miércoles, 16 de julio de 2008

Para la Era de Acuario, una visión de la Nueva Educación, por Jiddhu Krishnamurti


Este texto de J.Krishnamurti corresponde a un diálogo con estudiantes,pertenece al libro : El proposito de la Educación.Para iluminar nuestros sentidos, este revelador texto que nos regala gentilmente Daniel Hershthal.

El Propósito de la Educación (Think on These Things – 60’s)
Capítulo 17 - El Río de la Vida

No sé si en sus paseos han reparado ustedes en una larga y estrecha alberca que hay junto al río. Deben haberla excavado algunos pescadores, y no está conectada con el río. Éste fluye firmemente, ancho y profundo, pero la alberca se halla saturada de desperdicios porque no se conecta con la vida del río y no contiene peces. Es una alberca estancada, y el río profundo, lleno de vigor y vitalidad, pasa velozmente de largo.

¿No creen ustedes que así son los seres humanos? Cavan una pequeña alberca para sí mismos lejos de la rápida corriente de la vida, y en esa pequeña alberca se estancan, mueren; y a este estancamiento, a este deterioro lo llamamos nuestra existencia. O sea, que todos anhelamos un estado de permanencia; queremos que ciertos deseos duren para siempre, ansiamos placeres que no terminen nunca. Cavamos un pequeño agujero y en él nos atrincheramos con nuestras familias, con nuestras ambiciones, nuestras culturas, nuestros temores, nuestros dioses, nuestras diversas formas de adoración, y allí morimos, dejando que pase la vida - esa vida que no es permanente, que cambia continuamente, que es tan rápida, que tiene profundidades tan enormes, una vitalidad y una belleza tan extraordinarias.

¿No han advertido que si se sientan quietamente a la orilla del río pueden escuchar su canto - el suave chapaleteo de las olas, el sonido de la corriente que pasa? Siempre hay una sensación de movimiento, un movimiento extraordinario hacia lo más ancho y profundo. Pero en la pequeña alberca no hay movimiento alguno, sus aguas se hallan estancadas. Y, si observan bien, verán que esto es lo que desea la mayoría de nosotros: pequeñas albercas estancadas lejos de la vida. Decimos que nuestra “existencia de alberca” está bien, y hemos inventado una filosofía para justificarla; hemos desarrollado teorías sociales, políticas, económicas y religiosas en apoyo de esa filosofía, y no queremos que se nos perturbe porque lo que perseguimos es un sentido de permanencia.

¿Saben ustedes lo que significa buscar la permanencia? Significa anhelar que lo placentero continúe indefinidamente y que lo que no es placentero se acabe lo más pronto posible. Queremos que el apellido que llevamos sea conocido y se prolongue a través de la familia, de la propiedad. Deseamos un sentido de permanencia en nuestras relaciones, en nuestras actividades, lo cual implica que buscamos una vida continua y duradera dentro de la alberca estancada. No queremos que haya ahí ningún tipo de cambios verdaderos; por lo tanto, hemos construido una sociedad que nos garantiza la permanencia de la propiedad, del nombre, de la fama.

Pero ya lo ven, la vida no es así en absoluto; la vida no es permanente. Como las hojas que caen de un árbol, todas las cosas son transitorias, nada perdura; siempre hay cambio y muerte. ¿Han reparado en un árbol que se levanta desnudo contra el cielo, lo hermoso que es? Se perfilan todas sus ramas, y en su desnudez hay un poema, hay un canto. Todas las hojas han desaparecido y el árbol aguarda la llegada de la primavera. Cuando la primavera llega cubre nuevamente al árbol con la música de muchísimas hojas, y éstas caen en la estación correspondiente y el viento se las lleva; y así es como actúa la vida.

Pero nosotros no queremos nada parecido. Nos aferramos a nuestros hijos, a nuestras tradiciones, a nuestra sociedad, a nuestros nombres y a nuestras pequeñas virtudes, porque anhelamos la permanencia; y es por eso que tenemos miedo de morir. Tenemos miedo de perder las cosas que conocemos. Pero la vida no es lo que a nosotros nos gustaría que fuera - no es permanente en absoluto. Los pájaros mueren, las nieves se derriten, los árboles son derribados o destruidos por las tormentas, etc. Pero queremos que todo cuanto nos brinda satisfacción sea permanente; queremos que dure nuestra posición, la autoridad que ejercemos sobre otros. Nos negamos a aceptar la vida tal como es de hecho.

De hecho, la vida es como el río: se encuentra en movimiento incesante, siempre buscando, explorando, empujando, desbordando sus orillas, penetrando con sus aguas en cada hendidura. Pero ya ven, la mente no permitirá que eso le ocurra a ella. La mente ve que es arriesgado, peligroso, vivir en un estado de impermanencia, de inseguridad; y entonces construye una muralla alrededor de sí misma: la muralla de la tradición, de la religión organizada, de las teorías políticas y sociales. La familia, el nombre, la propiedad, las pequeñas virtudes que hemos cultivado, todo eso está dentro de la muralla, fuera de la vida. La vida no es permanente, se mueve e incesantemente trata de penetrar, de derribar estos muros, tras los cuales hay confusión y desdicha. Los dioses que están dentro de la muralla son todos dioses falsos, y sus escrituras y filosofías no tienen sentido alguno, porque la vida está más allá de todo eso.



Ahora bien, para una mente que no tiene murallas, que no está recargada con sus propias adquisiciones y acumulaciones, con su propio conocimiento, para una mente que vive con un sentido de intemporalidad, de inseguridad, la vida es algo extraordinario. Esa mente es la vida misma, porque la vida no tiene un lugar de reposo. Pero casi todos nosotros queremos un lugar de reposo; queremos una pequeña casa, un nombre, una posición, y decimos que estas cosas son muy importantes. Exigimos permanencia y creamos una cultura que se basa en ese requerimiento, inventando dioses que no son dioses en absoluto sino meras proyecciones de nuestros propios deseos.

Una mente que busca permanencia pronto se estanca como esa alberca paralela al río, pronto se llena de corrupción y deterioro. Sólo la mente que no tiene murallas ni apoyos ni barreras ni lugar de reposo, que se mueve completamente con la vida, eternamente avanzando, explorando, estallando, sólo una mente así puede ser feliz, perpetuamente nueva, porque es en esencia creativa.

¿Entienden de qué estoy hablando? Deberían entenderlo, porque todo esto forma parte de la verdadera educación y, cuando se comprende, toda nuestra vida se transforma; nuestra relación con el mundo, con nuestro vecino, con nuestra esposa o marido, tiene un significado por completo diferente. Entonces no tratamos de realizarnos en lo personal a través de nada, porque vemos que la búsqueda de realización sólo invita al dolor y a la desdicha. Por eso es que deben interrogar a sus maestros acerca de todo esto y discutirlo entre ustedes. Si lo comprenden, habrán comenzando a comprender la extraordinaria verdad de lo que es la vida, y en esa comprensión hay gran belleza y amor, está el florecimiento de la bondad. Pero los esfuerzos de una mente que busca un estanque de seguridad, de permanencia, sólo pueden conducir a la oscuridad y a la corrupción. Una vez que se ha establecido en el estanque, una ponente así tiene miedo de aventurarse afuera para investigar, para explorar; pero la verdad, la realidad, Dios o como gusten llamarlo, está más allá del estanque.

¿Saben qué es la religión? La religión no está en los cánticos, ni en la práctica del puja o de cualquier otro ritual, ni en la adoración de los dioses de hojalata o las imágenes de piedra, no está en los templos ni en las iglesias, ni en la lectura de la Biblia o del Gita, no está en la repetición de un nombre sagrado ni en el seguimiento de alguna otra superstición inventada por los hombres. Ninguna de estas cosas es religión.

La búsqueda de Dios, de la verdad, el sentir que uno es completamente bueno - no el cultivo de la bondad, de la humildad, sino la búsqueda de algo que se encuentra más allá de las invenciones y tretas de la mente, lo cual implica percibir y ser esa cosa, vivir en ella -, eso es verdadera religión. Es ese sentimiento de bondad, ese amor que es como el río, que vive, que se mueve perpetuamente. En ese estado descubrirán ustedes que llega un momento en que ya no hay en absoluto ninguna búsqueda; y esta terminación de la búsqueda es el comienzo de algo por completo diferente. Pero eso pueden hacerlo sólo cuando abandonan el estanque que han excavado para sí mismos y salen afuera penetrando en el río de la vida. Entonces la vida tiene una manera asombrosa de tomarlos bajo su protección, porque ustedes han dejado de protegerse a sí mismos. La vida los conduce adonde ella quiere, porque ustedes son parte de ella misma; entonces no existe el problema de la seguridad, de lo que la gente dice o no dice; y ésa es la belleza de la vida.

J.Krishnamurti

Para saber más:http://www.fkla.org/

3 comentarios:

Patricia dijo...

Este concepto me recuerda un poco a Goenka en su concepto de "Anica" y la impermanencia de las cosas. Es un concepto muy importante en la vida donde se pide el equilibrio por medio de la ecuanimidad. El origen de los apegos se encuentra en el interior, solo comprendiendo la mente y el cuerpo podremos entender el ambiente y lo que nos rodea.
"La liberacion sera encontrada con la practica mas que con la discusion", nos dice Goenka.
Muy interesante el articulo presentado, gracias por darlo a conocer!
Saludos!

Patricia dijo...

Hola Adriana:
Me olvide preguntarte, le puedo crear un enlace a tu blog en el mio "Motivando" ...si?
Abrazos!

Adriana Paoletta dijo...

Hola Patri:

Qué alegria saber que te haya gustado.Krishnamurti es uno de los maestros que más admiro ya que nos habla desde un lugar de no jeraquías, de iluminarse desde la verdad y no desde un grupo de pertenencia. Es muy avanzado paar esta época aún pero creo que en la nueva era de Acuario , us enseñanzas resonarán como la dse antiguos filósofos y maestros.

Por supuesto que podemos linkearnos. gracias de corazón por tu aporte. Cómo se llama el libro de GOenka...? ya que lo quiero conseguir.
Un abrazo
Adriana