta de esa limitación es esencial para nuestra especie.

- ¿Cuál es esa limitación?
- Creemos que la conciencia del «yo» supone la única posibilidad de comprender. Pero eso es igual de tonto que cuando creíamos en el pasado que la Tierra era el centro del universo. Con esa concepción nos hemos orientado hacia un gran egocentrismo, que es la fuente de todos los males que conocemos en el mundo. El egocentrismo nos ha llevado al borde de la desaparición.

- ¿Cómo superarlo?
- Para salir de esa limitación hay que entrar en el nivel de la unidad. Entonces vemos que somos uno con todo y que sólo existe uno. Una red de pescador consiste en muchas mallas y una malla sola no tiene sentido. Cada uno tiene sentido en la totalidad.
- Pero algunas religiones ya predican el amor al prójimo.
- Las religiones predican el amor y dicen «debes amar a tu prójimo igual que a ti mismo», pero no nos han ayudado las religiones para dar ni un paso hacia adelante. Decimos «mi religión», «mi confesión»… Y los que no estaban de acuerdo fueron quemados. Eso sigue igual en el presente: sunnitas y chiitas, judíos y musulmanes, fundamentalistas en la Iglesia católica. Todos dicen «yo, yo, yo…». Todos los problemas del mundo resultan de ese egocentrismo.
- ¿Nada han contribuido las religiones?
- Sólo cambiaremos si entramos en un nivel nuevo de conciencia, en el espacio transpersonal. Superar las limitaciones del yo es algo que la mística de Oriente y de Occidente siempre han sabido hacer, pero se puede hacer en las religiones y también fuera de las religiones. La mayoría de las personas buscan fuera de sus religiones.
- Las religiones también han evolucionado.
- Las reformas en las religiones han sido como cambiar los muebles de un mismo piso. Lo hemos hecho muchas veces y no ha servido de nada. Lo que tenemos que hacer es subir un piso más arriba en la experiencia de lo religioso.

- ¿Qué hay en ese piso?
- Un nuevo nivel de la conciencia. Se trata de ser más plenamente humano. Hay que preguntarse qué sentido tienen esos pocos decenios de mi vida en un universo de miles de millones de años. Ese sentido es que debo ser plenamente ser humano, y ahora lo voy a decir en la manera cristiana: Dios quiere ser persona en mí, tal como soy en este momento, con esta figura que tengo. Es el único motivo por el que existimos. Por eso bailo esa danza de la vida, pero no soy yo el que está bailando, sino que estoy bailado. Dios se baila a sí mismo en mí. El maestro Eckart dice que Dios se saborea a sí mismo en las cosas. Ése es el motivo de mi existencia.
- ¿Y lo transpersonal?
- Yo tengo una importancia sin igual. Por eso dice Eckart que si no estuviera yo, Dios no sería. Por eso tengo un significado único con mi vida, con esos pocos decenios en medio del universo. Mi ser verdadero no es la conciencia del yo, sino algo que no nace y no muere. Lo que soy en lo más intimo es algo que seguirá cuando mi cuerpo físico haya muerto. Y no soy el único que está bailando, sino que bailan conmigo muchas personas, que tienen la misma importancia que yo. Cuando experimento esto, mis actuaciones serán diferentes.
- ¿Cómo se hace uno místico?
- La mística es una forma de oración, un camino de oración. Existen diferentes formas de oración y la mística es uno de esos caminos. Y muchos cristianos llegan a una frontera con su oración verbal dirigida hacia un Dios personal y entonces entran en una nueva forma de oración, y esa oración es una nueva experiencia de lo que llamamos Dios.
- Esa oración, ¿es la contemplación?
- Eso es lo que la tradición llama oración contemplativa, y lo conocemos de Santa Teresa de Jesús, de San Juan de la Cruz, de Francisco de Osuna… Hay un camino donde se enseña esa religión mística. Todas las religiones conocen dos formas de oración, una esotérica y otra exotérica. Las religiones, como el budismo, cristianismo, judaísmo, hinduismo e islamismo, tiene sus sagradas escrituras, sus dogmas, ritos, liturgias y esa forma de religiosidad se reza de forma exotérica. «Exoteros», en griego, quiere decir «desde fuera», y el rezo verbal o meditar sobre un texto serían la oración exotérica. En esa forma lo que hago es activar mis potencias psíquicas, como intuiciones, pensamiento…
- ¿Y la oración esotérica?
- Todas las religiones también tienen una forma esotérica de oración. El budismo ha desarrollado las formas del zen y del Vipassana; el hinduismo ha desarrollado las diferentes formas del yoga; en el islamismo conocemos el sufismo, y en el cristianismo tenemos la mística, que también es la contemplación. «Esoteros» significa «desde dentro» y en la forma de oración esotérica hago lo contrario: voy sosegando toda actividad mental, intento sosegar las potencias psíquicas, como memoria, voluntad y entendimiento, para que pueda irrumpir lo que está detrás de ello.
- ¿Por qué se perdió en el catolicismo la contemplación?
- La Iglesia católica dice que esa forma de oración contemplativa es una oración privada y no le gusta. Quiere que todos tengan la misma práctica que la Iglesia ha fijado. Todas la religiones teístas, como el Cristianismo, el Islam y el Judaísmo, tienen problemas con lo que es la mística.
- ¿Miedo a que la persona entre en contacto directo con Dios?
- La institución de la Iglesia teme perder el control.

J. Morán

Via: el blog de Pedro Miguel Lamet

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