sábado, 14 de junio de 2008

Krishnamurti. ¿Qué es la meditación?.



Y esas personas les han dicho que deben aprender a concentrarse. ¿Han investigado ustedes alguna vez lo que significa la concentración? Su base es una acción de la voluntad que consiste en oponer resistencia a cualquier factor que pudiera actuar como distracción y en enfocar la energía o el pensamiento en algo: una frase, una palabra…, una de esas palabras a la que ustedes llaman mantras y que repiten hasta la saciedad. La concentración implica oponer resistencia, ya sea para impedir que cualquier otro pensamiento se infiltre, o para controlar el pensamiento y evitar que merodee; es un acto de la voluntad, es resistencia, es represión. Necesitamos tener una mente libre, una mente llena de vitalidad, de energía; y en una mente que vive en conflicto constante la energía se pierde. Y necesitamos energía; la necesitamos para ir al trabajo, para hacer cualquier cosa. Todo lo que hacemos requiere energía. Si son capaces de desechar su sistema de meditación predilecto, si son capaces de ver y comprender la verdad de que la concentración es meramente resistencia, y por consiguiente conflicto y pérdida de energía, entonces pueden averiguar por sí mismos lo que se necesita para que la mente se halle en estado de meditación.

Indaguemos juntos, ¿les parece? No estamos meditando juntos; ésa no es sino una de tantas tretas: la meditación en grupo; un montón de gente reunida que cierra los ojos e intenta meditar sobre una cosa u otra. Estamos investigando juntos lo que es la meditación, no estamos meditando, puesto que, además, no saben ustedes lo que esa palabra significa; sólo saben lo que otros han dicho. Y deberían desconfiar totalmente de lo que otros dicen, incluido quien les habla; porque el problema de ustedes es que se dejan persuadir con suma facilidad, y la razón es que están ansiosos por experimentar algo que piensan que es bello. No se dejen influenciar por quien les habla.

Averigüemos, pues, cuál es la base indispensable para que la mente pueda tener la cualidad de la meditación. Hemos dicho que, en primer lugar, uno debe rechazar todos los sistemas, los métodos y el deseo de tener experiencias, y hemos explicado también lo que significa la palabra experiencia y cómo tras ella se oculta el apremiante deseo de experimentar algo acerca de lo cual uno no sabe nada. Una vez que todo eso ha quedado atrás, y ha quedado atrás la gran farsa montada en torno a ello —toda esa pamema de la respiración, las danzas, la exaltación emocional y el sentimentalismo, que lo dejan a uno mentalmente muerto—, podemos averiguar juntos lo que está implicado en eso a lo que se da el nombre de meditación. Ahora van a descubrirlo; no es que vayan a averiguar cómo meditar, sino que van a descubrir la naturaleza y la estructura de una mente que es libre, en la que no existe ningún movimiento de la voluntad, puesto que la voluntad supone resistencia, oposición.

Empecemos, pues. Tengan presente que no están aprendiendo de quien les habla; ustedes son su propio gurú, su propio maestro, y también su propio discípulo, ya que la investigación sólo tendrá valor si llegan ustedes a las cosas por sí mismos. Es necesario que aprendan; imitar, someterse a la autoridad, no tiene ningún sentido.

Y lo primero es conocerse a uno mismo, comprenderse a uno mismo, pues de lo contrario no hay una base racional para pensar con claridad. Si no se comprenden ustedes a sí mismos, ¿cómo esperan comprender cualquier otra cosa?... y no hablemos ya de comprender algo que puede o puede no existir. De manera que el primer paso es comprenderse a uno mismo, comprenderse tal como uno es en realidad, no la imagen de lo que a uno le gustaría ser, sino comprender la fealdad, la insensibilidad, la violencia, la codicia, la envidia, la angustia de la soledad, la desesperación. Eso es lo que son ustedes; y como han sido incapaces de resolverlo e ir más allá de ello, han introducido la idea del “superyo”, del Atman. Es una de sus tretas, que se les ha vuelto en contra y les hace vivir en perpetuo conflicto entre lo que son y lo que deberían ser, o lo que el Atman les dice que deberían ser. Se hacen trampas a sí mismos y, obviamente, eso les impide comprenderse.

Para comprenderse a uno mismo, uno ha de mirarse: uno tiene que mirar. Igual que miro cuando quiero ver un árbol o un pájaro, tengo que mirarme a mí mismo, porque no sé lo que soy. Tengo que aprender acerca de mí, olvidándome de todo lo que dicen los filósofos, los psicólogos, los libros, los guías y los gurus. ¡Por el amor de Dios, vamos a olvidarnos de todo eso y a descubrir lo que somos! Somos calculadores, envidiosos, egoístas, corruptos; somos personas de dos caras, que decimos una cosa y hacemos otra, seres hipócritas que vivimos fingiendo, escondidos tras nuestro repertorio de máscaras; y como mar de fondo de todo ello, una sensación de sufrimiento, de dolor, de ansiedad, de tristeza, de punzante soledad. Eso es lo que somos; y si no lo comprendemos y vamos más allá de ello, ¿qué posibilidad tenemos de comprender eso que es de una belleza extraordinaria, inexpresable?

Aprender sobre uno mismo puede ser muy difícil debido a que uno está en constante movimiento. Uno cambia a cada momento; nadie es permanentemente codicioso, permanentemente lascivo o violento. Uno está vivo; todo en él fluctúa, cambia, y es sobre ese ser vivo sobre quien se ha de aprender. Para ello, hemos de observar con mirada siempre nueva, aprender todo de nuevo a cada instante. ¿Se dan cuenta de la dificultad que entraña? Uno es una entidad viva, no es un fósil, y es ese ser vivo lo que tenemos que observar. Y lo que uno aprende acerca de él en un instante dado, debe abandonarlo, para que, al volver a mirarse un segundo después, lo que aprenda sea siempre nuevo —no es que uno haya aprendido y, con ese conocimiento que ahora tiene, observe lo que es un ser vivo—. Descubrirán, si lo hacen ustedes, que es en verdad fascinante lo que sucede al mirar y aprender así; porque entonces es muy poca la información que la mente retiene: se reduce a los conocimientos técnicos esenciales, nada más. De ese modo, la mente está atenta al movimiento del “yo” —que es una entidad tan compleja— no sólo en el nivel superficial, sino en los niveles más profundos.

Puede que, si uno es consciente y observa sus actividades superficiales, aprenda de nuevo a cada momento; pero ¿cómo aprenderá acerca de las estancias secretas de la mente, de los motivos ocultos, de la compleja herencia contenida en ella? Todo eso vive en uno, escondido; y ¿cómo aprenderá acerca de ello? Aprender acerca de ello no significa analizarlo, sino observarlo durante el día: todos los movimientos, todas las insinuaciones y señales de los deseos secretos. Obsérvenlos; atrévanse a descubrir las motivaciones, las intenciones, el lugar que ocupan la tradición y la herencia. Háganlo a medida que hablamos, y verán que es posible hacerlo espontáneamente a lo largo de todo el día; y entonces, en el momento de irse a dormir, la mente estará en completo silencio. No habrá sueños, puesto que los sueños son una mera continuación, en forma simbólica, de los conflictos cotidianos; y si uno ha comprendido los movimientos cotidianos de su vida —el egoísmo, la envidia, la ira—, verá que su mente se vacía a cada instante de todo el pasado. Así pues, ven ustedes la importancia del conocimiento propio; no de aplicar lo que uno ha aprendido, sino de un continuo aprender: un aprender que no conoce otro tiempo que el presente activo.

Y para todo ello, necesitan ustedes disciplina, que en origen significaba precisamente eso: “aprender”. ¿Se dan cuenta de lo que hemos hecho con esta palabra? Hemos convertido el aprendizaje en represión, control, conformismo, imitación, y a eso lo hemos llamado disciplina —como la que se le impone al soldado—. Hemos reducido la disciplina a una práctica rutinaria. Y en esa clase de disciplina, que es la que emplean todos los gurus, no hay libertad, hay únicamente deterioro y corrupción; mientras que el aprender sobre uno mismo —el aprender constante, no el haber aprendido— trae consigo su propio orden. Si estoy aprendiendo acerca del proceso entero del vivir, la acción misma de aprender lleva implícito su propio orden, que es su propia virtud; la virtud no es eso que ustedes cultivan. Por lo tanto, vemos que es necesario conocerse a uno mismo, y, para ello, ha de existir ese orden verdadero, que es disciplina, y no ha de intervenir en absoluto la acción de la voluntad. Vamos a explorar un poco esto último.

¿Qué es la voluntad? ¿Lo han estudiado ustedes? Cuando uno dice: «Haré; no haré; debo; no debo», ¿qué significa eso? Es la aseveración, la decisión, la afirmación de un deseo de ser; y en la acción de esa voluntad está presente la elección: «No haré esto, pero haré aquello». Por favor, estén atentos a esto; pues, a menos que aprendan todo esto por lo que observan en sí mismos, tendrán una vida desdichada, ¿comprenden? Pueden escapar de sí mismos, claro, dedicándose a danzar el día entero, o pueden luchar contra lo que son en realidad; eso es lo único que saben hacer: escapar o resistirse. La resistencia es lucha; y escapar es acudir al templo, al guru, es el alcohol, las drogas, el sexo…, hay una variada gama de escapes. Y en todo ello participa la voluntad.

¿Puede uno llevar cotidianamente una vida en la que no existan el movimiento y la acción de la voluntad? Eso significa una vida sin preferencias y elecciones, puesto que, cuando uno siente que puede elegir, vive en la contradicción. La elección cobra presencia cuando uno está confundido, ¿no es cierto? Cuando uno no sabe qué hacer, su mente está confusa, y de esa confusión nace la ilusión de poder elegir, que conduce a su vez a un acto de la voluntad. ¿Por qué están confundidos, señores? La mayoría de la gente lo está; ¿por qué? La razón es que uno no acepta las cosas tal como son, de modo que intenta cambiar lo que es y convertirlo en algo distinto; y en cuanto lo hace, hay conflicto, y de él nace la confusión. La acción de la voluntad es, así pues, producto de una mente confundida. En la meditación, por tanto, el movimiento de la voluntad no interviene en absoluto.

Si están haciendo ustedes todo esto, se encuentran ahora con el problema de la ilusión. El cerebro es producto del pasado. La estructura cerebral, las células, son el resultado de siglos y siglos de evolución. Para sobrevivir, el cerebro ha recopilado una colosal cantidad de conocimientos, pues lo único que le importa es eso: sobrevivir. Pero la supervivencia física es cada día más difícil a causa de la explosión demográfica y de las divisiones nacionales. Ya hemos visto que donde hay división hay conflicto, hay guerra, hay sufrimiento; y el cerebro, en su búsqueda implacable de la seguridad que necesita para sobrevivir, prueba sin cesar una posible solución tras otra. Intenta encontrar la solución en las creencias, pone sus esperanzas en el nacionalismo, en la familia, en la cuenta bancaria, en una forma de vida neurótica; y, al no encontrar en nada de ello la seguridad deseada, acaba confiando en que encontrará permanencia en una doctrina, en un dios, en una experiencia espiritual. Entonces ve que, ciertamente, existe seguridad en esa ilusión, y la ilusión cobra a partir de ese instante una importancia desmedida. Eso es lo que hacen ustedes: su nacionalismo es una ilusión, y son una ilusión sus dioses; son ustedes quienes los han inventado. Ni en sus gurus, ni en sus sistemas morales existe seguridad alguna.

Como ya dijimos, el cerebro, que necesita seguridad completa para poder funcionar con sensatez, se da cuenta de que no existe ninguna seguridad en el pensamiento. Hasta ahora había intentado encontrar seguridad en él porque era el único instrumento del que disponía, pero ahora ha visto que el pensamiento es memoria, que es pasado, que es la reacción del pasado; ha visto que el pensamiento no es libre, pues carga con todo el peso de los siglos y es la respuesta de la memoria; y ha visto que, por consiguiente, no hay seguridad alguna en las creencias con las que se identifican ustedes, en sus dioses, sus sistemas políticos, sus organizaciones religiosas, sus ídolos, sus templos y sus gurus, puesto que todos ellos son invenciones del pensamiento. Vean la verdad acerca de esta cuestión; no la palabra y lo que esa palabra significa, ni la descripción ni la explicación, sino la verdad sobre este tema. ¿Qué sucede entonces? Pues sucede que, ahora, la mente, las células cerebrales se ocupan sólo de la supervivencia, de nada más: ni de los dioses ni de las ilusiones. La psique no existe, y lo único que importa entonces es la supervivencia física; que no es espiritual, que nada tiene de espiritual. Cuando el cerebro ve que la espiritualidad es una invención del pensamiento, una más de entre sus ilusiones, y se ocupa exclusivamente de sobrevivir en el plano físico, el resto del cerebro queda totalmente vacío. Y eso significa que en ese cerebro hay silencio total.

La conciencia es herencia, es el resultado del tiempo. La conciencia es su propio contenido, que es tiempo, sufrimiento, confusión, desdicha. La inteligencia no tiene herencia. Cuando uno ve —cuando la mente ve— la importante de la supervivencia total, y sólo de ella, actúa la inteligencia, y esa inteligencia organizará la sociedad de una forma distinta por completo; entonces su moralidad será orden verdadero.

Y llegamos ahora a la cuestión de qué es el silencio. ¿Qué cualidad tiene una mente en la que hay silencio absoluto? Espero que nos estemos entendiendo; porque quien les habla no ha emprendido este viaje solo, sino que estamos viajando juntos, y en ello hay amor, hay belleza, hay comunicación, hay un compartir. Bien, ¿cómo es la mente que está quieta por completo? Porque sólo esa mente silenciosa, que está libre de distorsión, de tormento, es capaz de observar. La mayor parte de los seres humanos viven atormentados, ya que a lo largo del tiempo se han torturado a fin de encontrar seguridad. Y la han encontrado —o eso esperan, al menos— en la ilusión, que se convierte en una tortura más; toda su disciplina, su yoga y sus ejercicios respiratorios son una tortura compulsiva: «Debo levantarme a las seis; disciplinar al cuerpo, doblegarlo». ¿Qué le han hecho a su cuerpo, a su mente, a su corazón? El cuerpo tiene su propia inteligencia, y ustedes la han destruido con su engañoso deseo de placer.

Necesitamos saber lo que es una mente silenciosa; porque sólo cuando la mente, el cerebro, está en silencio total puede percibir. Si quiero comprender lo que usted me dice, debo escucharle en completo silencio. Cuando me dice: «Le amo», debo escuchar, ¿no?; debo escuchar con un corazón en el que no haya el más leve movimiento contradictorio. El corazón debe poder escuchar, y para ello se necesita una mente en completa quietud. Vean la verdad de esto; nada más. No pregunten cómo aquietar la mente, pues si lo hacen habrán vuelto a caer en la vieja trampa, y encontrarán miles de gurus dispuestos a decirles cómo hacerlo. Es tan sencillo como que, para percibir el árbol, la nube bañada por la luz del sol poniente, la luz reflejada en un remanso de agua, para poder simplemente percibir su belleza, la mente ha de estar muy silenciosa, ¿no es así? Si alguien les amenaza de muerte, deben escuchar, ¿no? Cuando su jefe les habla, le escuchan con toda su atención; quizá no les guste lo que les está diciendo, quizá incluso les resulte ofensivo, pero está claro que no tienen más remedio que escucharle, porque su vida, su subsistencia, su economía dependen de ello. De manera que en ese instante están verdaderamente en silencio.

Fuente inédita cedida gentilmente por Daniel Herschthal
Para saber más:http://www.fkla.org/

2 comentarios:

Calavera Quemada dijo...

cultivo mucho la verdad siendo esta la unica forma de cambio megustaria formar un grupode investigacion y aprendisaje hacia la verdad de instante en isntante soy pablojetli@gmail.com

Ana dijo...

Me encanto leer esto, habrian muchos puntos interesantes en los que profundizar sobre este escrito.

La Voluntad personal muchas veces no esta unida a la Voluntad universal.

En el desarrollo de las asanas ocurre algo parecido, uno quiere llegar a conseguir un postura x y su esfuerzo puede convertirse en sobre esfuerzo. Solo cuando uno se abandona a la naturalidad de la expresion de su ser puede acceder a la expresion real de la asana y conectar con sus energias.

Por otro lado siempre he pensado que meditar necesariamente tiene que ir acompañado con conocerse a uno mismo, de hecho si nos vamos a lo mas simple y que a la vez son los pilares encontramos en los niyamas a svadhyaya, que significa estudio de si mismo.

Bueno, creo que me extendi mas de lo que queria, para terminar quiero felicitarte por tu blog, te encontre en youtube ya que me grabe una asana para mi blog y no sabia si eso lo iba a encontrar por youtube, para mi sobresa clari que hay jajaja simplemente a mi se me ocurri en ese momento y me conecte con ese flujo, y asi, te encontre. Felicidades de corazon por tu trabajo y cpo lo que compartes, un abrazo.