lunes, 2 de abril de 2012

Las siete moradas. Santa Teresa.


       












Los escritos y experiencias de la mística española Santa Teresa de Ávila, acerca de las siete moradas del alma, se conocen en el Zohar , como los siete Recintos Celestiales, que representan los siete estados espirituales del mundo de Beriah del Corazón. Estas tradiciones describen los niveles del mundo espiritual de acuerdo a siete estaciones, siete recintos o siete moradas. No es sorprendente que cada tradición describa de la misma forma la experiencia mística. La primera morada o recinto se relaciona con la devoción y la búsqueda del alma; la segunda se relaciona con el proceso de purificación; la tercera es la prueba de
sinceridad hacia Dios; la cuarta es el principio de la presencia viviente del Espíritu Santo dentro del alma; la quinta es la morada de la Santidad; la sexta es la morada de la Santificación; la séptima, la morada de la Unificación.
                 
Se preguntarán por qué es tan importante Santa Teresa y por qué sus escritos son tan significativos ahora como lo fueron hace 400 años. Ella mantuvo viva la tradición mística Cristiana dentro de la iglesia durante una época en la historia particularmente peligrosa y engañosa. Era el siglo dieciséis, la expulsión de los judíos de España acababa de suceder y por toda Europa se iniciaban movimientos de Reforma. Era muy riesgoso el escribir acerca de las experiencias espirituales, pero
ella era uno de los pocos místicos Cristianos que se atrevieron. Se comunica con nosotros en el aquí y el ahora como una maestra viva que, junto con otros sabios, nos enseña específicamente esferas espirituales. Durante su vida se le conoció como la Santa Madre Teresa y sigue transmitiendo esa presencia. Ella enfatiza la necesidad fundamental de la experiencia directa para poder entender los mundos Espirituales y Divinos.

Teresa era de descendencia judía. Su abuelo fue un converso de Toledo que fue llevado ante la Inquisición y juzgado por apostasía en 1485, justo antes de la expulsión. Teresa nació en 1515 y su educación fue lo normal para una mujer de su clase. Estudió en un convento y fue llamada a la vida religiosa desde temprana edad, ingresando en un convento Carmelita a
los 21 años. Pasó toda su vida en Ávila, aunque viajó extensamente fundando varios conventos por toda España. Murió en 1582 y fue canonizada 40 años después.

Teresa sintió que parte de su destino era reformar la Orden Carmelita. Para el siglo dieciséis muchas de las órdenes
religiosas, incluyendo a la Carmelita, estaban en decadencia espiritual. A menudo existía más preocupación por las formas y apariencias religiosas que por la enseñanza profunda o experiencia espiritual directa. En este ambiente, trató de mantener
vivas las enseñanzas esotéricas de la Cristiandad. A los 46 años, inició sus reformas fundando la Orden de las Carmelitas Descalzas. Esto implicó grandes dificultades. Le demandaba mucha fe y una profunda confianza en la Guía Divina. Ella recibió mucho apoyo de otro gran místico Cristiano: San Juan de la Cruz.

El trabajo místico más importante de Teresa, la obra maestra que escribió al final de su vida, se conoce como "El Castillo Interior", que simboliza nuestra alma. Lo describe como un castillo hecho de cristal o de un hermoso diamante en el que hay siete moradas, cada una con varias cámaras. Su libro es un relato profundo de un viaje místico del alma a través de los siete
niveles del mundo espiritual, avanzando desde la primera hasta la séptima morada o estado de unión espiritual.

Las Moradas Reveladas
               
Teresa describe cada una de las moradas como si estuvieran una dentro de otra, como un árbol con varias capas de corteza,
donde las capas exteriores fueron removidas una por una para poder penetrar en el corazón del árbol.


Las Moradas Reveladas

Teresa describe cada una de las moradas como si estuvieran una dentro de otra, como un árbol con varias capas de corteza,
donde las capas exteriores fueron removidas una por una para poder penetrar en el corazón del árbol.

Devoción

En la primera Morada de la Devoción enfatiza la importancia del auto-conocimiento y la humildad, como el inicio del
camino espiritual. El auto-conocimiento de nosotros mismos en el nivel físico, emocional e intelectual. Esto es el fundamento psicológico esencial para poder abrir el camino del Espíritu de una manera segura. El alma empieza a cambiar y
se abre al terreno espiritual a través de la práctica de la devoción, la oración, la reflexión, el estudio y el despertar del amor.
Es el despertar del corazón. El anhelo de lo Otro, el anhelo de Dios. Ella también habla de las enormes dificultades y
obstáculos que tuvo inicialmente al dar la vuelta y empezar el viaje interno hacia Beriah, lejos de las apariencias y los
sentidos físicos, así como de las identificaciones y fijaciones del ego. Este es el lugar del despertar a otros niveles y
posibilidades de la Existencia y de empezar a recordar de dónde venimos, a dónde vamos y dónde empezamos a tomar el
camino hacia el mundo del Espíritu y el mundo de la Luz.
En esta morada Teresa subraya la importancia crucial de la humildad, que funciona como antídoto contra la soberbia, el
orgullo espiritual o la inflación del ego que pudieran desarrollarse. También dice que en las etapas iniciales es absolutamente
vital el estar cerca, tanto de los mentores espirituales, no importa quienes sean, como de la Tradición porque en este
momento el alma todavía está lejos de la Luz, de la experiencia directa y del contacto con Dios. Durante este tiempo, en
estas moradas internas, el alma aún no es tan fuerte como para defenderse por sí misma.
Purificación
La segunda morada es la de la Purificación. Es el lugar de Daat, la no-sefira del conocimiento en la psique y la ventana hacia
otra dimensión. Comúnmente es experimentada como la noche oscura del alma o la purificación. Este puede ser un lugar muy doloroso, un lugar para purgar y limpiar. Es aquí donde el alma empieza a tener experiencia directa con los mundos superiores. El alma no puede viajar más allá hasta que se vuelva más ligera y deje atrás el equipaje innecesario. Es el comienzo de pruebas y juicios más agudos, pues el alma es examinada acerca de sus intenciones y motivaciones más profundas. Teresa dice que hay menos riesgo en la segunda morada que en la primera porque el alma tiene mayor
entendimiento de lo que está pasando, sabe a dónde se dirige y, más importante aún, mientras el alma avanza hacia el área de luz, la Luz se acerca al alma. Mientras más cerca esté el alma de lo Divino, más la llama y la atrae hacia El.
                            
La esencia de la segunda morada es la transformación de la sombra. Esa parte de nosotros, personal o colectiva, que es
inconsciente y que está en la oscuridad. Ella dice que, paradójicamente, se puede experimentar más resistencia al viaje en este momento, en el que el alma es examinada más profunda y seriamente. Aquí resaltan los espejismos y las alucinaciones.
Los conflictos internos que emergen son desplazados mediante la oración y los valores morales; y tanto el conocimiento como el ser del amor ayudan al alma durante estos momentos difíciles.

Sinceridad
                                       
La morada de la Sinceridad es aquella en la que el alma empieza a penetrar terrenos espirituales más profundos. Las pruebas y los juicios se vuelven más sutiles, más internos, lejos de las apariencias externas. Es la prueba de la sinceridad del alma, de lo que ella busca y desea realmente. Teresa habla de la creciente necesidad de discernimiento espiritual, puesto que es imposible juzgar desde las apariencias externas lo que está sucediendo más adentro del alma. De la tercera morada ella dice:
"Puede ser que todos lo deseemos, pero para que el Señor tome completa posesión del alma, se necesita más que eso..."

Transformación

La cuarta morada es el lugar donde los mundos naturales y trascendentales se interpenetran. Es la corona del mundo
psicológico de Yezirah, el Tiferet del mundo espiritual de Beriah y el Malkut del mundo divino de Azilut. En la morada de la Transformación, el alma comienza a estar en contacto directo con el resplandor de la Luz Divina. Algo empieza a verse fundamentalmente distinto en esta morada. El alma está empezando a dejar los mundos físicos y psicológicos y el sentimiento del "Yo" comienza a sentirse muy pequeño dentro de un universo más vasto. Teresa dice que éste es el lugar donde el viaje requiere mucho menos esfuerzo. Cada vez el alma se rinde más y más. Tales estados de consciencia se dan a través de la bendición y la gracia de los mundos superiores.

Las facultades racionales, dice Teresa, deben ir disminuyendo, y la capacidad de amar y ser amado van en aumento. No es sólo un amor personal, sino otro nivel de amor que desarrolla y transforma nuestra vida interior. Es el amor a Dios, amor por el Universo, por lo Absoluto, el que está tomando más fuerza e intensidad. Es el principio de la experiencia directa, de la inmersión dentro de la fuente espiritual del Ser. Teresa habla de un creciente sentido de profunda felicidad, de un éxtasis intenso, de un gran amor que es muy difícil describir. Este sentimiento puede llegar a asumir el control en momentos de gran
intensidad, y el cuerpo siente esa intensificación del Espíritu. Desde el punto de vista psicológico, las experiencias del Espíritu parecen paradójicas y milagrosas. Por lo tanto, nos advierte lo que está sucediendo en el centro del alma. El centro de gravedad del alma está cambiando, se está transformando y se ubica más en lo universal. Teresa subraya la importancia
de no forzar ni manipular. Esto sucede fácilmente cuando el alma está lista y se ha realizado suficiente trabajo preparatorio en las moradas anteriores.

El Espíritu Santo empieza a disolverse y a fundirse en el centro del alma, sucediendo esto fuera del tiempo y espacio ordinarios. Para los que han tenido estas experiencias es común percibir que ellas operan bajo otro tipo de leyes, es decir las leyes del mundo espiritual. Es como si el alma fuera absorbida por otro nivel de ser y de conocimiento. A veces es difícil para el alma entenderlo hasta que adquiere la suficiente experiencia y orientación espiritual para comprender la otra dimensión.

Santidad
                          
La quinta morada es la Morada de la Santidad. Los escritos de Teresa sobre la quinta y sexta moradas constituyen casi la mitad de "El Castillo Interior", remarcando la importancia de éstas. El alma empieza a experimentar un estado más profundo de transformación interna, que ella llama, "la muerte deliciosa que arrebata al alma de todas las actividades que puede realizar mientras está en el cuerpo". Esa fue la experiencia personal de Teresa: contener la intensidad de su vida espiritual y
mantener la salud física. Ella dice que es muy difícil tener una perspectiva, ya que el alma está más en lo Otro, en la
dimensión espiritual, y que en ese momento es imposible tener una perspectiva psicológica racional. También describe la increíble profundidad del asombro, la alegría y el éxtasis de estos estados así como el desconcierto acerca de lo que está sucediendo. Es muy difícil poder comunicar estas experiencias. Es como si se estuviera al borde del mundo Divino. El sentido del ser se vuelve muy pequeño, como si fuera casi inexistente y se estuviera fundiendo en otra dimensión .En esta morada está la promesa de matrimonio entre el alma y el Espíritu Santo. Es la imagen del compromiso terrenal. El Espíritu otorga la gracia como símbolo del compromiso inminente entre el Amado y el alma. El alma no puede comprenderlo. Es inexplicable. Es un misterio y una paradoja para las facultades racionales. Constantemente Teresa, hace advertencias durante esta morada, enfatizando cómo el alma tiene que estar cada vez más alerta, cuidadosa y atenta mientras las fuerzas de oposición también van tomando más poder.

Santificación
La sexta es la morada de la Santificación. Teresa escribió 60 páginas sobre esta morada y el texto es muy intenso. Habla de las pruebas experimentadas por el alma, donde los obstáculos internos y oposiciones se vuelven más y más sutiles. Habla pasional y extensamente del Amor Divino entre Dios y el alma, y de la necesidad que tiene ésta de renunciar a este gran Amor que siente El Sagrado por su Novia. Muchos místicos hablan de estar abatidos, atravesados del corazón. Otros hablan de estar ardiendo con un fuego divino que no puede ser saciado, un fuego que arde y arde a través del ser, como flechas de
luz penetrando el núcleo del corazón.

Teresa discrimina entre la experiencia mística verdadera y la falsa. Dice que si es una experiencia verdadera --contacto verdadero con lo Divino-- lleva el peso de la verdad, de la autoridad y del poder sobre el tiempo. Si no es una experiencia real, tiende a decaer porque la permanencia es algo que no pueden dar la imaginación ni la psique. Otro aspecto de ello es
que la experiencia no puede ser olvidada. Algo se quemó en el alma; esa ha sido ciertamente mi propia experiencia. No se puede provocar ni se puede manipular. Aún después de diez o veinte años, puede ser tan real como en el momento en que sucedió. Dicho contacto nos proporciona una gran alegría y el éxtasis. Las experiencias psicológicas no pueden causar la profundidad de asombro y felicidad que otorga el contacto con el espíritu. Teresa subraya la importancia de mantener diariamente un ritmo regular. El cuerpo, mente y ego tienen que tener el orden y la continuidad de la vida ordinaria, para poder aguantar estados tan profundos de consciencia.

Unificación
La séptima es la Morada de la Unificación y es diferente a las moradas anteriores. Es la unión directa; el matrimonio del alma con el reino de la Luz Divina. Es un conocimiento directo del Mundo Divino de la Emanación. Es estar en la presencia de esa Luz y ser completamente bañado por Ella. El alma escucha y percibe directamente. Se compenetra de los misterios del Mundo Divino. El alma comienza a saber, a sentir y a Ser cada vez más en ese mundo.
Teresa describe la séptima morada como un lugar donde hay una unión secreta en lo más profundo del alma, que debe ser el lugar donde Dios mismo vive...al matrimonio espiritual lo compara con agua cayendo del cielo hacia una fuente o río donde se unen todas las aguas, y sería imposible dividirlas o separar el agua del río de la que ha caído de los cielos.
Esta es la morada de la unión mística. No hay separación entre la Luz que emana del Mundo Divino y del núcleo de nuestro ser. Están fusionados en Uno. La unión no tiene nada que ver con el mundo de los sentidos. Tiene lugar adentro de nuestro corazón. En las otras moradas todavía puede haber dificultades, conflictos y dolor, pero aquí la unión se da en el centro del alma. Todo se da sin esfuerzo y ocurre en el Silencio. El matrimonio es consumado con el Beso que la Novia pide.
Concluye con la pregunta: ¿Para qué es todo? ¿Cuál es el propósito? Su respuesta es: Es para servir al Sagrado de la mejor manera en que cada alma sea capaz. No es nada más para el deleite del alma. Y sus sabias palabras finales fueron: "No construyas torres sin fundamentos, pues el Señor no toma en cuenta la grandeza de nuestros hechos sino el Amor con el que fueron realizados; y cuando hacemos lo que podemos, su Majestad hará posible que hagamos más y más. Puedes entrar en este castillo interior cuando quieras y en donde te encuentres, es completamente independiente de las facultades de la razón, sentidos o cualquier cosa del mundo material. Aunque he descrito siete moradas, en cada una de ellas hay muchas más, abajo, arriba y a los lados. Todas ellas con fuentes encantadoras, jardines y cosas deliciosas que desearías usar en alabar a Dios, quien creó el alma a Su imagen y semejanza."

Julienne McNeal


1 comentario:

jessica jimenez dijo...

gracias por compartir el conocimiento de las siete moradas mi alma te lo agradese . bendiciones