viernes, 8 de enero de 2010

El tiempo vuela... ¿o es sólo una percepción de nuestro cerebro?

Estudios revelan que la mente comprime los períodos que nos dejan pocos recuerdos

Benedict Carey
The New York Times

NUEVA YORK.- La pregunta más alarmante la mañana de Año Nuevo -"¿Qué hice ayer a la noche?"- puede parecer benigna comparada con "¿Qué hice exactamente todo el año pasado?" o "¿Ya pasó una década?".

Sí. En algún lugar, alguien debe haber presionado el botón de avance rápido. El tiempo pasa, lento o rápido, pero en enero parece que voló y dejó conversaciones pendientes, relaciones no resueltas, malos hábitos sin modificar y objetivos sin alcanzar.

"Muchos piensan en objetivos y, si no los alcanzaron, entonces de pronto piensan que fue apenas ayer cuando se los fijaron", dijo Gal Zauberman, profesor asociado de marketing en la Wharton School of Business.

Aun así, la sensación de que el tiempo pasa varía "según aquello en lo que se piense y cómo se piense". De hecho, los científicos no están seguros de cómo el cerebro sigue el tiempo. Una teoría es que posee un conjunto de células especializadas en contar los intervalos de tiempo; otra es que una gran cantidad de procesos neurales actúan como un reloj interno.

De cualquier forma, los estudios hallaron que ese marcapasos biológico no puede interpretar demasiado bien los intervalos más prolongados. El tiempo parece pasar más lento durante una tarde sin actividad y acelerarse cuando el cerebro está ante una tarea desafiante. Los estimulantes, incluida la cafeína, tienden a hacer que las personas sientan que pasa más rápido; los trabajos complejos, como calcular impuestos, parecen demandar más tiempo que el que ocupan en realidad.

Y las experiencias emocionales, como una separación, un ascenso o un viaje al exterior, tienden a percibirse más próximos en el tiempo de lo que realmente están. Algunos psicólogos dicen que los resultados de las investigaciones respaldan la observación del filósofo Martin Heidegger de que el tiempo "persiste sólo como una consecuencia de los acontecimientos que ocurren en él".

Ahora, los científicos están hallando evidencias de que lo opuesto también sería cierto: si se recuerdan muy pocos acontecimientos, entonces la percepción del tiempo no dura; el cerebro comprime los intervalos pasados.

Subestimar lo transcurrido

En un estudio publicado en la revista Psychological Science , el equipo de Zauberman puso a prueba la memoria de estudiantes universitarios con varios acontecimientos de interés público, como la designación del director de la Reserva Federal (33 meses antes del estudio) o la decisión de la cantante Britney Spears de afeitarse la cabeza (20 meses atrás). En general, los estudiantes subestimaron en 3 meses cuánto tiempo había pasado desde aquellos acontecimientos.

Eso no fue demasiado sorpresivo. En un experimento clásico, un explorador francés llamado Michel Siffre vivió en una cueva durante 2 meses, lejos de los ritmos de noche-día y de relojes fabricados por el hombre. Volvió a la civilización convencido de que había estado aislado durante apenas 25 días. Cuando se lo deja funcionar por sí solo, el cerebro tiende a comprimir el tiempo.

Pero la forma en que establece la temporalidad relativa de los acontecimientos depende de la memoria. De hecho, los participantes del estudio recordaron situaciones asociadas con el acontecimiento original, como la complicada vida amorosa de la cantante o la intervención de Ben Bernanke en la economía estadounidense, que hasta parecían haber ocurrido hacía mucho más tiempo.

En una serie de experimentos, el equipo puso a prueba los recuerdos personales y de fragmentos de películas observados en el laboratorio. El patrón se mantuvo: cuantas más situaciones asociadas recordaban, más lejos parecía el acontecimiento original. "A las personas les cuesta comprender el paso del tiempo -dijo Zauberman- y para poder hacerlo, se une a algo que comprenden", como es el desdoblamiento de los acontecimientos.

En un estudio previo, el mismo equipo había identificado una dinámica similar en el juicio individual de los intervalos que duran sólo unos momentos. Los estímulos relativamente infrecuentes, como los destellos o los tonos, tienden a acelerar el marcapasos interior del cerebro. Eso, por ejemplo, explica por qué parece que los hijos de los demás crecen mucho más rápido que los propios, a los que vemos todos los días. El cerebro tiene más control sobre su propia percepción del paso del tiempo de lo que la gente piensa.

El nuevo estudio sugiere que concentrarse en objetivos o desafíos que ocurrieron durante el año le daría al cerebro la oportunidad de completar el año pasado con recuerdos y el tiempo percibido. La mente es perfectamente capaz de interpretar un año, o una década, que pasó en avance rápido, como algo más que una pérdida de oportunidades de crecimiento.

1 comentario:

María Fernanda dijo...

Una vez, cuanto tenía como 12 años leí una nota en una revista, donde un psicólogo opinaba que cada uno ve pasar el tiempo según el porcentaje que represente de su vida total, así para un niño de 5 años, un año representa el 20% de su vida, mientras para alguien de 20 años, un año es solo el 5% de toda su vida, por lo que pareciera que fuera menos tiempo.
Una teoría interesante que me quedó grabada un verano.
Aunque, en mi humilde opinión, lo importante no es cuan rápido pase el tiempo, sino cuanto puede dar uno lo mejor de si mismo.
Besitos