sábado, 8 de agosto de 2009

Poesía del Silencio. Hugo Mujica

-Alguna vez le preguntaron a Borges para qué servía la poesía y él respondía, poniendo el énfasis en el carácter utilitario de la pregunta, “Bueno, ¿para qué sirve el universo o el sabor del café?”,dando a entender que era una consulta que provenía de alguien que no entendía la esencia de la poesía. Ahora, si tuviese que preguntar ¿cuál es el objetivo o la esencia de su poesía?
-Yo diría que es una necesidad de la cual uno se siente portador más que “explicador”. O sea, a mí la poesía “me pasa”, podría decirlo así. Me encuentro con la realidad y la realidad me toca de alguna manera expresiva. Mi primer poema lo escribí cuando vivía bajo voto de silencio, hacía tres años que yo estaba ahí y nunca había escrito. Me dedicaba a la plástica. Estaba en la cocina, miré por la ventana y con esos gestos que hace el cuerpo, no la cabeza, fui y anoté, dije lo que veía. Me di cuenta entonces de que había entrado en una dimensión expresiva que terminaría siendo mi poesía…
-Y descubrió una vocación.
-Sí, pero en el sentido de sentirse llamado a ser portavoz de algo que la realidad busca expresar, y no es para nada, creo que el arte es una celebración, es eso que se consuma en sí. En la poesía, la palabra funciona como palabra, no como señalador hacia el objeto que nombra.
-Por eso le marcaba el carácter utilitario de la pregunta, también podríamos decir que el arte sucede, que es otra frase muy famosa.
-En realidad todo sucede. A mí me sucedió la vida, si yo no la hice y tampoco sé muy bien para qué es. Y sucede el amor, porque uno no sale y dice “me voy a enamorar”; todo nos sucede en la vida. Hay algunos que son más perceptivos y le dan más cabida a ese “dejar suceder”.
ESCRIBIR PARA SABER
-Entre las muchas frases suyas que me impactaron, recuerdo especialmente una que rezaba algo así como que usted “escribía para saber”, es decir, daba vuelta la lógica de cierta escritura por la cual en ésta uno vuelca algo que ya sabe y le daba al hecho de escribir un lugar de descubrimiento…
-Claro, y vos fijate que desde lo más antiguo que se llamaba inspiración, a las musas, o a lo moderno que se llama inconsciente, siempre hay una constante que dice que el acto inicial creativo no lo pone tu voluntad, vos te sentís involucrado en algo que querés decir, pero que no sabés qué es, lo vas sabiendo a medida que lo vas escribiendo. De alguna forma lo que vas haciendo es como un tanteo, que en la literatura se confunde más, pero si pensás en plástica, donde no hay significado sino colores, vos vas tanteando y de repente te das cuenta que eso empieza a ser coherente consigo mismo. Y ahí revela lo que estaba diciendo, pero es como un “ir buscando…”.
-Usted decía en una entrevista reciente que la llegada de la poesía dependía de un tono…
-Yo diría de una “tonalidad afectiva”, casi como una serena percepción de una sustracción. Como de algo que pasó por ahí y podés hacer tuyo. Como un sonido o perfume que te suscita, y ahí empezás a prestar atención y ves cómo le das cabida a eso, pero siempre es como un murmullo o una sospecha…
-Para eso hay que tener los sentidos bien abiertos ¿no?
-Y bueno, eso es lo que es ser un creador. Dejarse tocar o embriagar.
¿Lleva una vida que tiene relación con los siete años bajo voto de silencio que pasó en la orden Trapense?, porque sus actividades como literario o religioso se relacionan esencialmente con la reflexión…
-Sí, totalmente. Creo que no podés pasar por siete años de silencio sin ser de alguna forma transformado en esa tonalidad que yo llamaría la serenidad.
-En sus poesías, por la economía de palabras, la concisión, la síntesis, uno hasta podría decir que hay como una presencia del silencio ¿no?
-Sí, en España a mí me ponen en la tradición de lo que ellos llaman la “poesía del silencio”, contra la que llaman “poesía de la experiencia” que es la más cotidiana. Además me doy cuenta, cuando leo poesía, de que me gusta leer en público, que siempre el comentario que recibo es cómo se sume en silencio la audiencia. Es más, yo diría que para mí el logro o pérdida de una lectura depende de la hondura o no de ese silencio receptivo. En haber podido lograr esa transmisión. E incluso la geografía de un libro mío, con eso del fondo mayoritariamente vacío y blanco, también es como una ubicación de la palabra pero íojo!, en un paisaje del silencio…
-Usted se refiere a dónde están ubicadas las poesías en el libro, justamente en el fondo de la página. ¿Eso lo decide usted?
-Sí, pero con grandes peleas (risas). No, debo decir que Seix-Barral colaboró plenamente en cómo quise yo diagramar el libro, pero al principio en España me costó un poco (…), para mí eso es parte de la puntuación y también del situar al lector en ese ámbito no de lleno, sino más bien de vacío, en cuyo vacío las palabras están.
POESÍA PENSANTE


-Muchos críticos señalan la presencia de la filosofía en su poesía, ¿está de acuerdo con ese concepto de que su trabajo está en el límite entre estas dos áreas?
-Yo sacaría la palabra filosofía y diría que es una poesía pensante. Y pensá -valga la redundancia- que hubo un momento en nuestra tradición, en lo más fundante, llamémosle los presocráticos, donde todo lo que tenemos como herencia son poemas o fragmentos o aforismos. Cuando uno empieza a pensar lo primero, y no lo derivado, los sistemas, etc., el primer pensamiento necesita arroparse de poesía, porque la poesía todavía respeta el temblor de lo que nace y lo que piensa. Es una necesidad intrínseca a esa dimensión que uno quiere expresar, donde el pensamiento necesita flexibilidad y la poesía necesita de un cierto esqueleto para transmitir un contenido. Para mí, es una misma experiencia ese “sentimiento pensante” o el “pensar poético”. Nietzsche habla del filósofo poeta…
-He notado cierta relación en muchas de sus poesías, en cuanto a algo que podemos llamar “estilo paradojal”, o como una suerte de contradicción u oposición, en frases como “caigo en el aferrarme”, “como el disfraz que me desnuda”, “viajeros perdidos entre tanto no partir”…
-Creo que la identidad o la lógica sin paradoja es una comodidad del pensamiento utilitario y funcional, pero en realidad estamos habitados de contradicciones y éstas son lo que ponen en movimiento la existencia. Si alguna vez llegáramos a alguna lógica lineal, no sé, fabricamos cohetes que van a la luna, pero no sentido. La paradoja es la dinámica de una lógica que no se encierra en sí, y la persona que con más contradicciones puede vivir, más rica es …
-Y le digo que como lector, produce un impacto muy fuerte, porque uno necesita detenerse en la frase y tiene que internalizarla y ver cómo procesarla.
-O más, cómo no procesarla y quedarse con esa tensión. En el diálogo de la tradición cabalística, los rabinos hablan y un rabino pregunta y el otro le responde con otra pregunta. Pero precisamente es para no cerrar, porque de lo que se trata es de dejar abierto un espacio (…) entonces está la idea de sostener la atención y cuanto más lo hacés, y cuanto más sostenés lo desconocido como desconocido, más te transformás. Ni bien lo hacés conocido, volvés a ser quien eras.

Publicado en El Litoral el 26 de abril de 2006

2 comentarios:

Emma dijo...

La poesía respeta el temblor de lo que nace y de lo que piensa... ¡qué lindo sería tener ese respeto flotando en el aire!

novaveu dijo...

¡Me ha encantado la entrevista! Hay muchas cosas que sabemos sobre nosotros mismos, de las cuales no somos conscientes, y que aparecen cuando empezamos a escribir. ¡Es algo casi mágico!