sábado, 23 de agosto de 2014

Por qué la mente no nos permite ser felices?




Queremos cambiar, ser mejores personas, desarrollar nuestro potencial espiritual; sin embargo, nuestras aspiraciones no bastan. La mente no nos deja. Atrapados por hábitos y tendencias mentales, damos círculos y círculos alrededor de lo mismo.

Cuando uno emprende un proceso personal necesita saber los recursos con los que cuenta y las dificultades que van a surgir. Los recursos son las capacidades personales que nos permitirán llegar a cumplir los objetivos, y las dificultades son los distintos obstáculos que conlleva avanzar en el proceso.



La premisa fundamental es que todos tenemos recursos para avanzar en el proceso espiritual, y la razón es que todos tenemos cierta capacidad de conciencia. Además, por su naturaleza, la capacidad de conciencia no es algo estático y formado sino que puede desarrollarse y potenciarse. La meditación y las disciplinas que trabajan la mente nos sirven para este fin. Así, el estudio de la mente y de las enseñanzas de los maestros de la humanidad, la atención al momento presente, la práctica del comportamiento ético y responsable, la relación con personas sabias y espirituales, etc. son algunos de los métodos habituales para potenciar nuestros recursos.
Ahora bien, tener recursos no lo es todo. Las capacidades personales necesitan ser utilizadas para tener resultados. Como el que se muere de inanición porque no se alimenta de la comida que tiene, solamente acrecentar nuestros recursos no tiene ningún efecto en nuestra transformación. Así, hoy en día mucha gente se conoce todos los libros sobre espiritualidad, otros muchos están siempre haciendo cursos, otros buscan la cercanía de algún maestro, etc. y de este modo acrecientan su capacidad y fuerza interior, no obstante, pocos desarrollan su proceso espiritual. Hace poco un conocido regresaba de unos días de estancia con su maestro, venía “flotando” con una sensación de paz y de estar “lleno de bendiciones” – como él decía. Sin embargo, cuando le planteé qué iba a hacer para enfrentar sus dificultades personales y para seguir avanzando en el trabajo espiritual no supo responder. No se lo había planteado, sólo quería seguir sintiendo las “bendiciones”.

Apasionamiento



De modo que es preciso aplicar los recursos que tenemos y aquí es donde nos encontramos con dificultades. Los obstáculos es la inercia de la mente, son los hábitos emocionales y racionales, son las tendencias a repetir lo que hemos hecho siempre. Para vencerlos necesitamos pasión. Sólo obtienen resultados en el plano espiritual quienes viven apasionados por la conciencia. Sin la pasión por la enseñanza espiritual y sin la entrega a descubrir la vida más profunda es muy difícil trascender la inercia de tantos años —la inercia personal individual y la inercia que nos rodea cultural y socialmente. La pasión es casi indispensable. Es preciso sentir una necesidad imperiosa por el conocimiento interior, una exigencia personal que surge de saber que sin eso uno no puede seguir, una urgencia interior por emplazar la vida en un orden más elevado. El apasionamiento emerge de la conciencia de las limitaciones y condicionamientos en que uno vive inmerso. Como consecuencia se despierta una claridad mental y lucidez que nos lleva a sentir que la tarea espiritual es justo la solución, la única opción realista posible.
Por otra parte, el apasionamiento encierra el acceso a los métodos apropiados para avanzar en el camino junto con la clara convicción de que son fiables y servirán de ayuda. Además, es importante abrigar la certeza de que ha habido personas que con idénticos procedimientos obtuvieron resultados, y que a lo largo de los tiempos muchos —que eran personas corrientes— consiguieron trascender y descubrir la realidad esencial de su ser, empleando esos mismos métodos.

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Lic. Adriana Paoletta. Presencial y Virtual. 
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