martes, 12 de agosto de 2014

Las etapas del duelo. Sanar lo que ya no volverá.


¿Qué es el duelo?
Desde el punto de vista terminológico el duelo viene del latín dolus, que significa dolor, dolor ante el desprendimiento de alguien o algo. Dolor frente a los desapegos, que pueden ser de muy distinta naturaleza. Es decir, se produce una situación de duelo en las cosas más sencillas hasta en las más complicadas. Por ejemplo la pérdida de un trabajo, de la pareja, de un partido de fútbol, de un proyecto o de un sueño. El duelo está presente en todas las parcelas de la vida, la vida es un duelo.
¿Todas las personas reaccionan igual ante una situación de duelo?
A lo largo de nuestra existencia todos nos tenemos que enfrentar a diversas situaciones de duelo. Hay personas que afrontan más pérdidas que otras porque hay situaciones que escapan a nuestro control. Sin embargo, el modo en que afrontamos estos duelos varía en función de cada una. Existen personas que desarrollan mayor conciencia y familiaridad con el proceso de duelo diario. Interiorizan que cada cosa es un don, que todo es vulnerable y que todo lo podemos perder en cualquier momento. Este tipo de personas aprecian más lo que viven, son personas para las que las separaciones son menos traumáticas.
Sin embargo, en los países del Norte recibimos mensajes contrarios. Los influjos que recibimos son lo de una sociedad que niega el dolor, las pérdidas y que está obsesionada con el éxito.
Sin duda, la cultura del materialismo, del hedonismo, de la relativización de los valores son obstáculos que impiden ir al corazón de la vida, a la sustancia. Uno cree que lo externo es lo esencial y lo interno es lo secundario. Después de una situación de pérdida, un conflicto, un fracaso hay personas que caen derrumbadas porque a pesar de que externamente lo tenían todo para ser felices, les faltaba la fortaleza interior que les permitía enfrentarse con sus fracasos y pérdidas.
¿Cómo podemos educarnos en la dinámica de la continua separación?
Las personas podemos aprender a vivir con nuestros límites, a vivir con los desapegos que debemos experimentar a lo largo de nuestra vida. A veces es un proceso instintivo. Otras es un proceso racional que se produce cuando la persona aprende a interiorizar el fracaso, frente al desánimo y la autolimitación se dice a sí mismo que sí que puede sobrevivir ante la pérdida. Otras, es un proceso emotivo cuando comunicamos nuestras tristezas, manifestamos nuestro sentido de culpabilidad o desahogamos la rabia. Todos estos procesos nos permiten ver que podemos seguir adelante.
¿Qué es lo más difícil en una situación de duelo?
El mayor desafío ante un duelo es la aceptación, es decir, reconciliarse con la pérdida y aprender a vivir en paz. Algunos logran la aceptación en las primeras etapas tras la separación; otros, en cambio, el desafío de la aceptación se convierte en el logro de su vida y hay otros que nunca lo consiguen. Sin duda, cada persona tiene que experimentar su propio proceso. Profesionales, psicólogos, psiquiatras, sacerdotes, tenemos que estar presentes para facilitar el proceso, pero las personas tienen que asumirlo y aceptarlo. En este sentido, la comunicación es clave para lograr la aceptación de la pérdida. De alguna forma hay que buscar el espacio para comunicar el dolor, el vacío que se siente tras la pérdida.
¿Cómo se afronta el duelo desde la fe?
En primer lugar habría que ver cómo cada persona practica, entiende o da testimonio de su fe. Para algunos su fe está ligada a su pertenencia religiosa en la que su fe se expresa desde una doctrina, la católica, la judía, la islámica… Para otras la fe es tener una conexión con otra realidad trascendente a la vida que va más allá de lo material. Buscan su fe en el significado más profundo de las vivencias humanas. Por otro lado, para otros la fe es en alguien o algo. Para otros la fe es donación, entregarse a los demás, es amar a Dios y al prójimo como a ti mismo. También hay quienes entienden su fe como estar en paz consigo mismos, es decir, con sus propios límites y los dones que han recibido intentando compartir con los otros. Para otros, en cambio, es vivir con la impotencia, aceptar la mortalidad e intentar ver que la única certidumbre es la incertidumbre: valorar el presente. En definitiva, la fe, en cualquiera de sus manifestaciones, ilumina las etapas de la vida, pérdidas incluidas.

Arnaldo Pangrazzi

Dedicado a la memoria de mi hermana Romina quien me enseño el camino del desapego, de la renuncia, de la verdad y el camino espiritual que podemos solamente transitar entendiendo el dolor, a través de la fe y la paz de saber que la muerte forma parte de la vida y con ella debemos convivir para VIVIR con más intensidad y valor por los demás y los seres con los que tenemos una alianza terapéutica para superar el duelo.