jueves, 2 de abril de 2009

Dar nombre a nuestros demonios. ( Parte I )

En las culturas antiguas, los chamanes aprendieron a dar nombre a lo que tememos, era un modo práctico de empezar a tener poder sobre ello.

Cada senda espiritual tiene un lenguaje para enfrentar las dificultades comunes que afrontamos. Los sufíes las denominan Nafs. Los padres cristianos del desierto, que practicaron hace unos mil años en el desierto de Egipto y Siria, las llamaron demonios. Uno de ellos, Evagrius, dejó un texto con instrucciones en latín para aquellos que meditaban en la naturaleza: " Estad atentos a la gula y al deseo", advertía y también a los demonios de la irritación y el miedo."El demonio de la pereza y sueño del mediodía aparecerá cada día tras la comida y el demonio del orgullo sólo sacará su cabeza cundo hayamos vencido al resto de los demonios".
Para los meditadores budistas dichas fuerzas se personifican tradicionalmente como Mara(el dios de la Oscuridad) y en los retiros, se los denomina habitualmente obstáculos de la Claridad. Los nuevos estudiantes, inevitablemente se toparán con las fuerzas del anhelo, el miedo , la duda,la crítica y la confusión.Los estudiantes avanzados, aunque de un modo más claro y hábil, lucharán con los mismos demonios.

Sean cuales fueren las dificultades o placeres, nombrar nuestra experiencia es el primer paso para llevarlos a una atención conciente y despierta. El nombrar atento y el reconocer nuestra experiencia nos permite investigar nuestra vida y examinar cualquier aspecto o problema que se nos presente; dar a cada problema o experiencia un sencillo nombre como hizo el Buda cuando se le presentaron las dificultades. Buda afirmó : "Te conozco, Mara". En sus instrucciones sobre sobre la atención, dirigía a los meditadores a que se dieran cuenta : "Se trata de una mente llena de gozo", o "esta es una mente llena de ira", reconociendo como surgía y como desaparecía ese estado.
En el estado de dicha conciencia , la comprensión crece de un modo natural. Luego a medida que la experimentamos claramente y damos nombre a nuestra experiencia, podemos darnos cuenta de su contenido y cómo podemos responder a él más plenamente y con mayor habilidad.

La conciencia acerca del pecado , como estado de separación, como estado de dualidad, nos permite mirar a cara a cara a nuestros estados negativos, para poder trabajar con ellos. El estado no- Dual en el que volvemos a participar de la Unidad con lo divino, reafirma en nosotros la Esperanza de haber degustado lo inefable, para participar de la Gracia Plena de sabernos amados con infinita compasión a pesar de nuestros demonios.

Adriana Paoletta

2 comentarios:

Bacdiras dijo...

Ser conscientes, en definitiva y humildes al mismo tiempo, para reconocer lo que veamos.
Un besillo.

Adriana Paoletta dijo...

Hoal Bac!, la humildad ante todo y la atención plena para encntrarte frente a frente contigo mismo.

Un abrazo
Adriana