lunes, 3 de enero de 2011

Mirar atentamente cuando nos enojamos.


A veces creemos, erróneamente, que el camino espiritual,debe eludir la defensa de nosotros mismos o de un tercero, aceptando alguna injusticia, algún agravio o un hecho que nos dañará física,emocional o moralmente.

¿Qué sucede cuando observamos, alguna actitud que nos lastima, nos perjudica o entristece?. Observemos en el día a día, cuántas actitudes de seres queridos, amigos, compañeros, nos hieren de alguna manera.

¿Cuál es nuestra actitud hacia esas personas?. ¿Qué estado mental, queda dentro tuyo, cuando discutes, te enfureces o criticas a alguien?. Observa atentamente qué te ha puesto tan mal , qué palabras te han dolido, qué actitudes rechazas o criticas y cuál es tu fin al confrontar con los demás?.

¿Es el fondo de la rabia, un pozo donde está escondido el odio, la avaricia, la falta de amor, el desengaño, la falta de paciencia, la ingratitud, el rencor, la indiferencia?.

Observa sinceramente para aprender a conocerte.

Permítete descubrir en cada situación qué te enoja: el fondo real de tu ira. Reconoce cuál es origen del sufrimiento, cuando peleas por algo o con alguien.

No te pierdas a ti mismo en tu propias reacciones. Si tus emociones se han desbordado, vuelve a observar tu respiración, retoma la conversación y observa, cada una de tus palabras, cada una de tus reacciones, observa y no te condenes.

Si ofendes a alguien pídele perdón, si necesitas defenderte hazlo sin temor, haciendo honor a la verdad, no dudes ,si sientes que estás haciendo lo correcto. Escucha y aprende de cada palabra que expresas y que expresan los demás.

Aprende a olvidar las ofensas, pero si alguien te daña no le permitas avanzar con sus agravios. Defiende con amor, firmeza y siendo fiel a tus actos, aquello que crees merecer: integridad, sinceridad, amor, compasión y generosidad.

Adriana Paoletta

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