sábado, 10 de abril de 2010

Somo quienes creemos ser

Somos quienes creemos ser –dijo el Buda– porque llegamos a ser quienes creímos ser antes.” Los pensamientos crean nuestra realidad. Viéndonos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea, sacamos conclusiones basadas en pensamientos y observaciones. Constantemente buscamos la confirmación de nuestras opiniones, y eso nos da seguridad. Con los años, aquello que pensamos y cómo pensamos se convierten en el estándar para nuestra realidad. Empezamos a considerar nuestros pensamientos e impresiones como representaciones de una verdad absoluta.

Para el que piensa, los pensamientos pueden parecer frescos, pero en realidad éstos urden infinitas variaciones sobre unos pocos temas, apoyados por patrones recurrentes de opiniones e interpretaciones. Convencidos de que nuestras presunciones se basan en la verdad objetiva, nos sentimos apegados a nuestra forma de pensar. Y si llegáramos a sospechar que nuestros pensamientos y percepciones se ajustan a los viejos moldes, igual parece imposible cambiar nuestra percepción. Siempre encontramos los mismos problemas, provocamos las mismas reacciones conocidas y reaccionamos de las únicas maneras que sabemos: a perpetuum mobile. En definitiva, todo queda igual. La vida se torna un ciclo repetitivo que nos tiene cautivos. Este ciclo repetitivo se caracteriza por una inquietud y una confusión subyacentes. Según las enseñanzas budistas, este ciclo, así como el eterno vagar sin rumbo dentro de él, se llaman samsara.

La mente genera pensamientos constantemente. A medida que envejecemos, nos apegamos más al contenido de nuestros pensamientos y somos menos receptivos hacia posturas poco conocidas. Como experimentamos la mayoría de las cosas varias veces, nos acostumbramos a nuestras opiniones y nos consideramos expertos en ciertas cosas. No es sencillo ni parece prudente “cambiar” nuestra mente. ¿Qué pasaría si modificáramos nuestra mente? ¿Quiénes seríamos? ¿Qué pensarían los demás de nosotros?

Y sin embargo, si queremos evolucionar como personas debemos realizar un esfuerzo consciente para modificar nuestros pensamientos planteándonos desafíos con preguntas como: “¿Qué pensamientos quiero que me acompañen durante el día de hoy?” “¿Qué es lo que importa en este pensamiento?” “¿He tenido este pensamiento antes?” “¿Puedo pensar un pensamiento que nunca he tenido?” Podemos probar cambiar nuestra mente viendo las cosas desde la perspectiva de otra persona, o quizá negándonos a seguir dando vueltas alrededor de un mismo tema. El mejor remedio para los patrones de pensamiento repetitivos es simplemente olvidarlos.

Sea cual fuere el abordaje elegido, para poder cambiar nuestra mente debemos evitar seguir nuestras tendencias automáticas. Los pensamientos enraizados nos abruman, mientras que un pequeño cambio en un patrón habitual aliviana nuestra carga. Cada vez que realizamos un cambio consciente en la forma de aplicar la mente, nos sacamos un peso de encima.

(…)

Cadena de pensamientos

Rara vez terminamos un pensamiento antes de que el próximo tome la posta. Una inquietud interior nos obliga a producir cada vez más pensamientos; salen como el aliento turbio de un dragón echando fuego. Si logramos focalizarnos en un pensamiento, no para capturarlo sino para pensarlo exhaustivamente hasta que ya no haya más que pensar, se producirá un insight. Por ejemplo, podemos descubrir que ese pensamiento se originó en un supuesto erróneo y que ya desde el principio tomamos el camino equivocado. O que al final del pensamiento apareció la respuesta que buscábamos, o un conocimiento que no nos dimos cuenta de que estaba disponible o que habíamos ignorado porque resultaba incómodo, o quizás implicaba algunas conclusiones que nos asustaban. Por ejemplo, podemos pensar: “Debo cambiar mis responsabilidades laborales”. Si seguimos el pensamiento hasta el final, podemos decidir hacer los cambios ahora mismo en lugar de esperar a que ocurra lo inevitable después, cuando quizá la situación escape a nuestro control. Pensar nuestros pensamientos hasta agotarlos, siendo implacables al cuestionar nuestras respuestas (“Pero no sé cómo hacerlo”, “Hago todo lo que puedo”, “Soy humano, después de todo”), nos permite cambiar.

Ejercicio: para explorar las posibilidades de nuestra mente, debemos aprender a mirar hacia adentro hasta vislumbrar el mundo del pensar.

1.- Sentado inmóvil durante la meditación, puede distinguir el flujo de pensamientos. Al principio quizá le sorprenda la actividad caótica que se desarrolla en la mente, un desfile desordenado de hechos mentales: percepciones, emociones, imágenes, recuerdos y asociaciones, todos ellos impulsos generados por estímulos sensoriales y que culminan en pensamientos. Relájese y registre sus pensamientos sin emitir juicios ni manipularlos.

“Oh, esto es desconfianza; y aquí hay avaricia; esto es porque quiero reconocimiento por parte de mi padre; aquí el tema es el orgullo; ahora hablan los celos; ahora, otra vez la necesidad de ser el mandamás.” Si nos limitamos a observar, a reconocer y a dejar pasar los pensamientos, la conciencia echa luz sobre sí misma.

2.- También puede observar sus pensamientos en el trabajo. Tenga una hoja de papel a mano. Durante un rato, quizá no más de diez minutos, anote los pensamientos que surjan en su mente. Haga una lista separada de todos los pensamientos que lo distraen y que no guardan relación con el trabajo que se encuentra realizando. Este ejercicio despeja la mente, la hace más alerta, y mejora la concentración.

3.- También puede formar categorías con los pensamientos según su cualidad: positivos, negativos o neutros. En un instante debe decidir a qué categoría pertenece un pensamiento, aunque un análisis más minucioso revelará que todos, independientemente de su contenido, tienen aspectos positivos, negativos y neutros. A la larga, la conciencia de este triple aspecto de los pensamientos fortalecerá su capacidad de cultivar actitudes positivas en su vida diaria. Sabiendo que tiene opciones, empiece a buscar el lado positivo de las cosas y a construir sobre eso. Cuando tenga conciencia de un pensamiento no bien surja en su mente, habrá alcanzado un hito en la meditación sobre los pensamientos.

Por Arnaud Maitland

VIA LA NACION

Kumnye-ar@kumnyeyoga.com.ar

Para saber más:

www.dharmapublishing.com

www.skillfulmeansprograms.com

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1 comentario:

Luz del Alma dijo...

Gracias Adriana, siempre acompañando el camino y entregando herramientas.
Sigamos trabajando con nuestro interior, es la mejor manera de modificar lo de afuera.
Un fuerte abrazo de luz, Mirta