jueves, 11 de septiembre de 2008

ESpiritualidad Integral. (Segunda Parte)



Esa segunda responsabilidad no es contemplada, por lo general, en los enfoques tradicionales. Es la psicología evolutiva, la ciencia de la mente que se viene desarrollando en occidente, la que nos proporciona la información y las herramientas adecuadas para reconocer la etapa de desarrollo en la que nos encontramos e incidir y acelerar, por así decir, nuestra evolución.
Para crecer interiormente hemos de enfrentar todos los aspectos que hemos rechazado y eso, vuelvo a citar a Cohen, “es el mayor desafío con el que se encuentran los buscadores espirituales porque iluminar la sombra y disolver el ego, es mucho mas importante y significativo para la transformación de la conciencia que cualquier otra cosa”. Wilber nos ayuda a ver realmente donde estamos cuando nos invita a plantearnos dos preguntas: 1- cuales son los estados de conciencia que alcanzamos y como los interpretamos y, 2-cual es el nivel de desarrollo en el que estamos o, en otras palabras, cual es el color del cristal a través del cual miramos el mundo. Ahora bien, Wilber nos advierte que la respuesta a la segunda pregunta no nos la proporcionará ninguna cantidad de horas en el cojín de meditación. Ningún tipo de introspección meditativa o estado superior de conciencia nos llevara a percibir la etapa, el nivel de conciencia en el que nos encontramos porque esa identificación es, recordémoslo, por definición, inconsciente y por mucho que observemos la propia mente nunca podremos ver la estructura que la sostiene, consecuentemente, la meditación o el cultivo de estados de conciencia alterados, no son los mejores caminos para integrar la sombra y trascender el ego.
Para tener una perspectiva objetiva de nosotros mismos necesitamos los ojos de otros; necesitamos superar el subjetivismo en el que estamos atrapados y contemplarnos desde la zona 2, como Wilber denomina a la perspectiva que nos permite ver nuestro interior pero desde fuera. Solo entonces podremos situarnos correctamente y trascender, o no, la identificación inconsciente en la que estamos.



Llevar a cabo ese trabajo, asumir esa responsabilidad, requiere de horas de estudio y mucha paciencia; solo una mente abierta e inquisitiva tendrá el coraje de contrastar sus puntos de mira ante perspectivas mas amplias y elevadas. Se trata de mantener un compromiso inteligente con el mundo de las formas, porque las formas evolucionan y si nos quedamos atrapados en las experiencias cumbre, podemos llegar a estar muy iluminados –horizontalmente- pero fijados en niveles muy bajos, -mágicos, míticos o arcaicos- de desarrollo estructural.
Para crecer como seres humanos, para evolucionar realmente, hemos de estar dispuestos a hacer el esfuerzo heroico, y cito otra vez a Cohen, de interpretar nuestras experiencias espirituales desde un nivel de desarrollo superior al que constituye nuestro centro de gravedad; solo así podremos reconocernos y, consecuentemente, retomar el impulso evolutivo, el Eros, que, naturalmente nos exigirá mas. Creo que aquí, a modo de ejemplos, puedo hacer un inciso y compartir algunas de las experiencias que solo estudiando a Wilber he podido ubicar correctamente y que probablemente algunos de ustedes compartirán. Pacientes con serios problemas emocionales a quienes, para mi sorpresa, sus guías espirituales desaconsejaban la terapia y los animaban a solo meditar. En el otro extremo, mi sorpresa ante un amigo y maestro de meditación Zen, un experto en estados superiores de conciencia pero a todas luces inconsciente de propia estructura de personalidad sexista y autoritaria. Dice Cohen, “Para aquellos raros individuos que han ganado finalmente la confianza en la Iluminación, ¿habrá espacio todavía para lo que no saben? ¿Estará presente todavía la tan importante humildad? ¿O se hallarán atrapados en un de los lados de la paradoja, siendo ahora solo aquel que sabe?.”

Para terminar quiero apuntar, aunque brevemente, lo que Wilber dice con respecto al nivel de desarrollo en el que se encuentra la espiritualidad de la nueva era, el meme verde como lo llama él. Wilber, para variar, da caña. Nos hace ver que es fácil para un adulto ver que el niño se equivoca pero, si el adulto no sabe que el también se equivoca, que su visión del mundo es un mera construcción socio-cultural y sus criterios revelan un intenso color naranja, por ejemplo, el error del adulto será, por así decir, aún mayor. En otras palabras, es fácil ver la paja en el ojo ajeno; podemos mirar el mundo y desdeñar las etapas que hemos andado, pero no podemos mirar desde los niveles que no hemos alcanzado y, para saber de ellos, nos recuerda Wilber, hay que estudiarlos y, luego, para integrarlos hay que escalarlos, a saber, hay que incluirlos y trascenderlos.



Para poder vernos a nosotros mismos hacen falta un espejo y, en el caso que nos ocupa, el espejo son las etapas que aun tenemos por delante, el turquesa, el índigo, el violeta, el ultra-violeta y la luz clara. Y mientras no estemos ahí, verticalmente iluminados, el otro seguirá siendo un peligro ya que yo, es decir, ego no es otra cosa sino el sentido de uno mismo como diferente y separado.

Pero nada le resulta al ego mas doloroso que verse a si mismo imperfecto; reconocer, por ejemplo, el pertinaz narcisismo en el que los memes verdes nos salvaguardamos. La minoría que constituye la avanzadilla espiritual en el primer mundo, se caracteriza, al decir del Wilber, por mantenerse anclada en una especie de “buena conciencia”, en una concepción del mundo relativista y post-moderna que resulta muy cómoda ya que se trata de un nivel de desarrollo individualista, inteligente, culto, progresista y hasta espiritual, que nos hace sentir muy bien. No ha sido fácil llegar a esta “feliz” etapa del desarrollo y, sin embargo, es precisamente ese logro, nuestra “buena-conciencia”, lo que nos impide vernos realmente. Ese desconocimiento, la ignorancia de nuestra propia estructura mental, del nivel de desarrollo en el que nos encontramos, nos bloquea el camino y nos impide avanzar. (¿Quién, teniéndose por alto y guapo, querría mirarse en un espejo que lo refleja feo y enano? ) Los memes verdes, afirma Wilber, estamos tan seguros de que nuestra visión es la buena que hemos perdido toda perspectiva; en nombre de la igualdad rechazamos el importantísimo concepto de jerarquía –la autoridad nos horroriza, por ejemplo- y desde un cómodo pluralismo abdicamos de toda responsabilidad.
Somos proclives a confundir la buena conciencia con la verdad y, consecuentemente, es nuestro bienestar el que dicta las normas. El ego narcisista se caracteriza por sentirse bueno, pensar lo correcto, hacer lo debido y no juzgar pero, y sobre todo, por eludir las sombras y el sufrimiento, por evitar el conflicto consigo mismo y negarse, en definitiva, a evolucionar.



El narcisismo es una enfermedad grave, una patología importante y, aunque el portador goce de una personalidad sana, equilibrada y hasta espiritual, sabemos que esconde un ego dolorido y manipulador que solo busca el reconocimiento del otro a fin de complacer su bien amada sensación de identidad.
Ojalá que la enorme luz que Wilber aporta en su ultimo libro sobre el cuadrante superior izquierdo, sobre la complejidad sin limites y la riqueza infinita de la conciencia, nos anime a mirarnos en ese espejo. Ojalá que esa visión nos permita ver realmente donde estamos y ese reconocimiento nos devuelva la lucidez y el coraje necesarios para participar mas activa y concientemente en nuestro propio desarrollo. “El propósito de la iluminación, dice Cohen, es llegar a ser tan concientes que, a través de nuestra participación decida, comencemos a guiar activamente el proceso evolutivo mismo. (porque ) la iluminación, puntualiza , –cuando es profunda y honda, vasta, plena y completa- es el reconocimiento, simultaneo, de la perfección inherente a todas las cosas y el incesante imperativo a evolucionar.” Pero, como hemos visto, el incesante imperativo a evolucionar no es cómodo, aflora siempre en forma de dolor, de hambre o sed; se padece como un anhelo infinito que nos impide sentirnos satisfechos y nos mantiene, en cambio, humildes, abiertos, dolorosamente expuestos a lo que no sabemos.

Y sin embargo, ese impulso, nos aclara Cohen, “no es sino el impetuoso fuego de amor absoluto en acción que se mueve en nuestros corazones y mentes como el deseo de la Liberación misma.” Desearía que esta ponencia sirviera para alentar en todos nosotros ese fuego.

Magda Catalá

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