viernes, 2 de abril de 2010

El dolor de mi maestro, Jesús

Hoy es viernes Santo y amanecí con un dolor en mi cuello que me invita a experimentar una fracción muy pequeña del dolor de mi maestro , Jesús.

Cada Viernes Santo de alguna manera estas nubes grises que aparecen en el cielo , me recuerdan la tristeza de este día, la pasión desgarrada , la cruz y la muerte de Jesús.

Este Jesús que me acompañó desde que tengo memoria, a transitar el solitario camino del espíritu.

Entender desde tan pequeña esta dimensión tangible del mundo espiritual no me fue nada fácil. Ya que mi mundo alrededor estaba sumido en rituales religiosos, que se vaciaban a veces de significado . El sentir y caminar en la virtud nunca fue una tarea especialmente fácil en este mundo hambriento de poder, glorias y trofeos para los sentidos. Casi con compasión me veo de niña intentando integrar este amor por la verdad con los deberes y exigencias de mis padres , a los que agradezco desde el corazón; con los juegos con mis amigos, que por suerte aún conservo tan cerca, teniendo el regalo de incluso compartir con algunos de ellos nuestra búsqueda interior.

Cada vez siento más este verdad ...,y aunque caiga en el extremo opuesto del engaño, aunque me pierda en mis sentidos, aunque me pese el alma de tanto amar el cuerpo que se deteriora cada vez que abro mis ojos, sigo experimentando este llamado interior de ver a través de lo que la vida me presenta como real y entender que es tan sólo mi pequeño yo el que no puede desprenderse de su dominio.

Esta pared que se levanta entre mi yo y el mundo está hecha de emociones abruptas, de percepciones erróneas, caídas, senderos que no llevan a ninguna parte, relaciones que se pierden en el placer sin alimentarme en la libertad de trascender ese placer, esclavos de nosotros mismos en las garras de nuestro miedo a no ser amados.

Porque si dejo de moverme para conseguir cosas, gratificación y relaciones... quién me amará simplemente por lo que soy... este espíritu desnudo de posesiones y anhelos.


¿Quién me amará sin el maquillaje de mi sonrisa , sin el éxito escrito en mi espalda ?.

¿Quién me amará cuando ya no desee conquistarte?

¿Quién me amará cuando descubra que he estado perdido?.

¿Quién me amará cuando el tiempo pase y envejezca ?

¿Quién me amará cuando enferme y tenga frío?.

¿Quién me amará cuando agonice y tenga miedo?

¿Quién me amará cuando muera?

Estamos solos como ese Jesús en el monte de Getsemaní, llorando de miedo. Como ese Jesús en la cruz abandonado por su padre.

Pero allí detrás de ese muro, todavía no puedes ver ni oír,que hay alguien que raspa la piedra insistentemente y ahora ha hecho un orificio para que puedas ver al otro lado de este muro de dolor.

Mira!


A mis alumnos de todas las latitudes.

Adriana Paoletta

7 comentarios:

Mercedes Thepinkant dijo...

Gracias por estas lúcidas reflexiones sobre Jesus y sobre nuestra soledad. Me he sentido identificada y emocionada. Comparto tus sentimientos.
Beso.

Anónimo dijo...

Adri, que lindo lo que escribiste y que generosidad la tuya de compartirlo!!!

El que te ama, cuando no pintas tu sonrisa...
El que te acaricia y afloja tus ataduras...
El que te va amar cuando te sientas vieja y cansada...
El que te amara cuando no desees conquistarlo...
El que te ama aun cuando estas perdida y cuando no te sientas exitosa...
El que te quiere y te conoce aun en los lugares que vos todavía no buceaste dentro tuyo es JESÚS, que se entrego por cada uno de nosotros, para que encontremos las herramientas y podamos derrivar esa pared que no nos permite conectarnos con la esencia que llevamos en nuestro interior, que son las chispas de amor de Dios, que nos provee de la libertad necesaria para transitar este mundo, sabiendo que con su gran misericordia nos espera, por que nos acepta tal cual somos.
Gracias por todo lo que me das y te deseo para vos y todos los que tenes dentro de tu corazón, una FELIZ RESURRECCIÓN DE JESÚS.
Te mando un muy fuerte abrazo
María

Adriana Paoletta dijo...

Querida Mercedes la gratitud es mía por estar hermanadas a través de la sensibilidad ,que es la sabiduría más plena en nuestro ser femenino, aquella que define y dibuja nuestra espiritualidad.

abrazos introspectivos
adri

Adriana Paoletta dijo...

Gracias Mari por completar el poema, por responder tan maternalmente a esas preguntas lanzadas al viento. Siempre fuiste una madre espiritual para mí y entre las dos nos completamos, nos sostenemos en nuestra vulnerabilidad.

Te quiere
adri

susana dijo...

Gracias Adriana por compartir tus sentimientos. Estoy muy conmovida. Me veo reflejada. Es un regalo que ayuda a ser, el tener frente un espejo con tanta Luz y que con tanta generosidad nos ofrezca una oportunidad para mirarnos. Te estoy abrazando. Besos, Susana

Adriana Paoletta dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Adriana Paoletta dijo...

Susi querida qué emoción saber que al otro lado tengo cerca una mujer tan bella y radiante de iluminación. Nuestra espiritualidad es esta , la que roza el abismo de los vínculos, se estrece y abraza...

felices Pascuas de resurrección
adri