martes, 23 de junio de 2015

Ama hasta que duela.



 Amar es dar. Dar es algo natural en la espiritualidad femenina. Cuando se hace sin la espera de una respuesta condicionada, por el simple hecho de brindarnos, surge un estado de total abandono a la alegria sincera de tan solo estar. Estar en el instante siendo lo que surja. Asi trabajamos en Pequeños Pasos, Familia Conin. Con personas solidarias y felices, auténticas y generosas. Estando con las familias nos enriquecemos más y más.









Les comparto algunas ideas de Ken Wilber acerca de si existen diferencias entre el modo en que las mujeres experiementan la espiritualidad .

¿Hay distintas formas de alcanzar la iluminación en el varón y la mujer?.
Contradiciendo lo son diferentes para los hombres que para las mujeres . Las féminas tenderían a este situarse “fuera” de la realidad mediante el amor extremo, y los hombre mediante lafirmeza y concentración extrema, equivalente a la inmovilidad frente a un muro de ladrillos en posición de loto. Wilber comenta el ejemplo de enfermeras místicas de la Edad Media que lamían las heridas de los leprosos a fin de demostrar que todo en el universo es igual ante dios: también las heridas de la lepra.
El objetivo de ambos ejercicios, aunque pueda parecer paradójico, es el mismo:alcanzar la liberación del dualismo de la realidad, de la bipolaridad entre agradable/desagradable, bueno/malo… para alcanzar la iluminación.

Es la misma idea con la que la Madre Teresa de Calcuta pronunció las famosas palabras “hay que amar hasta que duela“. El amor extremo, el amor por todos en cualquier circunstancia, es uno de los caminos que pueden llevar a la liberación de las formas: porque ese amor conlleva igualarnos a todos ante la luz primordial… y, finalmente, la unión con esa consciencia divina. Como dice el antiguo aforismo, “por el más y por el menos se alcanza la iluminación“.


El mismo objetivo que se busca con la meditación profunda en último extremo: la liberación de la mente, y la unión con la energía divina.
Como siempre sucede con Wilber, su planteamiento es valiente y diferente: no obstante, para mí no responde del todo la pregunta.
Efectivamente, ¿sería el nirvana diferente si una mujer hubiera recibido la iluminación?

Y respondo... la iluminacion es un estado de gracia en el que amas tanto que tu y el otro son uno. Todo lo que haces estará iluminado, si tus actos son desapegados y llenos de amor.

Gracias a todos!
adriana