jueves, 3 de febrero de 2011

La reactividad, en búsqueda del equilibrio a través de la meditación.


¿Qué entendemos por reacción? Nuestra mente, movida por apegos, rechazos, juicios, comparaciones, prejuicios y censuras, es reactiva. La mente es como una balanza de precisión que en el momento en el que se identifica con algún juicio o que establece algún tipo de referencia, gusto o rechazo, aprecio o aversión, pierde su equilibrio y se ve arrastrada por el torbellino de la reactividad.

Solo podremos mantener el equilibrio y el reposo cuando aprendamos a utilizar el poder de la atención plena, esa cualidad de la conciencia que es capaz de percatarse sin elegir y sin establecer ningún tipo de referencias. Se trata, en suma, de una conciencia sin elección que como el sol , resplandece por igual en todas las cosas.

La meditación es un viaje a través de nosotros mismos que nos obliga a atravesar los paisajes de nuestra experiencia. Hay valles y montañas, ascensos y descensos, momentos placenteros y momentos dolorosos, pero no existe nada fuera de la práctica porque la practica consiste precisamente en explorar quienes somos, y esta exploración requiere una determinación inquebrantable ¿Estamos realmente dispuestos a afrontar la totalidad de nuestra experiencia? Debemos procurar que todo,absolutamente todo forme parte de nuestra práctica. Las diversas experiencias que nos proporcionan la sensaciones físicas de placer y de dolor, las diferentes emociones de felicidad o de tristeza de depresión o euforia de interés o hastío, son distintas estaciones del itinerario con el que discurre nuestro viaje ¿Es posible entonces que nos abramos a cada uno de estos estados llegando conscientes a cada uno de ellos?

La práctica de la meditación no tiene nada que ver con el apego ni con el rechazo sino que constituye un retorno constante al momento presente, un proceso de apertura continua a los que nos presenta el instante. Y ese equilibrio de la mente, en el que no hay elección, apego, identificación ni censura, hace posible que lleguemos a establecer contacto con el ritmo que subyace en cada una de nuestras actividades. Cada actividad tiene su propio ritmo y cuando llegamos a conectar con él, descubrimos una nueva sensación de armonía, de gracia y de ausencia de esfuerzos.

Nuestra práctica meditativa también tendrá su propio ritmo deberás hacer un esfuerzo muy grande en prestar atención para retomar una y otra vez nuestra mente al momento presente. Al principio la mente está totalmente distraída y tenemos que hacer el esfuerzo para controlarla y concentrarla pero, en la medida que lo hagamos instante tras instante ganaremos más momentos de equilibrio.

Meditar es como aprender a andar en bicicleta. La primera vez en que nos subimos a una bicicleta e intentamos pedalear avanzamos dando tumbos de un lado para otro pero una vez que conseguimos establecer el equilibrio se convierte en algo sumamente sencillo. Cuando comenzamos a meditar cuesta algo de tiempo llegar a estar atentos en todo momento descubriendo cual es el ritmo adecuado. Pero independientemente del objeto de meditación elegido, sea la respiración, las sensaciones, los sonidos, los pensamientos o las emociones lo único que tenemos que hacer es darnos cuenta de lo existe en cada momento sin que se produzca reacción alguna de parte de nuestra mente. En tal caso, no habrá identificación y censura sino tan solo la aceptación plena y consiente del momento presente. De este modo cada momento de atención plena asentara en nuestro equilibrio y nos permitirá tomar conciencia de nuestro propio ritmo interno.

Basado en la Enseñanzas de Jack Kornfield, publicado como síntesis por Adriana Paoletta