martes, 25 de enero de 2011

El Reino del Ahora. Meditación en el Maestro interior.



Cuando en las tradiciones espirituales se nos habla de estados de felicidad, de reinos celestiales, de nirvanas luminosos, se nos dice también, que esos reinos están en la tierra, a nuestro alrededor.

¿Por qué esa experiencia, de divino gozo , se escabulle en nuestros dedos?.

¿Por qué creemos que esta dicha, es tan sólo un dominio de santos y místicos? .

¿Por qué la experiencia de unidad y los estados más altos del alma humana , están encarnados en seres humanitarios, desprendidamente generosos , sabios y que por sobre todo, han tenido que sortear grandes obstáculos y sacrificios?.

Me detengo y observo. Contemplo a esos grandes maestros, de extrema simpleza, de gran corazón.
Están en todas las tradiciones espirituales.

Simplemente elige a uno o a una de ellos y observa su vida.

Caminan sencillamente entre pobres y ricos, abandonan toda comodidad y riqueza emprendiendo un camino solitario , de búsqueda interior, de renuncia hacia aquello que los aleja de esa conciencia de unidad, que un día descubrieron, por su profunda fe y entrega.

Bendicen la belleza de todo lo creado, se engalanan con la delicadeza de las flores y escuchan la música sinfónica de los pájaros. El ruido de sus pasos, lleva el peso de la conciencia , que imprime en cada una de sus huellas, el estar aquí, presente en este atardecer.

Parecen no necesitar nada, para estar en conformidad, con ese universo perfecto , del que son parte. El silencio completo los acompaña , abrazándolos en una nube de profundo entendimiento, del dolor, del deseo, de la necesidad de perdón.

Su amor es tan profundo , que exigen renunciar a aquellas acciones, que producen nuestro propio sufrimiento.

Con intensa firmeza, abren sus manos y nos revelan el mundo tal cual es.

Abren su corazón y derraman un amor que llega hasta tu alma, como una daga.

En apariencia, esa herida quema y duele, pero cuando te relajas en ese dolor intenso, descubres, que de esa herida brota un intenso aroma a rosas y entiendes la raíz ilusoria de tus temores, el cese de todo deseo, la aceptación amorosa de todo o que te rodea.

Observas tu propio mundo con entendimiento, reconociendo en cada situación , el origen de cada falsa percepción.

Ahora contemplas con el ojo del espíritu. El dolor cesa. La sabiduría es tu fiel compañera. Toma su mano y agradece a todo lo creado .

Junto a tu maestro, a tu maestra interior, arrodíllate. Respira profundamente. Siente el corazón desnudo del alma vibrante.

Alza tu mirada .Tu maestro está arrodillado a tus pies. Más pequeño que tu.

Se inclina humildemente y te recibe en el Reino del Ahora.

Adriana Paoletta

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