lunes, 23 de marzo de 2009

Medicina alternativa

Convertidas en un boom en todo el mundo, las terapias alternativas mueven hoy 16 mil millones de dólares por año. En la Argentina, casi el 90% de la población combina la visita al doctor con reiki, yoga, flores de bach, medicina china o ayurvédica, entre otras opciones. Los riesgos de la falta de control. Qué dice la Academia y por qué hospitales y universidades empiezan a permitir el ingreso de estas prácticas a sus claustros


El auge de las terapias alternativas -de la medicina ayurvédica a la china, de la homeopatía a la medicina antroposófica, de la aromaterapia o las flores de bach o al reiki, pasando por cientos de otras variantes, entre ellas el chamanismo- es un fenómeno que no sólo no para de crecer, sino que además logró en los últimos años cruzar el cerco de la desconfianza y los prejuicios para sentar sus reales incluso en ámbitos antes exclusivos de la medicina científica, como hospitales y universidades.

No es para menos. Convertidas en un boom en todo el mundo, las terapias alternativas mueven hoy 16 mil millones de dólares por año. Las estadísticas ponen en cifras lo que la observación cotidiana ya hacía sospechar: la mayoría de la gente no agota sus necesidades de salud con los "médicos de guardapolvo".

En nuestro país, casi el 90 por ciento de la población de sectores medios y altos combina la medicina científica (a la que también se llama biomedicina, medicina hegemónica, hospitalaria u occidental) con algún otro tipo de terapia, según revelan los estudios realizados por el Centro Argentino de Etnografía Americana (CAEA) que dirige la antropóloga Anatilde Idoyaga Molina

También la OMS puso un ojo en el crecimiento de estas modalidades: en los países en vías de desarrollo, la complementariedad entre lo científico y lo alternativo está en un promedio del 80 por ciento. En Europa, oscila entre el 20 y el 70 por ciento, según los países (en total ,unos cien millones de personas), y en EE.UU. alcanza el 70 por ciento. Pero mientras que el gobierno norteamericano respondió a esta tendencia con la creación del Centro Nacional de Medicinas Alternativas y Complementarias, al que le otorgó un presupuesto de 117 millones de dólares anuales para financiar investigación básica y clínica en esta materia; mientras que en países como Francia y Alemania muchas de las prácticas alternativas están cubiertas por los planes de salud, en la Argentina, el universo de la medicina complementaria se mueve en una nebulosa de la que se sabe poco y que se controla menos, a causa de la falta de regulación.

Esa misma falta de parámetros hace que el universo local esté integrado por un espectro de disciplinas de variado rigor científico: desde la medicina china, la ayurvédica o la homeopática -de larga tradición- hasta propuestas de bienestar muy new age como la aromaterapia o la hidroterapia.

Pero, en cualquier caso, la única ley que continúa regulando el ejercicio de la medicina sigue relegando a la ilegalidad a toda aquella actividad que no se aprenda en la Facultad de Medicina, como bien recuerda Manuel Martí, miembro de la Academia Nacional de Medicina y profesor emérito de Medicina Interna de la Facultad de Medicina de la UBA.

Pese a esa inflexible delimitación que hace como portavoz de la medicina occidental, Martí no propicia una caza de brujas. Puesto a pensar en las razones que alimentaron el crecimiento de lo alternativo, abre el juego y acepta que debe haber lugar también para la autocrítica por parte del sistema médico.

"Si uno hiciera una encuesta en cualquier consultorio de medicina general, se encontraría con que tres cuartas partes de los problemas que hacen acudir a la gente al médico son funcionales, ocasionados muchas veces por ansiedad o estrés. Frente a esto, ¿qué es lo que suele decirles el médico a esos pacientes?: "Usted no tiene nada", admite.

Martí no carga la responsabilidad tanto en los profesionales de la salud como en la degradación del sistema médico que dio origen a una relación mucho más deshumanizada: el vínculo paciente-institución-médico. Pero reconoce que la orientación extremadamente fisiológica de la formación universitaria puede estar contribuyendo a ciertos cuestionamientos por parte de los pacientes.
Sin embargo, no son sólo ellos los que comienzan a hacerse preguntas. Un estudio realizado durante seis meses de 2001 por especialistas del Departamento de Salud Mental del Hospital de Clínicas reveló que más de la mitad de los 540 pacientes consultados (54,4 por ciento) utilizaba terapias alternativas.

La hipótesis de trabajo de los doctores Cristina Pecci y Jorge Franco, responsables de la investigación, es ésta: "La medicina científica ha desarrollado el conocimiento de la enfermedad pero ha descuidado el desarrollo de una relación médico-paciente capaz de valorar y comprender al enfermo como persona en su singularidad y con su sistema de creencias".

La hora de la integración

Además de habilitar cierto modo de la autocrítica entre los médicos, el avance de las terapias alternativas logró lo que hace apenas unas décadas parecía imposible: abrir el camino hacia una forma integradora de comprender el arte de curar.

De hecho, las facultades de Medicina y de Farmacia dependientes de la UBA respaldan posgrados en medicina ayurvédica y preparados homeopáticos, respectivamente.

Otros ejemplos: en el centro de salud de la localidad de Olascoaga, en el partido de Bragado, se integra medicina hospitalaria con prácticas mapuches, en tanto que en el Hospital Italiano de nuestra ciudad, que ofrece tratamientos integrativos complementarios, se incorporan técnicas modernas de tratamiento miofacial, acupuntura y osteopatía. También talleres y cursos de Chi Kung, Tai Chi y yoga, a los que los pacientes acceden, en muchos casos, por sugerencia médica.

Silvia Kochen, coordinadora de la comisión de Salud, Ciencia y Tecnología del Ministerio de Salud, aplaude este tipo de iniciativas porque considera que los médicos deben conocer las diferentes terapias para orientar adecuadamente a sus pacientes e, incluso, para evitar cualquier tipo de combinación nociva para la salud.

"Si el médico sabe cómo llegar al paciente, no desde una posición descalificadora sino, más bien, respetuosa, el beneficio es para el paciente. Así trabajamos en numerosas comunidades del noroeste argentino, por ejemplo, para la prevención del cáncer de cuello de útero. Aunque para esto es fundamental la capacitación", explica esta investigadora del Conicet.

Pero para algunos, poner la responsabilidad en los estrechos hombros de un médico es injusto, especialmente cuando es el Estado el encargado de cumplir con las recomendaciones mundiales que la OMS lanzó hace cinco años: promover la integración entre terapias convencionales y alternativas y la capacitación adecuada para hacer realidad esa integración.

Lo cierto es que en la Argentina, que suele seguir las recomendaciones de la OMS, cinco años más tarde el Gobierno no cuenta siquiera con un relevamiento confiable, ni mucho menos con leyes, aunque en los últimos tres años circularon tres proyectos por el Congreso Nacional.

Uno de ellos, que tuvo media sanción en Diputados, promovía la regulación de la acupuntura. Otros dos, surgidos del Senado, impulsaban la regulación de las medicinas complementarias en general y de la homeopatía en particular (este último, presentado por el actual gobernador del Chaco, Jorge Capitanich). Todos perdieron estado parlamentario a partir de este año.

Sea como fuere, con críticos y defensores, las formas alternativas de medicina -desde las viejas prácticas tradicionales de diversas culturas a las más nuevas, de inspiración new age- que hoy ganaron presencia y se han instalado con fuerza en el espectro imaginario de la salud, parecen llamadas a coexistir con la medicina occidental. Si, como lo demostró el estudio del CAEA, los argentinos combinan 35 tipos de terapias distintas para tratar su salud, es evidente que la discusión ya no pasa por la disputa entre la legitimidad de unas y otras, sino más bien por encontrar el modo en que esto que ya es una realidad encuentre cauces saludables, valga la redundancia, a salvo tanto de los prejuicios reduccionistas como de las promesas de la charlatanería.

Por Lorena Oliva DIARIO LA NACION

Postdata: Las medicinas complementarias y la medicina tradicional deberían ser el complemento perfecto en la unificación e integración del hombre en busca de su equilibrio psicofísico.Creo que en la evolución de del espectro de la conciencia, como teoriza Ken Wilber cada una de ellas está orientada a sanar un nivel diferente del espectro. Esto es la medicina tradicional trabaja sobre el cuerpo físico (órganos, tejidos, ligamentos,músculos etc.) y algunas de las medicinas alternativas como la Medicina China y la acupuntura actúan sobre el cuerpo energético del paciente a partir de un mapa diferente, anatomía de meridianos o anatomía sutil.

Estas anatomías coexisten ,no se invalidan entre si, son parte de la topografía humana, en donde cada nivel de la conciencia, es como una capa geológica. Para saber qué la originó y de qué está compuesta,es necesario comprender el perfil evolutivo y el patrón de desarrollo que construirá el "todo". Al trabajar sobre diferentes holones trabajamos sobre el síntoma puntual y general, ya que el holón es la parte y el todo.

Para saber más:Medicina integral
Fotos: Quebrada de Humahuaca, Jujuy, Argentina, Patrimonio de la humanidad.

1 comentario:

Patricia dijo...

Hola amiga! paso a saludarte,
bueno yo creo que hoy en dia ambas pueden complementarse como se esta haciendo en Estados Unidos, ya se hizo desde hace algun tiempo atras en la China, balance, un balance es necesario..
lindo articulo!!
besos,