sábado, 31 de enero de 2009

Los enteógenos.Las plantas sagradas del éxtasis.(Parte uno)


Las técnicas del éxtasis fueron inducidas desde tiempos inmemoriales a través de diferentes vías: una de ellas fue el uso de drogas psicotrópicas. Desde mi experiencia personal creo que la tecnología que aporta el Yoga es el vehículo más sofisticado, seguro y directo para acceder a la experiencia de Unidad. Probado desde hace 5000 años es una de las formas más equilibradas para reencontrarnos con el potencial infinito de nuestra Mente. Nunca tuve la necesidad de probar ningún tipo de drogas para acceder a la creatividad, a la conciencia de unidad con el universo y otros seres, ya que desde los 18 años que mi práctica diaria me ha dado las herramientas necesarias para establecer contacto con mi mundo interior.

Creo interesante la investigación en las vías del éxtasis con una contención terapéutica profesional,para que la experiencia interior sea validada e integrada saludablemente en la vida cotidiana.

Finalmente como diría Jodorowski las drogas forman parte de las "mentiras sagradas". Por ser externas a nosotros, a nuestra escencia,no nos pertenecen, por lo tanto nos crean dependencia.

Adriana Paoletta

El entendimiento de las sustancias psicodélicas y de los agentes conocidos como enteógenos es de interés por sus posibilidades terapéuticas, tanto médicas como psiquiátricas.

Para mejor comprender sus alcances, debemos entender la relación que éstos siempre han mantenido con el sortilegio de los hechiceros, con la magia y con los cultos.

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Chamán

Los enteógenos

Son compuestos psicoactivos, muy a menudo de origen vegetal, que poseen propiedades alucinógenas. Estos últimos efectos a veces suplementan experiencias místicas/espirituales. En un sentido más amplio, el término se refiere a sustancias naturales y sintéticas que inducen alteraciones de la conciencia similares a aquellas administradas durante rituales místicos.

Los siguientes párrafos fueron adaptados de Wikipedia Español.

El término se adapta de la lengua griega, en la que éntheos (???e??) significa "poseído por un dios" (literalmente "dios dentro de") y génos (?????) que significa "origen, nacimiento". Por tanto, el significado etimológico es «devenir divino de adentro». El adjetivo correspondiente es enteogénico.

Nuestra especie y sus tendencias exploradoras

El ser humano, desde tiempos inmemorables, ha investigado su entorno en una búsqueda, imperativa e innata, por compuestos capaces de alterarle la conciencia y de modificar la percepción de sus mundos, tanto espirituales como físicos --- hoy sabemos que en este empeño instintivo, otros animales lo han acompañado.

Las drogas que, los hombres, buscan, naturales o sintéticas, forman las bases de estos agentes que alteran la función del cerebro, controlando sus percepciones. Estas sustancias, que aún permanecen controvertidas, no son ni nuevas ni pertenecen a nuestra historia reciente.

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Peyote

Pioneros antiquísimos, herboristas medievales, los griegos de la antigüedad, los chamanes neolíticos, animales salvajes, e insectos por doquier, en el transcurso del tiempo, han tenido encuentros, accidentales o intencionales, con agentes del género de los soporíferos y estupefacientes.

Desde que, el ser humano, hiciese contacto con ellas, las drogas han formado parte de la existencia del hombre, aunque muchos objetan a esta posición.

Estos elementos químicos, que fueron diseñados, por la Naturaleza, para repeler los enemigos predadores de las plantas, están dotados de propiedades soporíferas, o que alteran las funciones de la mente, pudiendo causar la muerte de quienes entran en contacto con ellas.

El estado de intoxicación ha sido el resultado inevitable de estos encuentros entre los reinos animales y vegetales. Estado éste que resulta ser, precisamente, la condición deseada, por todos quienes lo procuran, para su deleite.

Muchos animales procuran, insistentemente, las plantas que los hacen sentirse "intoxicados", con perseverancia peligrosa. Las abejas atolondradas, muy pronto caen víctimas fáciles de sus predadores naturales. Los esqueletos de aves "borrachas" cubren las superficies de nuestros caminos. Los gatos pagan con daño al cerebro por el uso prolongado de sus plantas de "placer". Las vacas, envenenadas por las yerbas que las estimulan, eventualmente perecen. Los elefantes embriagados hacen daño extensivo al entorno donde viven, ocasionando la muerte de muchos animales que, con ellos, tienen la desdicha de encontrarse, últimamente teniendo que ser destruidos ellos mismos. Monos desorientados ignoran sus críos y se extravían de la seguridad provista por la colonia, encontrando su muerte.

Los seres humanos no somos diferentes en este respecto, ya que las experiencias con plantas estupefacientes y las drogas que han fascinado nuestro género, por tiempos remotos, pueden terminar causándonos perjuicios incalculables en todos los sentidos.

Pero, antes de proseguir, retornemos a nuestro pasado más lejano…

Por un instante regresemos, a los períodos mesozoico y neolítico, los cuales definiremos, parentéticamente, antes de proceder con este artículo.

Empezaremos de manera cronológica en la mesura con que se estiman las edades geológicas, cubriendo primero el período mesozoico, que la película Jurassic Park, hiciera famoso.

El mesozoico

Este período comenzó con la desaparición de los pantanos de carbón y de los campos de hielo que envolvían la tierra. Tiempos cuando los continentes aún yacían cerca entre ellos y los volcanes construían montañas, mientras que los reptiles escasamente empezaban su pausado avance evolucionista bajo las sombras de los helechos y las coníferas. Pasos que igualmente tomaran las plantas angiospermas que engendraran semillas florecientes durante el período cretáceo --- hace de ello unos 135 millones de años. Impelidas, en su viaje, por los vientos y las lluvias, las semillas de estas plantas se esparcieron por todas las regiones accesibles del globo.

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Villa mesolítica

Bajo un palio de luz solar y temperaturas crecientes estas plantas comenzaron a producir materias alcaloides complejas para defenderse de predadores posibles. Ingeniosas en su estructura y diseño, estas sustancias estimulantes poseían la cualidad de proporcionar a los animales hambrientos, que las probaran, con una bebida de sabor agradable, seguido por mareos, malestar, y aún la muerte.

Como si para vaticinar su presencia, las angiospermas atraerían la curiosidad de animales incautos con una explosión polícroma de frutas y flores apeteciblemente tentadoras.

Y ya que la tierra rebosaba con la presencia de vida animal, encuentros cercanos entre bestias curiosas y matas venenosas serían inevitables. Entonces, algunos animales que eran incapaces de detectar el alcaloide, sucumbieron al estrés, producto de los efectos tóxicos que provinieran de las plantas ingeridas.

Con habilidades sensoriales superiores y con hígados más eficientes, las aves y los mamíferos sobrevivieron esas lecciones rigurosas. La fisiología y el comportamiento de sus descendientes modernos sugieren que ellos subsistieron porque fueron capaces de desarrollar mecanismos bioquímicos que les permitieran desintoxicar los venenos provenientes de las plantas y, a la vez evolucionar estrategias de comer que minimizaban la ingesta de cantidades peligrosas. (Al respecto de los excesos, véase mi artículo The Understanding, prevention and treatment of overweight en monografías.com).

De esta discreta manera, y, por medio del manejo de nuevas comidas con extremada cautela --- rechazando con presteza plantas específicas --- animales que lograron sobrevivir los peligros inherentes en lo desconocido, aprenderían a seleccionar y comer plantas ricas en nutrimentos y bajas en drogas tóxicas.

Más adelante, y por medio de tanteos cuidadosos, un número de animales aprenderían a adaptarse al uso de matas tóxicas por virtud de su ingestión en cantidades modestas, mientras que favorecieran el consumo de arbustos que les fueran más familiares y libres de riesgos.

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Desde 245 hasta hacen 65 millones de años

Millones de años más adelante, animales salvajes que habían asimilado las estrategias de comer, transmitidas a ellos por sus antepasados, se convertirían en los primeros preceptores del ser humano en este importante respecto.

Vagando dentro de su primera escuela, el hombre primitivo aprendió a imitar la estrategia de sus maestros, otros animales, a quienes no sólo lograría aventajar, sino que asimismo aprendería a cazar y comer.

El hombre aprendió a lamer y a limpiar sus heridas del modo como observara otros animales hacerlo. Nuestros antepasados se sentarían en los ríos fríos para reducir sus fiebres, como notara que hicieran los ciervos luego del ataque de serpientes venenosas. Observando, el hombre aprendió a escalar montañas mascando la coca --- exactamente como otros animales, antes que él lo hicieran. Y, en las cimas de las montañas más elevadas comenzó a ofrecer el humo del incienso y de plantas estupefacientes, como las hayas venenosas, para apaciguar los espíritus invisibles, donde quiera que éstos estuvieran.

Para el tiempo en que llegara la revolución mesolítica, el cerebro del ser humano le había permitido, al hombre, lograr el lugar preeminente en la clase que todos asistieran en la Escuela de la Vida. Domesticando sus previos maestros, cultivando sus plantas soporíferas, y haciendo del mundo su laboratorio de investigación bioquímica.

El período mesolítico

Durante estos tiempos, las exploraciones del ser humano se tornarían sistemáticas reconociendo en detalle las propiedades tanto medicinales como recreacionales y venenosas de las plantas que descubriera, especialmente las de las plantas con propiedades psicoactivas.

Por los próximos diez mil años que siguieran el hombre aprendería a fumar, a inhalar aromas estimulantes y a inyectar drogas. Esos logros circunvalaron la lengua y el paladar, evitando lo amargo y el estómago, que hubiese regurgitado algunas de esas materias, detectadas como tóxicas, por este último órgano.

Los seres humanos, muy pronto, desertaron las estrategias alimentarias que la Naturaleza les había trazado, como también hubiese hecho para las demás especies. Así que dotado de una curiosidad enorme, pero con un organismo muy frágil, y estimulado por un apetito insaciable por todo --- la comida incluida --- lo que, por placer, pudiese ser utilizado, el hombre emprendió una cruzada de conquista por lo que le pudiese traerle los mayores goces --- aunque fueran drogas peligrosísimas y comidas engordadoras.

Lo que no pudo esperar mucho tiempo sería el momento propicio para que los fenómenos espirituales y el uso de las drogas se fusionaran. Lo que, en algunos casos sucediera de manera espectacular, como adelante veremos.

Dr. Felix E. F. Larocca

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