martes, 31 de marzo de 2009

El sufrimiento: Meditación Vipassana

En una nota anterior, Los tres pilares de la Meditación, habíamos nombrado, tres vivencias básicas a las cuales llega la mente en la meditación : la impermanencia, el sufrimiento y la ausencia de Identidad del Yo.

Hoy continuaremos con el tema del sufrimiento. Cuando hablamos del sufrimiento no estamos hablando exactamente del dolor o malestar físico,aunque por un extraño mecanismo que luego entenderemos, ese sufrimiento se origina paradojalmente en nuestro miedo a enfrentar al dolor, con la generación de innumerables atajos mentales.

Es decir , la inexorabilidad del sufrimiento en nuestra vida está dada porque nos llenamos de insatisfacción y de dudas. Para comprender de qué forma afecta el sufrimiento nuestras vidas debemos ser concientes instante a instante de su causa. Si dirigimos nuestra mirada sobre nuestra propia historia veremos que hasta nuestro gozoso nacimiento estaba cargado de dolor, tanto en la madre como en el hijo (en nosotros); si observamos con atención este dolor se repite en cada estadío de nuestra vida, cuando crecemos, cuando maduramos, cuando envejecemos, cuando enfermamos; cada uno de estos pasos lleva una carga de sufrimiento. Pero también nos hacen sufrir cada día hechos puntuales, un mal olor, una pelea,tener hambre, sed, calor, frío, estar cansados etc. Ante cada uno de estos estímulos habrá una reacción de nuestra parte, para alejarnos del sufrimiento que nos produce. Esa reacción, luego se transformará en obsesión al tratar de "eliminar" todos los estímulos que nos produzcan insatisfacción o dudas.

Cuando prestemos atención a esta necesidad experimentándola plenamente podremos darnos cuenta que ella nos impulsa a la huida continuamente,sin tomar conciencia del sufrimiento esencial en el que se arraiga. Es precisamente este sufrimiento el que nos lleva a invertir toda nuestra vida, tratando de evitarlo y de huir de él. Sólo cuando dejamos de huir podemos establecer contacto con nuestro sufrimiento esencial, en el mismo momento en que nos ponemos a investigarlo con una atención plena , cuando nos abrimos a él y lo experimentamos plenamente ocurre algo extraordinario, se desvanece súbitamente , es decir desaparece el hambre subyacente (hambre de contacto, de amor, de alimento, de comodidad, de placer).El hambre y el movimiento son los mecanismos mediante los cuales solemos desviarnos y evitamos enfrentarnos con nuestro sufrimiento esencial,lo cierto es que sólo alcanzaremos la calma, el reposo verdadero cuando nos permitamos penetrar en el sufrimiento.
Cuando dejemos de identificarnos con el sufrimiento, cuando ya no lo rechacemos, el dolor seguirá ahí tal y como es, es decir, soportable.
No es sencillo asumir que somos capaces de hacer frente a nuestro propio sufrimiento, porque estamos convencidos de que el sufrimiento es algo que hay que temer o evitar a toda costa, nos lo han enseñado y toda nuestra sociedad está edificada en torno a ese miedo, por eso huímos, por miedo a que el sufrimiento nos alcance y termine destruyéndonos. Es por ello que esa misma sociedad es hedonista, pero sabemos por lo que hablamos de la impermanencia, que las experiencias placenteras se esfuman rápidamente. Pese a ello nos atamos a ellas y las repetimos para tener la sensación de que perduran . Esto resulta un esfuerzo agotador ya que todo cambia velozmente, y eso transforma nuestra "seguridad" en algo frágil e ilusorio. Penetrando en el sufrimiento pasaremos de las capas de la enfermedad y el envejecimiento a otras más profundas, con tensiones más intensas, con sensaciones abrasadoras , son fuerzas internas que apresan y sustentan a este cuerpo. Una atención todavía más profunda nos revelará la existencia de un sufrimiento a escala celular.

Cuando tenemos atención plena, entraremos primero en contacto con los estados de ánimo y sentimientos dolorosos como la aflicción, la tristeza, las heridas del pasado, el enojo los celos etc. Veremos entonces como persistiendo en la atención plena se nos revela de que no son esas sensaciones concretas las que generan el sufrimiento, sino que es el deseo ( la misma tensión de gusto o disgusto) el que es origen del sufrimiento. Luego en la medida en que profundicemos nuestra práctica,verificaremos la presencia del sufrimiento en el mismo momento en que la conciencia establece contacto con los sentidos.En el auténtico silencio aparecerá el sufrimiento cada vez que un objeto impacte en nuestros sentidos, ya que descubriremos nuestro apego y nuestra identificación con lo impermanente.

El hecho de darnos cuenta de la magnitud del sufrimiento es extraordinariamente liberador, impulsándonos a soltarnos a vivir más plenamente y liberar la compasión que mora en nuestro interior.

4 comentarios:

Gamusino dijo...

Me ha gustado mucho este artículo, aunque hay cosas que no termino de comprender bien, quizás porque no he logrado mirar cara a cara al sufrimiento. Un abrazo y gracias por estos artículos tan útiles.

gabo dijo...

Adri, muchísimas gracias por este post exquisito.
Justo hoy estaba leyendo algo que Thomas Merton escribió acerca del sufrimiento en uno de sus libros más conocidos, Los hombres no son islas. Acá copio algunos pedacitos. Gracias de nuevo.

"Para enfrentar al sufrimiento en paz: sufre sin imponer a otros una teoría del sufrimiento, sin urdir una nueva filosofía de la vida con tu dolor material, sin proclamarte mártir, sin referir el precio de tu valor, sin desdeñar la simpatía y sin buscar mucho esta última.
Has de ser sincero en tus sufrimientos como en todas las cosas. Has de reconocer tu debilidad y tu dolor, pero no debes hacerles propaganda.
(...)
Para dar gloria a Dios y vencer el sufrimiento con la caridad de Cristo: sufre sin reflexionar, sin odiar, sin alimentar esperanzas de venganza o compensación, sin tener impaciencia por el final del sufrimiento.
Ni el principio ni el fin del sufrimiento tienen importancia. Ni la fuente del sufrimiento ni su explicación son importantes, siempre que sean voluntad de Dios. Sabemos, empero, que Él no quiere el sufrimiento inútil, vale decir, pecaminoso. Por lo tanto, a fin de darle gloria has de ser tranquilo y humilde y, además, sumiso en todo lo que sufras, a fin de no añadir a tu sufrimiento la carga de una inútil y exagerada sensibilidad.
(...)
Estas cosas no son asunto de técnica ascética, sino de simple fe: nada significan sin la oración, sin el deseo, sin la aceptación de la voluntad de Dios.
Por último, has de buscar algo más que una aceptación pasiva de lo que te venga de Él, has de desear y buscar en todas las cosas el cumplimiento positivo de Su voluntad. (...) Y has de buscar, en este cumplimiento, la comunión con Jesús (...)."


Dejame agregar una cosita. Vos hablás, como algunos orientales, de que el deseo es el origen del sufrimiento. Pero parecería ser que, según la interpretación cristiana de Merton, hay un tipo de deseo liberador del sufrimiento. A mi parecer no hay contradicción entre estas dos cosas, porque creo que lo que dice Merton se podría pensar así: desear el cumplimiento de la voluntad de Dios es adoptar una disposición tendiente a la contemplación, es decir, a vivir de acuerdo con la Providencia. Si fuera así, Merton estaría en sintonía con lo que decís (por otra parte, cuando habla de la 'comunión con Jesús' podríamos pensar en 'volvernos Buda'), sólo que con otra terminología del deseo. Porque el deseo del que vos hablás sería, creo, el deseo pecaminoso. No digo pecaminoso en el sentido ridículo en que usa esa palabra el Papa, lo digo en el sentido del pecado como interrupción de la voluntad divina, que puede tomar las formas de, como decís, insatisfacción y dudas.

Espero que mis notitas mentales no ocupen demasiado especio.
Un beso.

Adriana Paoletta dijo...

Hola gamusino!

lo importante no es llegar sino estar en el camino.Como yo hago el esfuerzo por hacerme entender vos hacés el esfuerzo por entender. Ya pasará por vos la conciencia del sufrimiento y recordarás esta nota y su sabor.

Un abrazo de luz
Adriana

Adriana Paoletta dijo...

Hola Gabo!

Qué maravillos párrafos de Merton. Sin duda la visión cristiana acerca del dolor es un caminar penetrando en el. El deseo para Oriente es el apego que uno desarrolla por las personas o las cosas que van acompañadas de emociones y sensaciones que te brindan un tipo de placer por definición fugaz , de aquí las adicciones, el consumismo,las relaciones casuales y todo tipo de atajos para adormecer el sufrimiento.
Es el reino de lo descartable, de lo efímero.
En contraposición el deseo al que se refiere Merton es "esa necesidad" insobornable que anida en nuestro corazón por hallar el sentido a nuestra existencia y acallar de esa manera al sufrimiento." Bienaventurados los que sufren porque de ellos será el reino de los Cielos".

Un abrazo de luz
Adriana